Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/08/11 00:00

Una guerra perdida y sin estrategia

En medio del debate por la mayor presencia de operaciones militares de Estados Unidos desde bases colombianas, John Mario González

Una guerra perdida y sin estrategia

Si en los años ochenta el gobierno de Ronald Reagan pudo reafirmar y generar eco de su política contra las drogas para combatir un flagelo susceptible de ser aislado y atacado básicamente con la cooperación de un país como Colombia, hoy el narcotráfico ha hecho metástasis hasta convertirse en un fenómeno que arrastra sin cesar a varios países de la región hacia la inestabilidad y la violencia.

El reciente informe del United States Government Accountability Office (GAO) al Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos no sólo devela que Venezuela es uno de los países de mayor tránsito de droga en el Hemisferio Occidental, habiendo cuadruplicado la droga que transita por su territorio -de 60 toneladas en 2004 a 260 en 2007-, sino que sus funcionarios y fuerzas militares y de policía, cada vez más permisivos a la corrupción, han extendido un salvamento a los grupos armados ilegales con significativo apoyo y refugio a lo largo de la frontera.

Pero la evolución de los acontecimientos y la coincidencia de los informes dejan también al descubierto otros hechos aún más preocupantes. La política contra las drogas de Estados Unidos ha fracasado, aunque a nivel interno haya logrado mantener el control, y la batalla contra las drogas del gobierno americano responde más a la sinergia y a los diagnósticos del pasado.

Así, la lucha contra el narcotráfico está atrapada en el peor de los mundos. Mientras el presidente Obama hace un ingente esfuerzo por sacar adelante una agenda sobrecargada de prioridades y a nivel interno el problema de las drogas parece al menos controlado, la llamada estrategia contra las drogas demanda un urgente replanteamiento, por sus nulos efectos en la contención del fenómeno a nivel regional.

La concentración de la violencia asociada al narcotráfico en un sólo país es parte del pasado. Hoy esa violencia ha reproducido su estela de muerte y corroe instituciones en países como México y Guatemala. No es de extrañar que esta violencia llegue a Venezuela, siendo un país altamente polarizado y debilitado institucionalmente. Como dice el profesor Francisco Thoumi, uno de los más connotados investigadores del fenómeno del narcotráfico, "La venezolana es una sociedad cada vez más vulnerable. Con un gran conflicto social, mucha corrupción asociada al petróleo y un estamento militar fuerte, el narcotráfico es un botín fuerte."

"No me sorprendería el estallido de la violencia del narcotráfico en Venezuela, sobre todo porque lo que hace el narcotráfico es valerse de sociedades vulnerables", añade.
Pero el fracaso de la lucha contra las drogas es también evidente por la forma en que ha complejizado el conflicto colombiano. La guerra que libra el gobierno colombiano contra los grupos armados ilegales ha llevado las relaciones con sus vecinos de Ecuador y Venezuela a un nivel de crispación sin precedentes en la historia tripartita. El riesgo de que las tensiones se salgan de cauces diplomáticos y degeneren en una confrontación armada es cada vez mayor.

Nadie sensato habría imaginado un escenario como éste hace 15 años y nadie les hubiera atribuido esa capacidad de desestabilización a las guerrillas colombianas si no fuera por el financiamiento que les brinda el narcotráfico.

Si bien el gobierno colombiano, y gracias también al apoyo de Estados Unidos al Plan Colombia, ha podido aducir significativas mejoras en materia de seguridad, esos mismos logros no sólo se dieron básicamente en un periodo de ‘bonanza económica’ inusual y se han estancado en los últimos dos años, sino que en algunos casos están siendo revertidos. Curiosamente, la balanza de la guerra comienza a mostrar cifras preocupantes para el gobierno colombiano.
 
Los guerrilleros muertos en combate bajaron de 736 en el primer semestre de 2008 a 298 en igual periodo de 2009, al tiempo que los soldados y policías asesinados ascendieron de 205 a 259, lo cual demuestra que la intensidad del conflicto armado en Colombia está lejos todavía de desvanecer. Todo eso, sin contar con la violencia ocasionada por las bandas de narcotraficantes y la presencia de los dineros del narcotráfico en la sociedad colombiana en general.

Aunque el informe mundial sobre las drogas de 2009 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) recientemente resaltó la reducción del 18 por ciento de los cultivos de coca en Colombia entre 2007 y 2008, hay que subrayar que en comparación con el año 2006 y los años inmediatamente previos hasta el 2003 el área cultivada de coca en Colombia se mantiene prácticamente igual. Eso sin estimar que el rendimiento de coca por hectárea cultivada se ha incrementado significativamente. La misma UNODC reconoce que el valor de mercado de drogas en 2005 no tuvo precedentes, un dinero que se dirige cada vez más a la compra de armas.

Es por eso que la guerra contra las drogas está perdida por ahora y no parece existir una estrategia para enfrentarla. Los grandes esfuerzos del gobierno estadounidense para luchar contra el flagelo responden más al ritmo precedente de sus diferentes agencias y a directrices del pasado, pero sin un liderazgo claro.

Al respecto, el exembajador de Estados Unidos en Colombia, Myles Frechette, uno de los más agudos expertos en temas latinoamericanos, manifestó que "el Congreso de Estados Unidos ahora comprende que una gran parte del dinero del Plan Colombia no ha dado los resultados deseados. Estados Unidos va a tener que modificar su política contra las drogas, va a tener que tomar medidas serias para disminuir el consumo interno de cocaína y eso va a costar mucho dinero".

Y en esa redefinición Estados Unidos seguramente tendrá también que revisar su política hacia Venezuela y aclarar si más altos funcionarios del país sudamericano han incurrido en delitos relacionados con droga y con el apoyo a grupos terroristas. Hasta ahora los funcionarios americanos que buscan la colaboración del gobierno venezolano pecan de ingenuidad haciendo gestiones ante autoridades de menor rango o con funcionarios que incluso incumplen citas y compromisos, como lo deja entrever el mismo informe de la GAO.

La política de mano tendida del presidente Obama puede conducir, antes que alimentar la cooperación contra el narcotráfico y contra las amenazas a la seguridad, a envalentonar la retórica y libelos del presidente Chávez, mientras el narcotráfico hace de las suyas.

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