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| 3/15/2009 12:00:00 AM

¿Qué hacer para disminuir el consumo de drogas?

Mientras el mundo habla de legalizar la droga, y los jóvenes marchan para defender su libertad frente a la dosis personal, en Colombia la prevención sigue en pañales. Los que más necesitan educación son los papás.

La legalización de la marihuana ha vuelto a tomar fuerza. Los que votan a favor de esta iniciativa han hablado de la conveniencia de hacerlo: se evitarían situaciones políticas graves como las que viven México, Colombia y Guatemala donde la guerra contra el narcotráfico ha causado un ambiente de crimen y corrupción.
 
Pero, ¿cómo sería un país como Colombia en este escenario? El asunto que más preocupa a los padres es el consumo. Si la droga estuviera tan asequible a todos, ¿estaría el país preparado para evitar que más jóvenes sean drogadictos? La mayoría de los expertos opina que si es como ahora, la prevención sería un desastre.

Y la razón es que en el país no existe una política de prevención articulada y a largo plazo que parta del Estado. Así las cosas, éstas iniciativas dependen de cada gobierno y, según Augusto Pérez, director de Nuevos Rumbos, la actual administración le ha dedicado todos los recursos al tema del narcotráfico que es apenas una cara de la moneda.
 
“Es 100 por ciento represión y cero prevención, lo cual es desolador y lamentable”, dice Pérez. Esto tiene una explicación. Según Aldemar Parra, director de Salud Pública del Ministerio de Proteccion social, si hay un desequilibrio porque Colombia siendo el principal productor de cocaina en el mundo, su problema ha sido la producción y no el consumo.
 
Pero las cosas empiezan a cambiar para mal. Un reciente estudio del Ministerio encontró que Colombia esta por debajo de Chile, Uruguay y Argentina, pero por encima de Ecuador, Bolivia y Perú. “Estamos haciendo trànsito a ser un país consumidor y al haber más acceso a la droga habrá un aumento del consumo”, enfatiza Parra.

Los especialistas consideran que también habría un déficit para atender los problemas que se derivan del abuso de las drogas. “No hay suficientes sitios para la rehabilitación, ni suficiente gente especializada para atenderlos. Colombia necesita un periodo de transición de 10 años para poder afrontar una situación como la que vive hoy Holanda”, afirma Andrés Rueda, psicólogo experto en farmacodependencia.

Por qué falla la prevención

Parra admite que toca ponerse las pilas en la prevención. El Ministerio ha diseñado una política y un plan nacional que deben desarrollar los alcaldes. Pero el obstáculo más grande es la falta de recursos para llevarlo a la práctica.
 
Esto ha llevado a que los pocos que hay se destinen a campañas que han probado ser ineficaces. La estrategia conocida como Dare ( por sus siglas en inglés Drug Avoidance Resistence Education), desarrollada en Los Ángeles en 1983, consiste en charlas informativas dirigidas a estudiantes y ofrecidas por miembros de la policía. Aunque es una forma económica de abordar la prevención ha demostrado ser inocua porque solo tiene en cuenta el aspecto informativo. A pesar de ello, en Colombia, Dare es una de las iniciativas que la Policía Nacional sigue adelantando en las escuelas.

Las charlas de testimonios de ex drogadictos tampoco funcionan. Y no solo eso, pueden ser peligrosas. En dichas conferencias, la persona rehabilitada le cuenta a los niños cómo fue vivir el drama de la droga y cómo logró salir de allí. El problema es que, según Rueda, con estos relatos los jóvenes captan el mensaje de que es posible consumir drogas por un tiempo y luego dejarlas, cuando en realidad no es tan fácil y no todos lo logran.
 
Además las charlas que tienen un carácter informativo tienden a despertar la curiosidad de los jóvenes. Rueda cuenta la anécdota de un conferencista que en una de ellas les dijo que la heroína era “ como un orgasmo multiplicado por cuatro y prolongado por dos horas”. Aunque luego se dedicó a hablar de la parte negativa, a la mayoría de estudiantes se le quedó solamente la primera parte del mensaje. “Todo esto se sigue haciendo en la mayoría de colegios por falta de conocimiento”, dice Efrén Martínez del colectivo ‘Aquí y Ahora’.

El cambio cultural, la clave

José Posada considera que estas conferencias aportan conocimiento pero éste solo sirve cuando conlleva un cambio de actitud que se refleja en la práctica. En este proceso, conocido como CAPS (conocimiento, actitud, práctica) el mayor énfasis se debe dar en la actitud pues es allí donde se producen los grandes cambios culturales.
 
Y para lograrlo es importante que la sociedad fije una posición clara frente al tema para evitar los mensajes ambiguos y la doble moral. “Si la idea es prevenir debe haber un claro mensaje de rechazo al consumo”, afirma. Algo así fue lo que sucedió con el cigarrillo.
 
Luego de muchas campañas fallidas, como las charlas médicas sobre lo dañino que es para la salud, de los mensajes e incluso de las cajetillas con fotos de pulmones afectados por el humo, la campaña contra el tabaco funcionó porque hubo una penalización social que forjó un nuevo comportamiento. Y los que protagonizaron ese cambio fueron los fumadores pasivos que se unieron para decir que no estaban dispuestos a aguantar el humo de los fumadores.

