| 2008/10/22 00:00

Mujeres cuentan de su minga de resistencia indígena

Algunas de las integrantes de la marcha indígena cuentan su versión de los hechos de los enfrentamientos con la fuerza pública y defienden su pensamiento autónomo y pacífico.

Los marchantes indígenas quieren defender sus territorios ancestrales y aseguran que su lucha es pacífica. Foto: Luz Edith Cometa

El 12 de octubre pasado cuando en Colombia se celebraba el día de la raza, los indígenas caucanos llegaban al lugar de encuentro previamente concertado para iniciar una conmemoración, pero de los 516 años de resistencia y lucha por su vida y dignidad que como pueblos ancestrales desde que fueron invadidos por los españoles han tenido que ver frustradas.

En este proceso que ellos llaman “minga de resistencia” porque se unen frente a un objetivo y llegan de todas partes de la geografía caucana, con ropa, alimentos, herramientas y hasta palos con los que se defienden cuando tienen enfrentamientos con la fuerza pública, participan generalmente hombres, jóvenes, mujeres y hasta niños, que cuando no tienen con quien quedarse se desplazan con sus padres a apoyar la movilización.

“Nosotras como mujeres hemos estado ayudando en la resistencia, y es algo difícil porque nos hemos enfrentado a hombres que tienen armas y nosotros estamos sólo con palos” afirmó Leydi Ipia una joven indígena que con su sonrisa alegra el lugar en el que permanecieron replegados a unos 20 minutos a pie desde la vía Panamericana luego que las fuerzas del Escuadrón Móvil Anti Disturbios -Esmad-, los sacaran del territorio de Diálogo, Paz y Convivencia de La María Piendamó, donde denunciaron que les quemaron sus casas, sus maletines y sus alimentos.

“Cuando uno está en el espacio, está frente a ellos se siente impotente porque las comunidades indígenas solo manejamos un bastón y de pronto una piedra, pero cuando nos encontramos con que ellos están disparando balas, nos están mandando granadas, y nos están matando, y en el noticiero lo que sacan es que de acá se les están mandando granadas, cuando no es así, eso lo hace sentir a uno sin herramientas para una lucha justa” afirmo María otra de las mujeres que acompaña desde el comienzo la minga.

“Lo que pasó esa madrugada fue un momento muy díficil, era muy de mañana, nos atacaron a eso de las 4 a.m., habían muy poquitos guardias indígenas que estaban cuidando abajo la Panamericana, sólo habían 30 guardias, eso fue un error, cuando nosotros bajamos a apoyar al grupo ya nos habían tomado la casa grande. Y en ese momento lo que tratamos fue de impedir que entraran más en el territorio de La María. Sin embargo, lograron quemar y desalojar 4 casas” cuenta Leydi.

A pesar de la sorpresa que dio el Esmad a los indígenas, ellos lucharon por defender su territorio, y lo hubieran logrado de no ser porque como cuenta María “cuando ellos se ven alcanzados lo que hacen es disparar contra la población civil, dan rafagazos de armas y eso es lo que les permitió avanzar, porque no tenemos armas y obviamente empezaron a disparar y nosotros empezamos a correr todos, y si a eso le sumamos que la fuerza pública también utiliza machetes, en estos momentos hay un compañero herido a machete que lo utilizó la fuerza pública y otros heridos con arma de fuego”.

Existen pruebas fílmicas y fotográficas en poder de las autoridades indígenas que muestran como la fuerza pública ataca con arma de fuego al pueblo indígena, aseguró Dario Tote uno de sus dirigentes. “Mientras que nosotros sólo tenemos bastones, ellos salen con fusiles, con armas de fuego, ese es el terror más grave, el que hace el Esmad”.

Ante esa situación ellos corrieron a refugiarse y salvar algo de los alimentos, la ropa y la gente que permanecía arriba en la montaña. Luego de ese momento considerado por los asistentes como uno de los más álgidos de la minga de resistencia, los consejeros hicieron una tregua con la intervención del Defensor del Pueblo, y permanecieron en asamblea permanente, donde tomaron la decisión de marchar este martes hacia Cali.

Frente a las acusaciones del gobierno nacional fundamentadas en información del DAS, de que la movilización es de guerrilleros, las mujeres que sienten el estigma en carne propia afirman que “decir que nosotros somos guerrilleros es una forma de querer desprestigiar nuestra lucha, de querer acallar la protesta social. El Presidente no nos respeta al llamarnos guerrilleros, porque para él todo el que no piense igual a él es guerrillero. Pero de todas maneras las comunidades indígenas no necesitamos de un arma para defendernos, no hemos disparado de aquí para allá, ni tampoco hemos puesto las minas que han dicho que hemos puesto”.

Sobre el caso de un polícía que terminó con las manos amputadas y que, según informaron los medios, fue responsabilidad de indígenas,  Aida Quilcue Consejera Mayor del CRIC  le dijo a Semana.com una versión bien distinta:  “Los policías llevaban las papas bombas en la tanqueta y ellos al manipularlas se les explotó dentro de la misma tanqueta, por eso fue que perdió la mano, no fueron los indígenas, ni los que protestaban. Incluso aquí en la María hemos encontrado artefactos explosivos, hemos encontrado infiltrados, estos son los mecanismos que está utilizando el gobierno para acusarnos de terroristas”.

En ese sentido, Leydi tiene claro que el desprestigio que el gobierno pretende hacer es ilógico por dos razones fundamentales “nosotros somos autónomos, somos comunidades milenarias y no necesitamos de un grupo armado para defendernos; tenemos nuestro pensamiento, nuestros mayores, nuestra sabiduria ancestral, y es triste que nos lo quieran poner como un pensamiento guerrillero cuando a nosotros la guerrilla también nos ha matado gente, nos ha matado indígenas, nos ha matado comuneros, entonces sería algo ilógico que estemos con la guerrilla cuando tenemos víctimas de los guerrilleros”.

“Nosotros para ellos (el gobierno) somos una piedra en el zapato porque estamos exigiendo unos derechos que nos están violando” afirmó finalmente Leydi quien se unióa la marcha hacia Cali, ahora suspendida,  al lado de otros 15 mil indígenas a los que se han ido uniendo otros grupos sociales como los corteros de caña, los trabajadores sindicalizados, los afrocolombianos y los estudiantes.

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