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| 10/5/2009 12:00:00 AM

Agua para los ricos

De la Sierra Nevada bajan una docena de ríos que bañan la Zona Bananera, pero a medida que crecen los cultivos de palma y se acentúan los fenómenos climáticos de efecto invernadero, comienza a escasear el agua. El riego por aspersión es una alternativa para un mejor uso contra el riego por gravedad, el problema es que no todos pueden tener este sistema

Los cultivadores de palma samarios, con contadas excepciones, no quieren hablar del tema. Se sienten satanizados y reprochan a los medios la estigmatización a la que los han sometido por el hecho de haber resultado beneficiarios del programa Agro Ingreso Seguro del Ministerio de Agricultura que establece estímulos a la producción agrícola.
 
En su mayoría son familias con grandes extensiones de tierra dedicadas al cultivo y a la ganadería, y tienen, en el caso de las distintas ramas de las familias Vives Lacouture, poder político, algunos de los cuales se han visto envueltos en escándalos por diversas razones. Otros han diversificado sus actividades productivas con inversiones en sectores como el portuario, carbón, inmobiliario y turístico.

Tal y como quedó planteado el tema a raíz de la denuncia de la revista Cambio, sienten que los han presentado como unos empresarios agrícolas advenedizos y oportunistas cuyos proyectos fueron seleccionados gracias a la capacidad de influencia que tienen en las altas esferas del Gobierno Nacional, a la que no tienen acceso los pequeños y medianos agricultores y por eso ellos lograron los multimillonarios recursos que ofrece este programa enmarcado en una política pública definida por el mismo gobierno como una estrategia para promover la productividad y competitividad, reducir la desigualdad y preparar al sector para enfrentar el reto de la internacionalización de la economía, al tiempo que auspicia un ordenamiento territorial y fomenta la ‘empresarización’ del campo.

Estas familias, por cualquiera que sea el motivo, tienen una larga tradición de tres y cuatro generaciones de propietarios de fincas dedicadas al cultivo de banano, cría y levante de ganado y en la actualidad al cultivo de la palma. Es decir, como ellos sostienen, no son advenedizos ni ingresaron al programa para beneficiarse de unos recursos coyunturalmente. Se preguntan si acaso los ingenios azucareros del Valle del Cauca, Manuelita y Mayaguez, no mencionados hasta ahora por ningún medio, ¿sí tienen derecho y ellos como son bananeros y palmicultores no lo tienen? Además, se declaran uribistas y partidarios de una tercera reelección.

SEMANA estuvo en los corregimientos de Tucurinca, Guamachito, Sevilla, Ríofrío y Pueblo Viejo del municipio Zona Bananera, donde se ubican 19 de los proyectos que resultaron beneficiados. Después de consultar diversas fuentes surgen varias conclusiones: las mejores tierras están en pocas manos, existen muy pocos pequeños propietarios, Zona Bananera es un municipio habitado mayoritariamente por obreros agrarios empleados de las plantaciones bananeras y de palma. Esa estructura de tenencia de la tierra en pocas manos acentuada durante décadas, propicia que quienes tienen más, tienen más capacidad para presentar proyectos y acceder a los recursos.

Miembros de las familias Vives y Dávila consultados por SEMANA, sostienen que cada vez que estalla un escándalo de esta naturaleza ellos prefieren guardar silencio y no dar explicaciones, porque de antemano han sido condenados, pero que son empresarios agrícolas que acuden a los mecanismos que ofrece el gobierno para estimular la producción agrícola como cualquier otro colombiano. Se definen como las familias estigmatizadas. Pero, agregan, no resulta fácil ganarse una convocatoria de este tipo, pues hay que cumplir con unos requisitos como tener tierra, presentar un proyecto con especificaciones muy técnicas que debe ser calificado y una vez seleccionado hacer un copago mínimo del 20 por ciento de los recursos que entrega el Gobierno Nacional.
 
