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| 10/14/2008 12:00:00 AM

Corte exige atención debida a niños desplazados

La Corte Constitucional aprieta tuercas para que en seis meses el Estado tenga un plan para mejorar la vida de los niños y adolescentes que tuvieron que abandonar sus tierras como consecuencia del conflicto colombiano.

Más de la mitad de los desplazados del país son menores de edad. Las causas del éxodo de un millón de adolescentes y niños son varias. Ellos y sus madres son la mayoría de los sobrevivientes de los episodios violentos, pero deben huir de su tierra para protegerse. Sus madres los sacan de una región donde guerrillas o paramilitares intentan reclutarlos. Y en algunos casos también, huyen con sus familias cuando su región ha sido sembrada de minas antipersonales y ya no pueden corretear por ahí, sin correr el riesgo de caer en una.
 
Las dificultades por las que pasan los menores desplazados se incrementan más cuando el Estado o los planteles educativos a los que pueden asistir no ofrecen suficiente apoyo. Al respecto –dice la Corte- se ha notado una respuesta estatal insuficiente.

Por eso, emitió el auto 251 de 2008, que adopta varias medidas para la atención de los pequeños desplazados. El primero es que se atiendan las áreas críticas que afectan la vida de los menores que dejaron sus viviendas como consecuencia del conflicto. Y debe tener listo un plan para dentro de seis meses que empezaron a correr desde el pasado 6 de octubre.

Segundo, deben hacerse 15 proyectos piloto en distintas ciudades y poblados del país que solucionen los problemas a que se enfrentan los niños y adolescentes desplazados. Cada uno de los proyectos debe diseñarse en máximo dos meses, que empezaron a correr el pasado 6 de octubre también y de tal forma que su ejecución se inicie a más tardar dos meses después de tener listo el proyecto.

Las experiencias obtenidas en estos pilotos deben implementarse más adelante en todo el país.
 
Infancia infeliz

La Corte Constitucional estudió los diferentes casos y llegó a la conclusión de que a pesar de sufrimiento y su vulnerabilidad, los niños, que según la definición de Unicef es todo menor de 18 años, son víctimas invisibles para las autoridades y para la sociedad.

Un ejemplo claro de que a nadie parece importarle su suerte es la facilidad con que son reclutados por los grupos armados, sin que autoridad alguna lo evite. Esa es una de las  principales causales de desplazamiento, y es tan crítico, que organismos humanitarios han calculado que hoy puede haber entre 11.000 y 14.000 menores de edad militando en las filas de algún grupo ilegal.

Pero quienes no son reclutados tampoco es que dejen de sufrir.  Según explica la Corte en su reciente fallo, los grupos ilegales les imponen estrictos códigos de conducta,  y los amenazan constantemente de muerte si fallan.

En esa vida de temores y huidas constantes, los niños temrinan siendo violentados además por sus "jefes" armados o por su propia familia desesperada.  Según la investigación de la Corte, suelen ser víctimas de violencia familiar o sexual, de explotación laboral o sexual, de ser utilizados como actores de comercios ilícitos, de trata, secuestro, venta, mendicidad, vida en la calle, consumo de drogas y de pandillas.

Esos peligros, los miedos, el hambre y la enfermedad son la rutina de los niños y adolescentes desplazados por el conflicto colombiano. De acuerdo con cifras presentadas por la Corte Constitucional, al menos 26 de cada 100 niños desplazados menores de 5 años, estaban desnutridos.

“La falta de acceso a alimentos suficientes por parte de niños, niñas y adolescentes en situación de desplazamiento se debe primordialmente a la incapacidad o imposibilidad de sus grupos familiares y de cuidadores de acceder a recursos materiales suficientes para comprarlos. Más aún, se ha reportado por diversas fuentes que hay niños desplazados que sólo comen en las escuelas o gracias al apoyo prestado los días hábiles por los comedores del Icbf o de otro tipo de organizaciones”, dice la Corte Constitucional.

Por eso, los niños desplazados suelen sufrir enfermedades prevenibles,  como las diarreas, enfermedades respiratorias, que terminan convirtiéndose en infecciones, enfermedades en la piel o virus que se pueden prevenir con vacunas. Las víctimas de estos males suelen ser niños menores de 2 años.

Además de la mala alimentación, empeoran su salud las pésimas condiciones de higiene, saneamiento básico, hacinamiento y servicios públicos de los lugares de asentamiento. La falta de vestido, implementos de aseo y hábitos de limpieza personal, ayudan a que las enfermedades se propaguen.

Con esas condiciones de salud y alimentación, no pueden recrearse porque no tienen las suficientes energías para hacerlo, dice la Corte. Además, como los ponen a trabajar desde muy niños nunca pueden jugar. Y si llegaran a tener energías y no fueran sometidos a trabajar, las condiciones de seguridad de los lugares de asentamiento se convierte en otro impedimento para que salgan a recrearse .

El poco espacio de juego sería la escuela. Pero las estadísticas hablan de que cerca de la mitad de personas menores de 18 años desplazadas está por fuera de las aulas por “falencias en los sistemas de medición de la demanda y de registro y monitoreo de las actuaciones efectivamente emprendidas, barreras de acceso planteadas por el sistema educativo mismo, que incluyen costos de ingreso, exigencia de documentos y otros obstáculos indirectos, dificultades derivadas de la distancia física entre los planteles educativos y los lugares de asentamiento, y factores socioculturales derivados de la desinformación y la escasa valoración de la educación por parte de las familias y cuidadores de los menores de edad en situación de desplazamiento”, según comprobó la Corte Constitucional.

Y los pocos que logran acceder a la educación, suelen desertar porque las familias no pueden sostenrlos, Y otros dejan la escuela porque los otros niños o los profesores los discriminan o maltratan por ser desplazdos.

Todo eso desemboca en graves problemas sicosociales de los niños y adolescentes desplazados. La exposición constante al miedo, el despojo, el hambre, la enfermedad, la discriminación, la estigmatización en los lugares a donde llegan a vivir tras su desplazamiento, la desadaptación, el desarraigo y el choque cultural,  se crean seres aislados de las demás personas, desconfiados, tristes y muchas veces, agresivos.



 
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