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El presidente Andres Pastrana siempre manifestó su empeño por reemplazar el Fokker F-28, identificado con la matrícula FAC-001, que había entrado en servicio durante la presidencia de su padre Misael. Pero sólo ahora, al final de su mandato, se dieron las condiciones para poder hacerlo. La conjunción de la crisis mundial de la industria aeronáutica y el retiro obligado en diciembre del aparato en mención, que en 2002 cumple 30 años de uso, posibilitaron el cambio del avión. Un proyecto que no había podido ser llevado a cabo, por el inmenso costo político que suponía, pues un amplio sector de la sociedad colombiana lo consideraba un gasto suntuoso e innecesario. Aunque, por otro lado, desde hace por lo menos una década eran más que evidentes los inconvenientes y riesgos que suponía movilizarse en esta aeronave.
La semana pasada el gobierno anunció la compra de un Boeing 757, dotado de tanques de gasolina adicionales para viajes internacionales, en 15 millones de dólares. Expertos como Juan Emilio Posada, el presidente de Avianca-Aces que fue llamado a asesorar a la Presidencia en este negocio, creen que el precio es bastante razonable si se tiene en cuenta que aeronaves del mismo tipo, o de las que han construido otras compañías para el desplazamiento de mandatarios, pueden costar entre 35 y 100 millones de dólares. El negocio se llevó a cabo en condiciones favorables para Colombia gracias a la intervención de Thomas Pickering, ex secretario de Asuntos Políticos del Departamento de Estado y actual vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Boeing. Esta compañía tendrá listo el 757 para el final del año.
Cuando éste llegue al país pasará a uso de buen retiro el vetusto Fokker 28, que ya acumuló 50.000 horas de vuelo. De los cinco aviones presidenciales con que ha contado Colombia desde 1933, dos de los cuales salieron de circulación por accidentes, el Fokker ha sido el más trajinado. Este jet birreactor sirve para movilizar al Presidente y su comitiva dentro del país, pues no tiene mucha autonomía de vuelo para hacer grandes trayectos sin escalas. En la actualidad el primer mandatario tiene que hacer los viajes internacionales en aeronaves comerciales porque el otro avión presidencial, el FAC-1201, un Boeing 707, que utilizaba para estas correrías, está prohibido en la mayoría de aeropuertos del mundo, por los altos índices de contaminación auditiva que produce. Por eso la Presidencia dejó de utilizarlo en misiones diplomáticas, pues en cada gira se exponía a tener que pagar multas para poder aterrizar y despegar.
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