Algunos de los empresarios aportan hasta el 40 y 50 por ciento del valor del proyecto.
Una de las críticas que se le hace al programa de incentivos es que los recursos hayan terminado en manos de estas poderosas familias que han demostrado que cuentan con recursos propios ellos podrían haber realizado su inversión y como consecuencia de lo anterior los beneficios no los hayan recibido los pequeños y medianos propietarios agrarios a quienes debió dirigirse la política. Una segunda inquietud es si con la construcción de los distritos de riego se generaron nuevos empleos o se perdieron. Y finalmente, ¿cuál sistema de riego es más conveniente, por gravedad o por presión?

El paraíso perdido

A lo largo de la carretera que de Santa Marta conduce a Tucurinca, una docena de ríos bajan de la Sierra Nevada. Ríos grandes como el Córdoba, Río Frío, Sevilla, Tucurinca y Aracataca, entre otros, riegan cada vez con menos fuerza las llanuras antes de desembocar en la Ciénaga Grande de Santa Marta. Algunos, en las partes bajas, presentan problemas de sedimentación por la deforestación en la parte alta de las cuencas y contaminación por el arrastre y vertimiento de residuos químicos usados en la producción agrícola.

Prado – Sevilla, dos corregimientos que están unidos, es la cabecera municipal de la Zona Bananera, donde estuvo ubicado el campamento de la United Fruit en la que vivían los directivos de la compañía bananera norteamericana en los años veinte del siglo pasado. Este corregimiento es una especie de paraíso perdido donde se siente el peso de la humedad y el silencio bajo la inmensidad de la sombra que brindan los descomunales mangos, cauchos y almendros que alcanzan alturas superiores a los treinta metros y cubren como un gran techo verde las amplias calles y las enormes residencias con antejardines en las que hoy viven la segunda y tercera generación de los antiguos empleados de la multinacional.

Zona Bananera es uno de los municipios del Magdalena que junto con Santa Marta, Ciénaga, El Retén, Aracataca y Fundación fueron los principales productores de banano y son en la actualidad grandes productores de palma africana. Magdalena y Cesar son los principales cultivadores de palma en la costa Caribe. De acuerdo con información de Fedepalma en 2007 había 97.881 hectáreas cultivadas, de las cuales 63.153 estaban en producción y 34.728 en desarrollo, que después de dos años pueden estar produciendo una gran parte de ellas. Aunque no existe hoy una dato exacto de los nuevos cultivos de los años 2008 y 2009, se calcula sólo en Magdalena habría más de 35.000 hectáreas de palma, localizadas principalmente en los municipios anteriormente mencionados. La producción del Cesar es superior.

El recorrido entre Santa Marta y la zona bananera puede tardar entre una hora y dos en un bus intermunicipal. A lado y lado de la carretera, se encuentran las plantaciones de banano, que cada vez son menos, pues sus propietarios están abandonando el cultivo de banano por el cultivo de palma que es menos delicado en el mantenimiento y requiere menos inversión y mano de obra. El paisaje se va poblando de palma mientras desparece el cultivo de banano. También hoy, hay cada vez menos fincas ganaderas.

Cuatro proyectos
La única familia que respondió las llamadas de SEMANA para hablar sobre la estinación de los recursos obtenidos en el concurso, fue la familia Dávila Abondano, que designó a un vocero. También accedió a hablar Nelson Vives Lacouture, socio de Inversiones Santa Inés y C.I. Palomino S.A., quien se encontraba en la finca Chile de J. Mercado. Mientras que de parte de la familia Dávila Jimeno y Dávila Fernandez De Soto, no respondieron las llamadas.

SEMANA estuvo en las fincas la Fidela, La Lucha y La Patagonia de Alfredo Lacouture Dangond en Tucurinca, beneficiario del programa al presentar un proyecto de riego por valor de 480 millones de pesos. La familia Lacouture Pinedo recibió recursos para otras propiedades por valor de 2.406 millones en cabeza de los hijos y de la sociedad Comercializadora Internacional El Roble S.A. en Pueblo Viejo. Semana intentó de manera infructuosa obtener un pronunciamiento de la familia Lacouture Pinedo, de los directivos de la empresa y del propio administrador. En el predio visitado fue construido un sistema de riego por aspersión y está en construcción otro, pero se destinará para riego de pastos para cría de ganado. Alfredo Lacouture, dice su sobrino Nelson Vives Lacouture, palmero también, es cultivador de palma desde hace 40 años. En esta finca hay 20 empleados, entre tractoristas (2),vaqueros (5), mantenimiento(4), servicios generales, un capataz, un administrador y una secretaria. Los especialistas en administración agropecuaria dicen que mientras una finca para cría de ganado emplea una persona por cada cincuenta hectáreas, en palma se necesita uno por cada diez hectáreas.

