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| 10/22/2008 12:00:00 AM

La encrucijada de los indígenas

Las tierras que reclaman los indigenas están en el cruce de caminos de muchos intereses. Cañeros por un lado y narcos y guerrillas por el otro, todos sacan provecho de sus territorios ancestrales. Análisis.

En una alocución televisada el presidente Uribe admitió este miércoles que la Fuerza Pública sí disparó contra los indígenas del Cauca, en el sector de La María, que preparaban una marcha en dirección a Cali. El video que publicó horas antes de la alocución, el canal de noticias CNN, que mostró a un policía disparando, fue la evidencia que dejó sin piso el reiterado argumento del gobierno de que la Policía no había disparado contra la minga indígena que comenzó el pasado 11 de octubre y que ya deja 3 muertos y varias decenas de heridos.

El Primer Mandatario estaba visiblemente molesto, y su discurso enfatizó en que había sido mal informado, como cuando en la Operación Jaque que dio la libertad a 11 secuestrados tuvo que admitir que al menos uno de los militares utilizó emblemas de la Cruz Roja, actuación proscrita en los protocolos internacionales del derecho humanitario. “Aquí no puede haber mentiras ni puede haber verdades a medias. Eso es lo que nos preocupa”, dijo Uribe.

El patrullero Jhon Prieto Vásquez, según dijo el Presidente admitió haber disparado contra los manifestantes “porque los estaban atacando con explosivos”. A pesar del reconocimiento de la responsabilidad de la Policía, Uribe argumentó que los informes de Medicina Legal indicaban que los indígenas murieron por “explosivos terroristas”. También dijo que en los últimos días 32 policías han sido heridos y que a uno de ellos los explosivos le mutilaron las manos. 
 
Lo que pasa en el Cauca

La marcha de al menos doce mil indígenas que salieron desde Piendamó hacia Cali, y otros municipios del Cauca,tuvo que ser suspendida temporalmente, pues en hechos confusos resultaron muertos dos campesinos. Sin embargo, los indígenas planean llegar este fin de semana a Cali, Valle. Allí seguramente se fusionarán con la gran movilización anunciada por la Central Unitaria de Trabajadores, CUT y los cinco mil corteros de caña de azúcar que desde el pasado 15 de septiembre están en huelga para exigirle a los trece ingenios donde trabajan  en Cauca, Valle y Risaralda, mejores condiciones laborales.  

Pocos entienden por qué Cauca es el epicentro de tantas manifestaciones de protesta de las comunidades indígenas. Lo primero que se debe saber es que el 20 por ciento del millón 200 mil  habitantes de ese departamento pertenecen a 108 cabildos de diversas etnias. Por años el hombre blanco los expulsó de sus tierras ancestrales, y hoy reclaman propiedad sobre 230.000 hectáreas.

Desde 1991 los diversos gobiernos han firmado una decena de acuerdos de los cuales el más avanzado es el de la hacienda El Nilo, en Caloto, Cauca. Allí hubo una masacre de 20 miembros de la comunidad Paez asesinados por hombres blancos con ayuda de la fuerza pública.

El caso fue investigado por la Comisión Internacional de Derechos Humanos lo que ayudó a que el tema se resolviera de manera amistosa con el gobierno de la época. La propuesta incluía la entrega de 15.663 hectáreas de tierra. Pero 17 años después del acuerdo, aún faltan por entregar cinco mil hectáreas y aunque el gobierno actual mostró interés en resolver el problema, la solución aún no llega.

Por ese incumplimiento, es que este año la emblemática finca La Emperatriz, localizada en Caloto, Cauca, ha sido ocupada en 30 oportunidades. Esas acciones causaron la intervención de escuadrones antimotines y la muerte de al menos dos indígenas en confusos hechos. El gobierno explica que no ha adquirido las tierras que aún le debe a los indígenas porque los precios subieron demasiado. Ahora, y después de las protestas, el presidente Álvaro Uribe ordenó que de todos modos se compraran las tierras.

Caña, guerrilla y narcos

Pero ese no es el único tropiezo. Resulta que buena parte de las tierras que reclaman los indígenas, forma a su vez parte de las 90 mil hectáreas sembradas de caña de azúcar, que abastecen a los ingenios que hoy producen biocombustible y donde los trabajadores están en huelga. Entre estos ingenios, está Incauca, de la organización Ardilla Lülle, uno de los grupos económicos más grandes del país. Por eso los líderes de los cabildos indígenas dice que el gobierno no responde a sus exigencias porque favorece primero a los grandes intereses económicos.  

