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El desgarrador testimonio de un menor desmovilizado de las FARC

Juan, reclutado a los 14 años en Tolima, se atrevió a huir del grupo guerrillero cuando cumplió 17. Se cansó de los asesinatos dentro la estructura y de las violaciones a los derechos de las mujeres.

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Todos los días el conflicto armado deja historias aterradoras en el país. Pero aunque surgen por montones y se han convertido en parte del registro diario de los medios de comunicación, nunca dejan de estremecer. Mucho menos cuando son narradas por los propios protagonistas.

No son fáciles de contar, pero tal vez sea la única manera de superar lo que ocurrió. Así le pasó a Juan*, un joven de 17 años que se desmovilizó del frente 21 de las FARC hace unas semanas y se entregó a tropas del Ejército en el sur de Tolima.

Él no aguantó más. Desde los 14 años, cuando fue reclutado en un recóndito municipio de este departamento, le ha tocado ser testigo mudo de atrocidades que se cometen en medio de la selva. Y que, por supuesto, casi nunca salen a la luz.

Según Juan, fue llevado a las FARC cuando un subversivo encargado de las finanzas le ofreció trabajar con ellos. “Me dijo que eso era muy bacano, que uno mantenía en la sociedad civil con buena plata, buenas pistolas, y por eso yo creí. Luego en la casa que estábamos me explicaron que todo era mentira y luego dije que no me quería ir para allá (…) Y me dijo que no, que me tenía que ir. Tuve que ir con ellos”, dijo.

Desde ese momento el calvario empezó. Tuvo que presenciar situaciones que no deberían ser vistas por ningún niño, como fusilamientos a compañeros suyos y abortos obligatorios a las mujeres.

Según contó, cuando los guerrilleros no obedecían una orden o se quedaban dormidos estando en guardia, entre otros, eran llevados a un ‘consejo revolucionario de guerra’ donde los cabecillas decidían qué trato darles. Así vio morir a tres amigos suyos que fueron fusilados y, luego, enterrados en medio de la espesa vegetación.

Eso no es lo único. “Si uno tiene la compañera sentimental y la embaraza, la mujer recibe el consejo revolucionario de guerra. Puede que no la maten, pero le hacen un legrado, las hacen abortar. Cuando se alivian sí les hacen un castigo muy duro”, relató.

Esa vida lo cansó. Juan no quería seguir más en la selva y quería tener otra oportunidad. Después de conocer casos de desmovilizados que han logrado construir una nueva vida, se animó a buscar a los militares que hacen presencia en Tolima.

“En la guerrilla, a uno le dicen que si se entrega lo van a matar. Que si lo cogen a uno herido, que lo acaban de rematar ahí. Eso le dicen a uno, y si lo cogen, de una vez lo matan, no le respetan la vida”, resaltó.

Y aunque tomar la decisión no fue fácil, Juan aprovechó que le dieron un permiso y se entregó. “No quería seguir detrás de nada, sólo esperando que lo maten a uno y estar por allá sufriendo. Eso me motivó salirme de allá”, puntualizó.  

 

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