Sábado, 21 de enero de 2017

| 2009/03/03 00:00

La batalla por el trono de los narcos caídos

Después de una calma aparente y tras la ausencia de los grandes jefes del norte del Valle y el Eje Cafetero, los aspirantes a sucederlos están matándose por el control del multimillonario negocio. Van cuatro masacres en menos de un mes. Radiografía de la naciente guerra.

Luis Enrique Calle Serna, alias 'Comba'

“El cartel de esa región llegó a su fin”, dijo el director de la policía, general Óscar Naranjo.

Y sí es verdad que los capos de los ochenta y noventa, Orlando Henao, Diego Montoya, alias ´Don Diego´, Wílber Varela, alias ´Jabón´, Iván Urdinola Grajales, alias ´don Iván´, Juan Carlos Ramírez Abadía, alias ´Chupeta´, Hernando Gómez Bustamente, alias ´Rasguño´, y sus grandes organizaciones ya no están. Pero también lo es, que el monstruo del narcotráfico sigue vivo en esa golpeada región; sólo que ahora tiene decenas de cabecitas que se pelean a muerte por dominio del negocio.

Los responsables de esos ajustes, con el sello inconfundible de la mafia, son personas que al parecer tienen estrecha relación con el narcotráfico y “que sobrevivieron a la purga por la persecución de las autoridades o el exterminio entre ellos”, explicó una fuente policial, quien pidió omitir su nombre.

La primera señal violenta de ese fenómeno ocurrió el 22 de enero de este año, en la vía que une a Roldanillo con La Unión, dos pequeñas poblaciones del norte del Valle. Los torturados y ajusticiados fueron los hermanos Rafael y Alexánder Sánchez Rúa, y dos de sus escoltas. Uno de ellos, Rafael, fue noticia en agosto de 2008 al ser incluido junto a su esposa Piedad Restrepo, en la Lista de Narcotraficantes Designados del Departamento de Estado estadounidense, conocida como “Lista Clinton”. Según la Oficina para el Control de Lavado de Activos Extranjeros (Ofac, por su sigla en inglés) existen indicios de que la pareja integra la organización criminal que lidera el ex jefe paramilitar Carlos Mario Jiménez Naranjo, alias ´Macaco´, extraditado hacia los Estados Unidos el año pasado.

Una semana después de esa masacre de cuatro, y en plena fiesta del aniversario de Roldanillo, sicarios acribillaron a Héctor Fabio Urdinola, sobrino del desaparecido capo del cartel del norte del Valle, Iván Urdinola Grajales.

A esa estela criminal se sumó el doble homicidio de otros dos hermanos, Jorge Eliécer y Leonel Rivera Ramírez, oriundos de Ansermanuevo, municipio también del norte del Valle y considerado cuna de narcos como Dávinson Gómez y Albeiro Monsalve, entre otros. El crimen ocurrió hace ocho días en la vía que une a Cartago con Obando.
Horas después las acciones criminales se trasladaron hacia Pereira, Risaralda. En la vereda El Guayabo, cerca al popular barrio Cuba de la capital risaraldense se presentó una balacera que dejó como saldo tres personas muertas y una herida. Cuando entraron a la finca, las autoridades hallaron un arsenal, autos blindados con placas de Cali y Bogotá.

Puja territorial

En los cuatro episodios criminales hubo saña, torturas. Y en los cuatro se usaron fusiles AK 47.

En los pueblos de esa verde región, Bolívar, Roldadillo, El Dovio, Versalles, Zarzal, La Unión, La Victoria, Obando, Ansermanuevo, El Águila, El Cairo, Alcalá y Ulloa, la gente murmura que teme una nueva guerra, como las tantas vividas, entre mafiosos de la nueva generación.

En Cartago, cuna de narcos como ´Rasguño´, Jhon Edilber Cano, alias ´Jhonny Cano´ y Aldemar Rendón, alias ´Mechas´, entre otros, el ambiente se respira especialmente denso pues jóvenes ambiciosos se están matando por quedarse con el mando de los caídos jefes.

La pelea empezó cuando mataron a los presuntos testaferros de los otrora jefes. También resurgió la criminalidad común, esa que antes los patrones mantenían a raya. Pocos se atrevían a robar un carro, una moto o a meterse a desocupar casas. “Ahora esos delitos son comunes”, dijo un comerciante. También renacieron las extorsiones o boleteos a comerciantes, por cuenta de distintos grupos criminales.

Andrés Santamaría, Defensor del Pueblo del Valle recordó que justamente uno de sus más recientes informes de alertas tempranas trata el delicado tema del narcotráfico en el norte del Valle.

Las muertes y la inseguridad han ido anunciadas en Cartago, como en la novela de la Mala Hora, de panfletos clandestinos. Ya se habían visto en los tiempos del reinado de ´Don Diego´ y de ´Jabón´, cuyos ejércitos de Machos y Rastrojos se amenazaban y delataban por medio de volantes. Pero nunca como ahora, los panfletos habían arrastrado a tanta gente, empresarios, políticos, fiscales, jueces y alcaldes, todos son denunciados por los anónimos. Y estos ya no sólo circulan en la calle, de puerta a puerta, sino que llegan por Internet.

