Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/02/14 00:00

“Chávez hubiera querido tener el valor del Che y la astucia de Fidel”

Enrique Krauze, autor de ‘El Poder y El Delirio’, celebrado libro sobre el presidente Hugo Chávez, habló en vísperas del referendo sobre la reelección indefinida con Santiago Torrado de SEMANA.

Enrique Krauze cree que, gane o pierda, Chávez buscará la permanencia perpetua en el poder.

Entusiasmado con los estudiantes universitarios que lideraron el ‘No’, el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze aterrizó en Venezuela el 4 de diciembre de 2007, dos días después del rechazado referendo en que Hugo Chávez hizo su primer intento de imponer la reelección indefinida. Su propósito era acumular material para ‘El Poder y el Delirio’, su libro sobre el presidente venezolano. Krauze, fundador y director de la revista Letras Libres, habló con SEMANA sobre el líder del revolución bolivariana

SEMANA: Usted escribió  Poder y delirio antes de la nueva ofensiva de Chávez en busca de la reelección indefinida. ¿lo sorprendió?

Enrique Krauze: En absoluto. Al contrario, me pareció completamente consistente con su sicología de apostador profesional. Nunca ceja y no se da por vencido, eso hay que concedérselo. Tienen una energía sobrehumana. También tiene un horror hacia el pluralismo, la concordia, la conciliación.
 
De modo que él interpretó la primera derrota de diciembre de 2007 como una victoria pírrica de la oposición, la llamó incluso victoria de mierda, con esa elegancia que lo caracteriza, y luego también en noviembre de 2008 entendió que la oposición había hecho avances significativos. Pero ante la inminencia del tsunami económico que nos ha caído a todos pero que sobretodo le está cayendo y caerá cada vez más sobre Venezuela tenía que apurar ese referendo y por eso lo convocó el 15 de febrero.
 
Si hubiera podido convocarlo el primero de enero lo hubiera hecho, desde luego. Y como sabemos, aunque no conocemos los resultados, el hombre ha invertido en esto toda la fuerza inaudita del estado (económica, política) frente a una oposición heroica, pero debilitada y exhausta.

SEMANA:¿Qué lo cautivó del movimiento estudiantil venezolano, determinante en el pasado referendo?

E.K.: Al verlos, me emocionó recordar mis propias pasiones democráticas y libertarias de los años 60. Yo vengo de esa generación y participé en el movimiento estudiantil del 68. Pero sobretodo, más allá de lo estrictamente personal, me emocionó la madurez, la valentía, la resolución de estos jóvenes, y su imaginación. Han tenido que madurar, han tenido que volverse adultos responsables de su país muy pronto, porque se dan cuenta de que lo que está en juego no es solamente una elección. Está en juego, literalmente, el futuro de todos y de cada uno de ellos. Los conocí y creo que han tenido un papel relevante, que han ganado algunas batallas pero esta guerra cívica en la que están empeñados me temo que será de largo aliento.

SEMANA: En el libro flota la idea de que la revolución chavista es una versión del libreto de los 60, cuando florecían las guerrillas inspiradas en la revolución cubana.

E.K.: Chávez es un militar que hubiera querido ser guerrillero, tener el valor del Che y la astucia política de Fidel. Yo dudo mucho que tenga el valor del Che. Cada vez que se ha enfrentado con una situación en la que peligra su vida se repliega, pero desde luego que habilidad política tiene mucha.
 
Él cree en el mito de la revolución socialista. Sigue creyendo que esa es la mejor vía no solamente para América Latina sino para el mundo y las experiencias de la Unión Soviética y de la propia China no lo han apartado de ese credo. Él se quedó fijo en la imagen mítica de esa revolución.
 
Pero lo que lo mueve a él sobretodo, como yo he tratado de explicar en el libro, es una obsesión con la mitología de los héroes. Él siempre admiro de una manera idealizada a Bolívar como el gran héroe del siglo XIX y a Castro en el siglo XX, pero digamos que él está en competencia con ellos y quiere volverse el héroe del siglo XXI. De una cosa sí estoy seguro: no lo va a lograr.

SEMANA: ¿La idea de que es el continuador del proyecto de Fidel Castro en América Latina es una fantasía?

E.K.: Yo creo que es una fantasía por su irrealidad. Porque más allá de la crisis que estamos viviendo, es completamente inviable, como se ha visto en China o en Rusia, que un país pueda prosperar en su economía dentro de los paradigmas de la revolución cubana.
 