En otros dos predios visitados, finca La Margarita de la sociedad La Almaja, de una de las ramas Vives Lacouture, sobrinos de Lacoutute Dangond, y el predio Patuca de la sociedad Orlandesca S.A. de la familia Vives Prieto, también se construyeron los proyectos de riego aprobados. En la primera por valor de 406 millones de pesos y la segunda dos convocatorias por 764 millones de pesos. Estas familias comparten la administración en una vieja edificación en Guamachito que data del abuelo común -el patriarca Don Pepe Vives, entregaron la siguiente información: la finca Olga Isabel tiene una extensión de 200 hectáreas, 20 empleados, de los cuales cinco administrativos y doce cosecheros y tres cuidanderos o vigilantes. En esta finca el lote más viejo de palma tiene 25 años y el promedio de producción es de 24 toneladas de racimos de corozo de palma por hectárea anualmente, pero esperan aumentar a treinta hectáreas gracias al riego por aspersión.

Una tercera finca visitada fue Chile, en Tucurinca, de la sociedad J. Mercado y Cia S.C.S. En ella se encontraba la coordinadora del programa AIS en Magdalena quien estaba realizando una inspección a varios predios después de estallar el escándalo, pero dice tener informes del seguimiento realizado a cada proyecto desde que fueron aprobados.
 
La funcionaria estaba acompañada por Nelson Vives Lacouture, palmicultor, con quien había estado visitando varias fincas, y también los acompañaba un equipo de periodistas y camarógrafos del ministerio que estaban recogiendo testimonios y pruebas de los proyectos. El ejecutor de éste proyecto de 112 hectáreas, por valor de 598 millones, de pesos fue la firma Agrodinco. SEMANA habló en Santa Marta con el ingeniero agrícola Mauricio Álvarez, quien dijo que sólo en tubería el riego por aspersión de la finca Chile consumió 92.000 metros de pvc de diferente grosor, a lo que hay que añadir que tuvieron 40 personas empleadas de manera directa durante los siete meses que duró la construcción del sistema de riego, a quienes tuvieron que capacitar para poder adelantar las obras. Si bien el gobierno aportó 598 millones no reembolsables, el sistema de riego por aspersión terminó costando trescientos más, pues las acometidas eléctricas no están contempladas en el incentivo. Es decir, el costo por hectáreas es de siete millones quinientos mil pesos. Este predio se regaba por gravedad y como tendrá mayor productividad demandará más mano de obra, pero esperan recuperar la inversión en tres años.

El vocero del grupo Davila Abondano (Daabon), explicó que con los recursos obtenidos desarrollaron dos proyectos en Camarones, Ríohacha, Guajira, y mediante una presentación mostraron las inversiones realizadas. Uno fue de banano orgánico de 112 hectáreas por el cual recibieron 480 millones de pesos y ellos dieron una contrapartida de 120 millones de pesos. Pero el total de la inversión para éste proyecto, según el vocero, fue de cuatro mil quinientos millones de pesos, generando durante la construcción de la obra 60 empleos directos durante siete meses y 112 empleos permanentes, confirmando que por hectárea en el cultivo de banano se requiere una persona. Y para el proyecto de palma recibieron un aporte de AIS de 410 millones y Daabon aportó 103 millones de pesos. En este caso se generaron 45 empleos durante la construcción y 25 de manera permanente. Los recursos no son manejados por los beneficiarios sino por una fiducia que hace un seguimiento y desembolso de acuerdo con el avance de las obras.