Algunos están emprendiendo ese cambio cultural con el alcohol, una sustancia sicoactiva legal que, según Augusto Pérez, está asociada al consumo de las drogas ilegales, por lo que se le considera una puerta de entrada a ellas.
 
Un estudio reciente hecho por Pérez, mostró que el 86 por ciento de los menores de 18 ya habían consumido alcohol y que cada vez la edad de inicio es más temprana, entre los 10 y 11 para los niños. El objetivo de las campañas es lograr que los jóvenes no consuman hasta los 22 años o que retarden al máximo este momento. “Si llega sin alcohol a la mayoría de edad se reduce en un gran porcentaje el riesgos de consumir otras drogas. Mientras más temprano se comience es más factible que alguien se vuelva adicto”, asegura Martínez.

El programa de prevención del colectivo ‘Aquí y Ahora’, en asocio con Redpapaz, empezó en 2005 con niños de 10 años y busca ese cambio. La estrategia no omite las charlas pero estas se acompañan de un contrato en el que los padres se comprometen a ofrecer un ambiente de “cero alcohol para los niños”, establecer límites y hacer presencia afectiva. “Hoy ya tenemos fiestas de quince sin alcohol, algo que hace cuatro años era imposible pensar”. El inconveniente es que el programa es privado y solo llega a 70 colegios de Colombia.

El Ministerio y otras entidades buscan abordar varios problemas de la juventud, como el embarazo en adolescentes y el VIH, junto con el de las drogas. Son problemas que tienen en común a un adolescente sin proyectos de vida. La idea es general alternativas de desarrollo y espacios libres de droga. Pero otra vez, esta ambiciosa iniciativa adolece de fondos para llevarse a cabo.

Educando a papá

Según el NIDA (National Institute on Drugs Abuse), la ecuación para erradicar la droga debe tener como variables a la comunidad, a los maestros, a los niños y a los padres. Para Rueda, estos últimos son los que más necesitan educación pues creen erróneamente que es el colegio el responsable del tema, se han olvidado de inculcar valores en casa y no son conscientes del modelo que le transmiten a los hijos.
 
 “Con frecuencia me invitan a sus casas para que los oriente y luego de que se toman dos botellas de vino y una de whisky me preguntan: ¿cómo crees tú que le debo hablar de las drogas a mi hijo?”cuenta Rueda. Los papás de hoy, agrega, también deben recuperar su rol en la familia, sobre todo ahora que ellos quieren ser los mejores amigos de sus hijos.
 
“Con esta mentalidad nos hemos llenado de niños huérfanos que necesitan una enseñanza en valores”, dice Rueda. Para Martínez el mayor obstáculo no son sólo los papás sino lo que el llama “el mundo de los adultos”. Muchos de ellos juzgan por su experiencia y creen que las drogas ilícitas son manejables, pero no se dan cuenta que no a todo el mundo le va tan bien como a ellos en ese viaje.

Prohibir o legalizar no va acabar con las drogas. Por esto la idea de la prevención no consiste en satanizarlas. Las drogas no son malas en sí mismas, sino objetos inertes que no matan por estar ahí. El problema es la relación que la persona establece con dicha sustancia. Algunos aprenden a relacionarse con ella de manera esporádica mientras que otros desarrollan una clara dependencia. Lo que se necesita es una sociedad que en todos los niveles le ponga cuidado al problema. Y en ese contexto, legalizar o no, es un problema secundario.

Lo que funciona

Según el National Institute on Drug Abuse (Nida), estos son algunos de los principios básicos de la prevención

1. Se debe hablar de todas las formas de Abuso de drogas, incluyendo el tabaco y el alcohol.

2. Una conferencia sobre las drogas es cuatro veces menos efectiva que un taller interactivo en el que los jóvenes participan y realizan actividades sobre el tema. Son dos veces más efectivas si se hacen en grupos pequeños. Las charlas sobre una sola sustancia son más efectivas que cuando se hacen sobre todas las drogas. Según Efrén Martínez la razón es que los jóvenes empiezan a compararlas y a pensar que unas son mejores que otras.

3. Es mejor no hablar de drogas que todavía no están en el campo de sus curiosidades. Se debe enfatizar en el problema de droga propio de la comunidad.
 
4. Hablar solamente de los peligros de la droga en el futuro no ayuda. En Estados Unidos se ha demostrado que son mejores los mensajes en los que se habla, por ejemplo, de cómo la metanfetamina daña los dientes, y de otras consecuencias a corto plazo. En el caso del cigarrillo, el mensaje que tuvo más poder de disuasión fue el que sostenia que el humo demoraba los procesos de cicatrización pues los jòvenes, suceptibles al acné, se vieron directamente perjudicados.

5. Hay que empezar temprano y la prevención comienza en casa, muchas veces sin necesidad de hablar de drogas, dice Andrés Rueda, quien insiste en la promociòn de los valores, en el acompañamiento del niño en lo afectivo y en servir de soporte para que se desarrolle y sea independiente. Los niños que sucumben a la droga tienen vacíos afectivos, miedos, inseguridades, problemas de personalidad por lo que es importante atacar estos factores de riesgo.

6. Se debe entrenar a los maestros para que puedan responder preguntas clave de los estudiantes sobre el tema de drogadicción.

7. Prender las alarmas cuando un niño empieza a fallar académicamente, es agresivo o deserta del colegio.

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