La versión del gobierno y de la fuerza pública es bien distinta. Dice la versión oficial que el interés de los indígenas de buscar la propiedad de esas tierras ha sido aprovechado por la guerrilla que quiere controlar esos territorios del norte del Cauca, pues le significaría asegurar un corredor de movilidad clave entre las montañas y el mar.  Inteligencia militar ha producido informes consultados por SEMANA, en los que se asevera que los guerrilleros ´'Sargento Pascos', 'Matías', y 'Pacho Chino', del frente 6 de las Farc infiltraron las protestas pasadas que bloquearon la carretera, aprovechando la ingenuidad de los indígenas que marchaban.
 
Esa hipótesis se apoya en documentos que el Ejército dice haberle incautado a milicianos en operaciones desarrolladas en la región. En esos papeles se plantea la lucha ideológica a través de los propósitos de los pueblos indígenas. También dicen las autoridades que han interceptado comunicaciones de guerrilleros, dando instrucciones sobre cómo realizar manifestaciones y que han recogido testimonios de guerrilleros indígenas que se desmovilizan que reiteran la versión.

La parte que no calza de las teorías oficiales es que son precisamente las comunidades indígenas del Cauca las que han sido más críticas de los actores armados, han dado ejemplo al país por su resistencia civil pacífica a los intentos de tomas guerrilleras a varias poblaciones caucanas. Sus líderes han ganado el Premio Nacional de Paz por su coraje y su decisión de resistir no solamente a los crueles métodos de la guerrilla que les han dejado varios muertos, sino también las persecuciones de paramilitares y narcotraficantes.
 
Entonces no se entiende cómo líderes tan avanzados políticamente puede ser sujetos  de fáciles manipulaciones por parte de la guerrilla, y estén exigiendo tierras, sólo para abrirle corredores estratégicos a las Farc. La estigmatización y el desconocimiento del movimiento indígena por parte de la fuerza pública, en cambio, sí puede dar lugar, a abusos y violaciones a los derechos humanos, como en efecto, lo han denunciado los líderes indígenas.  
 
Es cierto, sin embargo, que esta región no hay blancos y negros, y en medio de las legítimas protestas y la confusión de las movilizaciones masivas, los violentos de todos los pelambres aprovechan para hacer su agosto. 

No hay que olvidar que en esos mismos territorios, también han tenido su asiento las más temibles organizaciones del narcotráfico. Allí,  a sangre y fuego,  se hicieron al dominio territorial Los Rastrojos, apéndice criminal de la organización que lideraba el capo Wilber Varela, alias ´Jabón´, asesinado en Venezuela. Las autoridades en varias oportunidades han encontrado laboratorios o insumos en territorios indígenas, y a pesar de que las organizaciones indígenas han expresado su rechazo cultural  y político al narcotráfico, pues su saldo siempre es de muerte y devastación social.
 
Luis Evelis Andrade, Consejero Mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic, asegura que son estas fuerzas perturbadoras las que causan los asesinatos y desplazamientos de sus comunidades. “Sólo en Cauca este último mes fueron asesinados siete líderes indígenas y tenemos registros de al menos mil desplazados durante el año”, aseguró a SEMANA.

Las cifras de homicidios también alejan al gobierno de los indígenas. Mientras el ministro del Interior Fabio Valencia asegura que durante los seis años del mandato Uribe fueron asesinados 485 indígenas, la Onic asegura tener registros de 1.246 crímenes, siendo Cauca la zona más golpeada después de Cesar y Guajira.

Este jueves los indígenas sumarán sus protestas a las de las centrales obreras en Cali, una ciudad que ha sido muy golpeada por las acciones violentas de guerrillas y narcotraficantes. 

Ante los incidentes confusos del martes, ya los líderes indígenas tomaron distancia. Al parecer los muertos no eran marchantes de sus comunidades, sino miembros de un sindicato que intentaron bloquear la Panamericana, y que murieron cuando las fuerzas policiales trataron de impedirlo.
 
Es sano que las comunidades indígenas y los demás líderes laborales que están en su derecho de marchar en paz, protestar y exigirle al gobierno que cumpla sus compromisos y atienda sus necesidades, marquen explícitamente sus diferencias con los violentos. Es también responsabilidad de la fuerza pública y demás autoridades proteger a los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos y no confundir guerrilla o delincuencia con la legítima protesta ciudadana.





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