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| 10/4/2008 12:00:00 AM

Loco por la verdad

El alcalde de El Carmen de Bolívar, Galo Torres, se ha vuelto célebre por sus confrontaciones públicas con funcionarios de diverso rango, en especial por la dureza y la temeridad de sus afirmaciones.

“Pueden decir que Galo está loco, que es altanero, insolente e imprudente, porque es frentero. Lo que no pueden decir es que sea ladrón o bruto. Pueden decir que es un mulo, terco porque no ha dado su brazo a torcer para firmar unos contratos que él cree que son inconvenientes. Pero no pueden decir que en sus meses de gobierno haya habido un acto de corrupción”, dice Pedro Miguel Álvarez, un hombre de 75 años sentado en la plaza principal de Carmen de Bolívar. Se refiere al alcalde del municipio, Galo Alfonso Torres Serra, quien despierta pasiones por su personal forma de manejar los asuntos a su cargo.

Torres Serra se ha convertido en el fenómeno de la región. Los miembros de las juntas de acción comunal dicen que con su elección ganó el pueblo y perdieron los políticos. “Por primera vez, dice un grupo de miembros, sabemos quién y cómo se han robado los recursos de la administración”. El Alcalde sostiene, por ejemplo, que en 30 años se ha conseguido la plata para cinco acueductos, pero siguen sin agua.

¿Quién es este personaje sin pelos en la lengua que el domingo pasado le pidió al presidente Álvaro Uribe que lo protegiera porque lo iban a matar? Galo Torres es el menor de una familia de gran tradición política. Abogado del Externado, trabajó en el gobierno de César Gaviria, y luego se vinculó a las delegaciones de la OEA en Ecuador y en Perú. Ha ejercido la abogacía, fue secretario de gobierno departamental y aspiró en tres ocasiones a la alcaldía, hasta que en octubre pasado se impuso sobre seis candidatos, entre ellos su hermano Ramón.

Sus paisanos lo ven como un hombre sencillo, bien intencionado, pero que no controla su temperamento cuando discute. El Alcalde ha denunciado por fraccionamiento cinco contratos suscritos entre el municipio y unas firmas de ingenieros para poner a funcionar el acueducto y el alcantarillado, y desde cuando asumió el cargo, el Concejo ha sido una piedra en el zapato. Él denomina los “juancheros” a una mafia de ex alcaldes, concejales y ex concejales, contratistas y burócratas que se han robado sistemáticamente el municipio. Los concejales dicen que no les aprueban los proyectos porque llegan sin los requisitos legales, y el Alcalde pide facultades sin decir para qué.

En un parqueadero del municipio se encontraba una veintena de vehículos que fueron utilizados para cometer homicidios y desapariciones en corregimientos, veredas y en la misma zona urbana. Él dice que muchas personas son cómplices de esos actos y por eso sacó esos carros y los expuso como un símbolo de lo que llama el Museo de la Corrupción, cuyas cabezas visibles son los organismos de control.

El Alcalde dice que el ex senador Juancho García armó una coalición en su contra para bloquearle los proyectos porque no le aceptó dinero para firmar los otrosí de los contratos del acueducto. “En El Carmen hay gente molesta por la actitud frentera del Alcalde, pero nunca habíamos tenido tanta información sobre el municipio como ahora”, dice Álvarez.

Distanciado de los medios locales, el Alcalde imprime pasacalles y pendones que cuelga en la Alcaldía para denunciar a los contratistas, a los concejales, a los jueces y a la familia García Romero como causa de los males de El Carmen. Dice que se sale de sus casillas por la impotencia que siente al no poder detener a quienes tanto daño le han hecho a su pueblo. Sus padres, con quienes vive, lo apoyan, pero de su hermano Ramón, el ex alcalde, se ha distanciado porque también fue candidato.

Las gentes del común, los viejos de la plaza y los miembros de la junta de acción comunal creen que el Alcalde es fogoso pero correcto. Al preguntar si creen que está loco, dicen: “Está loco porque no ha dado corbatas ni contratos; está loco porque no cobra el sueldo; está loco porque le ofrecieron plata y no la aceptó; está loco por denunciar obras pagadas y no ejecutadas o mal hechas; está loco por denunciar a los jueces que embargan los dineros de la educación y la salud. Lo normal, cuando llegaba un nuevo alcalde, es que las cosas siguieran como venían, pero él frenó eso. Si dicen que está loco por decir la verdad, es mejor un alcalde loco y no un ladrón”.
 
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