Las cifras oficiales de Cartago dicen que el homicidio está frenado, 117 asesinados en 2008, frente a 118 del año anterior y que incluso, este año, las cosas van mejor pues en 45 días han ocurrido 6 muertes violentas en comparación con las 20 que hubo en el mismo período del año pasado. “Estamos trabajando muy duro para bajar las tasas de homicidio”, dijo a Semana, el coronel Germán Gallego, comandante del Sexto Distrito de Policía en el norte del Valle.

El clima cartaguense sin embargo sigue espeso. A esa ciudad le tocó la maldición de estar cerca al Cañón de Garrapatas, una selva tupida bajo la cual se esconden cultivos de coca y laboratorios, y que además sirve de corredor hacia el océano Pacífico, para sacar la valiosa droga al exterior.

La huella de ´Comba´

Dicen los expertos del DAS que en este momento, el único mafioso con la capacidad financiera y militar para pelearse el dominio del negocio ilegal en el norte del Valle y el Eje Cafetero es Luis Enrique Calle Serna, alias ´Comba´ o ´Combatiente´. Y que esto explicaría, en parte, por qué uchas de las víctimas recientes han sido presuntos miembros de la organización de ‘Macaco’, quien hasta ahora se consideraba el amo y señor del narcotráfico en la región.

Las autoridades dicen que ‘Comba’ creció a la sombra de Varela, que le manejaba los cobros y su ejército privado de “Rastrojos” que ha llegado a extenderse hasta Nariño, Cauca, Valle y ahora al Eje Cafetero. Incluso se presume que fue él, junto a otros capos, quienes traicionaron a su antiguo jefe y lo mataron en enero de 2008 en Venezuela. Hace meses que ‘Comba’ figura en el organigrama oficial de los jefes del narcotráfico y ha estado en la “Lista Clinton” desde 2005.

Los investigadores de cómo se mueve el tráfico ilícito en la región dicen que como heredero del imperio criminal de Varela, Calle Serna (‘Comba’) ha colocado sus fichas en la región. En el norte del Valle y en el Eje Cafetero puso a su hermano Javier Antonio y a otro presunto narcotraficante conocido como Jaime Alberto Marín Zamora, alias ´Betto´ o ´El Mosco.

Dijo una fuente que en Pereira, ´Comba´ desató la guerra contra “oficinas de cobro” como ‘Los Chukys’, ‘La Cordillera’, ‘Los Rolos’ y ‘Los Coreanos’, y que éstas a su vez se alimentan de los jóvenes pandilleros que pululan en la ciudad. Quienes conocen bien lo que allí pasa aseguran que la violencia reciente que se vive es fruto de esta batalla entre la organización criminal conocida como la “Oficina de Envigado”, con base en ese municipio antioqueño, y lugartenientes de Calle Serna.

Esa tesis coincide con la alerta temprana lanzada a mediados de 2008 por la Defensoría del Pueblo de Risaralda, donde identifica el problema de la proliferación de pandillas como caldo de cultivo para la penetración de nuevos narcos. “La vulnerabilidad de los niños, la amenaza a líderes, el desplazamiento intraurbano y los homicidios son los puntos relevantes del informe”, señaló a Semana, Luis Carlos Leal, defensor del Pueblo de esa ciudad.

Nadie en Pereira olvida el vergonzoso episodio que enfrentó la policía hace un par de semanas, pues se descurbió que uno de los escoltas de Eisenhower Zapata, presidente del colegio de Jueces de Paz de la ciudad, era integrante de banda ‘La Cordillera’. Zapata, quien ha denunciado el fenómeno de las pandillas en Dosquebradas y Pereira, sobrevivió a un atentado criminal el año pasado.

El reciente episodio de los tres muertos en la finca de Guadalupe en Pereira, donde además se hallaron varios fusiles AK 47, es otro más de esta lucha entre mafiosos. “Esto parece un típico ajuste de cuentas entre narcotraficantes”, dijo el coronel Hoover Penilla, comandante de la policía Risaralda a un diario local.

En Risaralda, para peor, los crímenes sí van en aumento. Según los registros de Medicina Legal, subieron de 717 homicidios en 2007, a 753, el año pasado. En Pereira también hubo 95 asesinatos más el año pasado que el anterior.

Los homicidios creciendo en el Eje Cafetero, el ambiente enrarecido e inseguro de los pueblos del norte del Valle, las recientes masacres de personas probablemente asociadas al negocio millonario, llevaron al general Naranjo a lanzar una ofensiva policial sobre la región. Los resultados aún están por verse. La guerra entre sucesores está arreciando, tanto que el obispo de Pereira, Tulio Duque, aseguró que su ciudad estaban viviendo “una ola de violencia peor a la que padeció Medellín cuando estaba Pablo Escobar”.


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