La revolución cubana condujo a la miseria de ese pueblo y no es casual. Es inherente al sistema. Esto lo entendieron muy bien los chinos, que han cambiado su orientación, igual que los rusos. Y en su momento, más temprano que tarde, ese cambio ocurrirá también en Cuba.
 
Pero en segundo lugar hay que decir que es inviable también por la crisis económica. Ese liderazgo ya no volverá a ocurrir obteniendo para 2009 una tercera parte de la cascada de petroingresos que tuvo Chávez. De manera que tanto por su inviabilidad como proyecto histórico, como por sus limitaciones económicas, ese liderazgo con que él sueña no se le va a dar.

SEMANA: En el libro dice que Venezuela pasó de la revolución a la democracia, y de vuelta a la revolución. ¿El proceso chavista es una involución?

E.K.: Es una involución a los 60. Ha sido un anacronismo dolorosísimo porque es un experimento hecho sobre la piel de todo un pueblo. Yo no puedo negar la vocación social de algunas medidas del presidente Chávez, pero es evidente para quien se acerca con espíritu de objetividad que los logros tangibles han sido infinitamente menores y mucho más débiles de lo que él ha propagado y que su fuerza más bien reside en la imantación de su persona y en su tremenda presencia mediática. V
 
enezuela ha sufrido una dolorosa involución. Para no hablar por supuesto del tema de la corrupción que yo no creo que haya tenido ni tenga parangón en la historia latinoamericana.

SEMANA: ¿Cuál es la característica definitoria de Hugo Chávez?

E.K.: Su obsesión con los héroes y su deseo de volverse él mismo el héroe mayor del panteón latinoamericano. Un héroe vivo.

SEMANA: ¿Y cuál sería la de su gobierno?

E.K.: La introducción irresponsable y muy riesgosa de un discurso de odio político desde la cumbre del poder. Es un verdadero milagro que Venezuela en este momento no haya pasado de la violencia de las palabras a la violencia de las armas. Esa violencia por supuesto está en las calles, en la criminalidad, pero eso ocurre también en Colombia, en México y en otros países. Me estoy refiriendo al discurso del odio. Este ha sido el decenio de la discordia.
 
Una sociedad con ese nivel de discordia es muy difícil que camine, es sorprendente, y yo creo que admirable, que la oposición haya mantenido la civilidad. Creo que debe seguirla manteniendo a toda costa aunque la lucha cívica sea larga todavía. No quiero hacer de profeta, pero pienso que el túnel es oscuro y la luz está muy remota.

SEMANA: En las últimas semanas ha habido episodios antisemitas en Venezuela. Esta semana, un editorial de The Washington Post sugirió que Chávez reemplazó como ‘enemigo perfecto’ a George W. Bush con Israel y los judíos. ¿qué opina de esa tesis?

E.K.: Me parece cierto y posible. Siempre requiere un enemigo y que mejor enemigo que el chivo expiatorio de tantos siglos humanidad, que son los judíos. Por lo demás en el libro hablo con detalle de uno de los ‘gurus’ de Chávez, Norberto Ceresole, que es uno de los mayores antisemitas que han nacido en Argentina, un teórico político que quiso trasladar a sus teorías de América Latina las ideas de los grandes teóricos nazis.
 
El acoso a la comunidad judía venezolana ha sido persistente desde la llegada de Chávez al poder. Y ha sido alentada por él mismo y todos sus voceros. No olvide que en los últimos ataques sacaron unos computadores con todos los datos de los miembros de la comunidad judía en Venezuela. Ahora tiene elementos de intimidación mucho mayores.

SEMANA: ¿Qué escenarios imagina el lunes 16 de febrero, la mañana siguiente al referendo sobre la reelección indefinida?


E.K.: No me gusta profetizar. Pero gane o pierda Chávez, buscará la permanencia perpetua en el poder. No me cabe duda.
 
Si pierde esta vez lo intentará de nuevo. Gane o pierda va a seguir cerrando los ámbitos de tolerancia y de juego democrático. No me parecería imposible que procediera a clausurar Globovisión [el último canal crítico con señal abierta]. Yo creo que se radicalizará y no se necesita ser gran profeta para temer que una radicalización adicional a la ya muy marcada del presidente Chávez puede conducir a Venezuela a un precipicio.

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