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| 11/18/2008 12:00:00 AM

La historia de cómo cayó DRFE, la primera ficha del dominó

La pirámide de Carlos Alfredo Suárez, una de las más grandes del país, colapsó por cuenta de las 'diabluras' de uno de sus familiares, quien montó otra captadora en Cali y se fugó. El rumor desató el pánico que hoy no termina.

Bien dicen por ahí que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo. Esa frase encaja a la perfección en la trágica historia que rodea el final de la captadora ilegal de dinero Proyecciones DRFE ( Dinero Rápido Fácil y Efectivo ).

Con la debacle de esta pirámide, Colombia vivió una semana de crisis que dejó como saldo tres muertos, multitudes de gente iracunda, cinco municipios en toque de queda, disturbios en doce departamentos y millones de estafados tras el colapso sucesivo de decenas de pirámides a lo largo del país.
 
Esa debalce precipitó las acciones recientes del gobierno, entre ellas la declaratoria de Emergencia Social y la intervanción de varias de estas empresas,

Aunque el problema se diseminó por varios departamentos, las regiones más afectadas fueron Putumayo, Nariño, Cauca, Valle y el Eje Cafetero, donde se concentra la mayor parte de las 250 pirámides que el gobierno tiene identificadas.

Coincidencialmente, la zona carga con el peso histórico de ser una de las más golpeadas por el fenómeno del narcotráfico y los cultivos de coca, lo cual ha inculcado una cultura del dinero fácil.

Datos oficiales aún conservadores estiman que esas captadoras lograron cautivar a por lo menos dos millones de personas quienes invirtieron cerca de 400.000 millones de pesos, según el Ministerio de Hacienda. Pese a todo ello el Gobierno intenta reducir el impacto del problema tras declarar durante el fin de semana el Estado de Emergencia Social e intervenir las captadoras, en especial a DMG y expedir cuatro decretos que en resumen lo que buscan es garantizar que el dinero le sea devuelto a los inversionistas y castigar con cárcel a los dueños de las pirámides. Esta semana será clave para saber si las medidas tienen el efecto esperado en la gente que perdió sus ahorros.

Rumor voz a voz
Si bien durante los últimos dos meses se habían presentado estafas menores de captadoras que surgieron en pueblos del sur del país, la columna vertebral de la debacle corrió por cuenta de DRFE.

La estampida de pánico de sus aportantes obedeció a una suma de circunstancias que terminaron por deteriorar el mayor capital de cualquier empresa: La confianza de sus clientes.

La primera mala señal apareció a comienzo de noviembre, cuando la empresa suspendió los pagos a sus inversionistas. Luego, el lunes 10 del mismo mes, expidió un comunicado en el que además de anunciar que reactivará los desembolsos, cambió las reglas de juego reduciendo los dividendos de 150% a un 70%. La fórmula buscaba castigar con cero utilidades a quienes pidieran el pago inmediato del capital invertido y extender a tres cuotas mensuales el desembolso para los más ambiciosos. En síntesis pedía tiempo.

Lo paradójico de toda esta crisis, es que DRFE sucumbió por cuenta de la misma fórmula que aplicó para multiplicar el negocio: El voz a voz. Por ello el martes 11 la gran mayoría de sus clientes entraron en pánico y antes del anochecer multitudes de inversionistas estaban junto a las sedes de sus sucursales reclamando la plata.

Sin embargo, existe un dato aún desconocido y que actuó como detonante del pánico en DRFE. En Cali cerró sus puertas de manera intempestiva la pirámide Asesoría de Ahorro Personalizado, AAP, cuyo representante legal es Óscar Arley Suárez, un joven desconocido en el mundo empresarial, nacido en Pasto y que aparece como beneficiario del Sisben. En su fuga se llevó el dinero de por lo menos 600 personas. Rápidamente los inversionistas relacionaron al joven Suárez con Carlos Alfredo Suárez, también pastuso, joven y dueño de DRFE. El rumor de que él también se fugaría era incontenible. En el fondo, los estafados tenían algo de razón, ya que SEMANA pudo establecer que Óscar Arley sí es familiar de Carlos Alfredo Suárez.

Rey Midas Suárez
Carlos Alfredo Suárez tiene 28 años; estudió Administración de Empresas. Su historia es la de un emprendedor que en tiempo récord pasó de vender obleas y administrar un viejo parqueadero a empresario que manejaba en promedio 6.000 millones de pesos semanales, producto de la captación de dinero. El negocio lo arrancó en septiembre de 2007. Hoy en día vive en Panamá.
 
Aunque en un comienzo se pensó que su apellido pertenecía a la casta de un reconocido político y empresario de Nariño, luego se supo que nada tenía que ver con esa familia.

Aunque en 2007 Pasto vivía el apogeo del Grupo DMG, la oferta de mejores ganancias y que el dinero se entregaba en efectivo y no a través de tarjetas prepago, hizo que Suárez aplastara a su competencia. Multiplicó sus sucursales a lo largo de ocho departamentos; en dos meses pasó de 49 a 64 sedes e incluso montó una oficina en Quito, Ecuador y alcanzó a operar durante cinco meses. Esa sucursal fue cerrada hace poco por el Gobierno de Rafael Correa.

Llama la atención que mientras en todo el país las pirámides colapsaban, el pasado miércoles en Cartago, un pueblo ubicado al norte del Valle, DRFE colgaba un nuevo aviso para otra sucursal. Justamente ese aspecto demuestra otras de las fallas que permitió que el problema creciera: La permisividad de los mandatarios locales, quienes no se inmutaron por la presencia de los estafadores en sus pueblos. Hay quienes argumentan que así como en muchas ocasiones esos alcaldes impiden la apertura de negocios lícitos por no cumplir con requisitos tan simples como un certificado de uso de suelos, debieron aplicar toda clase de obstáculos legales a las pirámides.

Hoy, en plena crisis, DRFE al igual que DMG es vista por sus inversionistas con devoción ciega. Prueba de ello es que el jueves circuló en Pasto un pasquín en el que invitan a solidarizarse con la captadora y su dueño, “... creemos en tu palabra, honestidad y honradez, porque eres pastuso”, dice el volante.

No era para menos ese apoyo, ya que la economía de Nariño y Putumayo, donde nacieron DRFE y DMG, dependía en gran parte de esas pirámides; así lo reflejaba la productividad de la región. Cifras del Observatorio Económico, un documento que semestralmente elabora la Cámara de Comercio de Pasto con ayuda de otras entidades, reveló que este año el departamento bajó su productividad en un 4.1% al igual que el consumo, especialmente en víveres, abarrotes, licores y en general la agroindustria.

Una interpretación es la escasez de jornaleros en el campo, pues todos colgaron sus herramientas y se dedicaron a vivir de los rendimientos de las pirámides. Otra posible huella de la influencia de DRFE en la economía regional es que el porcentaje de captación de dinero para ahorro en las entidades financieras si bien no disminuyó, tampoco creció, pese a que los indicadores reflejan menos consumo. En Putumayo por ejemplo, una sucursal bancaria reporta desde 2007 reducción de ingresos en un 50%. ¿Entonces a dónde fue a parar la plata?, expertos creen que ese es el dinero que tienen las pirámides.

Sin duda esta debacle está llena de paradojas; una de ellas es que el país aún no siente el coletazo de la crisis económica mundial y en cambio el remezón se anticipó y correrá por cuenta de una estafa anunciada. También llama la atención que el problema se destapó no precisamente por el actuar de las autoridades, sino por un simple rumor; o sea, el mismo esquema que usaron para multiplicar su negocio sirvió para hundirlo.


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