Los propietarios de las fincas cuyos proyectos fueron seleccionados, son propietarios no sólo de tierras, todas las familias tienen -en alianza con otras sociedades- también productoras de palma, centros de acopio, despulpadoras, plantas de producción de aceite de palma y toda la infraestructura técnica y humana para comercializar y exportar los productos derivados de sus cultivos. En algunos casos manejan toda la cadena productiva, desde el cultivo hasta la exportación. Es el caso de los hermanos Dávila Armenta propietarios de Padelma, una planta extractora en la vereda La Carretera, de Frupalma de la familia Vives Lacouture, ambas en Zona Bananera, así como los proyectos de la familia Dávila Abondano que tiene sus propias plantas despulpadoras y procesadoras.

El vocero de la familia Dávila explicó a SEMANA que en la actualidad el grupo tiene proyectos asociativos con comunidades étnicas de la Sierra Nevada y con campesinos en los departamentos de Bolívar, Cesar, Magdalena y Guajira en cultivos como el café, la palma y el cacao. Que no han hecho asociaciones con pequeños cultivadores de banano porque es un cultivo muy difícil, pero con quienes lo han hecho es precisamente en busca de poder ayudarlos en la elaboración y formulación de los mismos. En la actualidad desarrollan 11.900 hectáreas con una inversión de 36 mil millones, de los cuales 3.600 son de cooperación internacional, 1.300 de los campesinos, 2.800 del grupo
Daabon y 10.500 millones de pesos del programa de Incentivos a la Capitalización Rural.

 
El banano desparecería
Pero también existen asociaciones de palmicultores, como Asopalmag, que tiene 206 asociados entre pequeños y medianos productores que presentaron varios proyectos pero sólo resultaron beneficiados con dos proyectos que suman 34 hectáreas. Se consideran pequeños aquellos con predios de nueve y once hectáreas y medianos los que tienen más de cien y no más de doscientas. Aunque la Zona Bananera es una zona de biocultivo (palma y banano priman sobre los demás), y es rica en producción de una gran variedad de frutales, existe la preocupación de que los estímulos que están ofreciendo para cultivar palma acaben con la cultura del banano que se ha sostenido durante más de cien años, que además es base de la dieta nutricional. Y los que terminan desertando son los pequeños productores por problemas fitosanitarios y cambiarios. El banano dejó de ser rentable por los altos costos de producción. Y si a ello se le agrega que muchos tienen la ilusión de ingresar a la producción de palma para participar en el mercado de combustibles con el biodiesel, la sostenibilidad del banano en la zona está en riesgo.

A partir del año 2000 comenzó a disminuir el total de hectáreas dedicadas al cultivo del banano, que para entonces ocupaba doce mil hectáreas y hoy se ha reducido a 7.600 hectáreas dedicadas a la producción de éste cultivo con una consecuente disminución de ocupación en mano de obra, pues mientras el banano emplea a un hombre por hectárea, la palma emplea a uno por cada diez. Pero así como el banano tiene beneficios en la generación de empleos, también demanda más agua (el 85 por ciento de la mata de banano es agua), la inversión es mayor, la rentabilidad es menor y el comercio internacional entraña riesgos que limitan las posibilidades de asociación.

El problema es el agua
El principal problema del productor agrícola es el agua. Y en la zona bananera, desde Santa Marta, pasando por Ciénaga, Zona Bananera, El Retén y Aracataca, la expansión de la frontera agrícola está condicionada por la escasez de agua, a pesar de que de la Sierra Nevada bajan una docena de ríos. Como consecuencia, entre los cultivadores se han presentado enfrentamientos por el uso de los acuíferos. Los predios que se encuentran en las partes medias y bajas de las cuencas padecen por escasez o interrupciones abruptas porque quienes se encuentran en los predios de las partes altas de las vertientes, desvían el curso de las aguas sin control, a pesar de que se han constituido asociaciones de usuarios para la cuenca de los ríos Sevilla, Tucurinca y Ríofrío, bajo el control de Corpamag.

Mauricio Álvarez, ingeniero de la firma Agrodinco, especialista en el diseño, interventoría y construcción de instalaciones agropecuarias, una empresa con sede en Santa Marta y Villavicencio, sostiene que el principal problema de los cultivadores en la costa es el agua, porque a medida que disminuye el caudal de las cuencas también ha habido un incremento en la cantidad de tierra cultivada. En primer lugar, dice, el riego por gravedad tiene como ventaja su bajo costo, pero requiere de mucha agua y la eficiencia es de apenas el 12 por ciento. Si se toman cien litros se pierde el 85 por ciento y el cultivo sólo termina capturando 12 o 15 litros en el mejor de los casos.

Las alternativas son los sistemas de riego a presión con dos propósitos: mejorar la productividad y hacer un uso más eficiente de las fuentes hídricas. El más eficiente es el goteo porque da la cantidad exacta. Esta empresa comenzó hace tres años en Santa Marta con tres personas y hoy tiene 70 empleados entre profesionales (16), topógrafos (10) y otras 40 en trabajo de campo con presencia en todas las zonas palmeras del país.
Álvarez dice que si un palmicultor siembra sin riego, puede cosechar 12 toneladas por hectáreas anualmente; si riega más o menos, puede producir 18 toneladas; si riega por gravedad, puede alcanzar una producción de 23 toneladas y si lo hace por los sistemas de riego a presión alcanza una producción de 34 y más toneladas por hectárea anualmente, algo a lo que aspiran todos pero no lo logran. Una palma necesita 350 litros diarios, que se pueden obtener por aspersión o goteo. Si no se le da a la palma esa cantidad no se muere, pero no produce, se estresa y el racimo se convierte en flor masculina, sólo polen. Y mientras por presión se puede regar todos los días, por gravedad hay que hacerlo cada quince días. Es decir, probadas las bondades del sistema, lo ideal sería que se construyeran más sistemas de riego en beneficio de pequeños, medianos y grandes agricultores.

Eugenio Cussa, presidente del distrito de riego de Tucurinca dice que la asociación tiene 321 predios que pertenecen a 191 usuarios afiliados, riegan 7.214 hectáreas de las cuales el 95 por ciento están sembradas de palma, y el resto banano, pan coger y ganadería. Aunque algunos de los afiliados pagan y la asociación a la vez le paga a la Corporación Autónoma del Magdalena (Corpamag) por el agua que utiliza, son más los que no pagan, pues 11.200 hectáreas de palma no están afiliadas al distrito, utilizan el agua sin control drenando los ríos y las fuentes por bombeo y no pagan un peso a nadie. La asociación tiene problemas porque factura al año 800 millones de pesos y en la actualidad tienen una cartera de tres mil millones de pesos. En éste distrito el 80 por ciento de la tierra está en manos de unos pocos usuarios, es decir existe concentración de tierra en unos pocos. El señor Cussa también defiende los sistemas de riego a presión pues son un 90 por ciento más eficiente.

Los dos cultivos tienen diferencias que van desde el monto de la inversión, la cantidad de agua demandada y el número de plantas por hectáreas. Una hectárea de banano tiene 1.650 plantas y una hectárea de palma son 143 palmeras con una vida útil que puede ser de treinta años si recibe el mantenimiento adecuado. Una de las razones por las cuales los bananeros están abandonando el cultivo es porque es muy exigente en mano de obra y capital.

Si en departamento Magdalena hay 35.000 hectáreas dedicadas al cultivo de palma y por cada diez hectáreas se emplea a una persona se puede concluir que hoy hay tres mil quinientos empleos directos. Si sólo en Zona Bananera disminuyó el total de hectáreas cultivadas de banano de 12.500 a 7.600, es decir 4.900 hectáreas menos, y en este cultivo se emplea un hombre por cada hectárea, se puede decir que sean perdido cuatro mil novecientos empleos en nueve años

La frase, ‘¡Carajo!, Macondo está rodeado de agua por todas partes’, exclamada por el incrédulo José Arcadio Buendia ante su aterrizada mujer Úrsula, al darse cuenta que no podía llegar al mundo donde estaban ocurriendo tantas cosas, parece estar llegando a su fin. El agua comienza a escasear y la mejor manera de utilizarla sería facilitando el riego a presión, pero mientras unos pueden acceder a los recursos que ofrece el gobierno porque cuentan con las herramientas para elaborar los proyectos, otros se ahogan en el intento.
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