Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/07/01 00:00

De vuelta a la realidad

Los temas que planteó Obama a Uribe son de fondo, y no simplemente para que se saquen dos decretos en Bogotá, se nombre un ministro afrodescendiente, y luego se planee regresar a Washington a ver si está listo el TLC para la firma.

Obama invitó a Uribe a usar un “enfoque más amplio que el militar para derrotar a los enemigos del progreso”, lo que incluye "el mejoramiento del Estado de derecho, de las oportunidades económicas, de la nutrición de los niños y la expansión de la salud como poderosas armas para restaurar el orden y asegurar la confianza de la gente en el futuro”. Foto: (AP Foto/Haraz N. Ghanbari)

Aunque el verano ya abrasa a la capital estadounidense, si algo debió extrañar el presidente Uribe en su visita el pasado lunes al presidente Barack Obama fue la calidez que respiraba en sus encuentros con George Bush, el antecesor de la Casa Blanca. 

Esa cualidad le ha servido a Obama para atemperar el ánimo de sus homólogos frente a los indigeribles cambios de política de su gobierno.

Así, el encuentro confirmó los cambios y los nuevos énfasis de política que hará el gobierno de Estados Unidos hacia Colombia y que ponen al presidente Uribe en el dilema de concentrarse en mejorar la situación de derechos humanos y de brindar garantías a la justicia o asumir el riesgo de una progresiva lesión de la relación con su socio más importante.

Desde la víspera del encuentro en el Despacho Oval, The Washington Post, el periódico extranjero que más atención le prestó a la visita de Uribe y que se ha destacado por apoyar el Presidente colombiano, resumía el ambiente con un artículo en el que recogía las preocupaciones del gobierno de Estados Unidos en materia de chuzadas ilegales, “falsos positivos” y deterioro de las instituciones democráticas.

Y añadía el rotativo, “Uribe encuentra una administración que, resuelta a extender sus alianzas en América Latina, incrementará sus preocupaciones sobre derechos humanos en Colombia”.

Las palabras del presidente Obama después del encuentro no dejan lugar a dudas. Resaltando obviamente que la relación entre ambos países ha sido extremadamente fuerte y haciendo elogio de las difíciles circunstancias y del admirable desempeño del presidente Uribe en una amplia gama de temas, el mandatario señaló sus propias preocupaciones.

Entre ellas, subrayó la necesidad de mejorar los derechos de los trabajadores organizados y de proteger a los líderes tanto civiles como sindicales, así como resaltó la importancia de que Colombia ejerza el sendero del Estado de derecho y la transparencia respecto de los procesos por los asesinatos extrajudiciales y las chuzadas ilegales.

En relación al Tratado de Libre Comercio, el tema de mayor interés que llevaba Uribe bajo el brazo a Washington, la respuesta fue diplomáticamente desalentadora para el gobierno Uribe.

A diferencia de Bush, que se la jugó en los últimos días al frente de la Casa Blanca por la aprobación del TLC con Colombia, Obama dijo que no ha estipulado un plazo definido para presentar su refrendación al Congreso; que la suerte de la iniciativa está ligada al tema de los derechos humanos, y que iría a consultar con el Congreso, donde también esa preocupación es compartida.

Como si eso fuera poco, y con un gobierno copado en el Congreso con temas prioritarios de su administración como la reforma a la salud, el presidente Obama agregó que “el problema con los tratados de libre comercio no es simplemente con Colombia, sino con Panamá y Corea del Sur”, países estos últimos mejor posicionados que Colombia.

En otras palabras, lo que quedó de manifiesto es que aunque Estados Unidos y Colombia son países aliados, la administración Obama se reservará el derecho de hacer observaciones sobre la evolución de varios de los frentes de política interna antes de profundizar en la relación y avanzar hacia la aprobación de temas como el TLC.

De una u otra forma, los temas trazados por el presidente Obama apuntan más a constituir una agenda de mediano y largo plazo en la relación bilateral, y no tanto una que busque logros sustanciales en el corto plazo.

Tampoco parecen temas puestos sobre la mesa para que en Bogotá se expidan dos o tres decretos, se designe a un afrodescendiente en un alto cargo público y entonces se planee un regreso a Washington a ver si el TLC ya está listo para la firma. De eso ya debieron tomar atenta nota en el círculo más íntimo al presidente Uribe.

Y es que el presidente Obama, además de expresar su interés por desarrollar una “agenda bilateral que sea más amplia que el simple enemigo común del narcotráfico” y que incluya temas como la cooperación en materia de energías limpias, invitó a Uribe a usar un “enfoque más amplio que el militar para derrotar a los enemigos del progreso”.

Para Obama sería éste el de una óptica que incorpore “el mejoramiento del Estado de derecho, de las oportunidades económicas, de la nutrición de los niños y la expansión de la salud como poderosas armas para restaurar el orden y asegurar la confianza de la gente en el futuro”.

En esa perspectiva, los tiempos en que el gobierno colombiano parecía casi el único aliado de la Casa Blanca en la región y de lo cual Bogotá sacaba buen partido haciendo el simple llamado de amigo incondicional parecen haber culminado de repente.

El gobierno colombiano y el país, en general, tarde o temprano deberán entender que buena parte de esa relación privilegiada que se ha compartido en el pasado reciente no se desprende de un factor positivo, sino de un conflicto y de un problema que tiene a Colombia como primer interesado en que sea resuelto.

A pesar de eso, y sin duda, Colombia es un socio estratégico para Estados Unidos en la región. Y el gobierno colombiano deberá trabajar muy duro si no quiere quedar relegado, pues un país como Chile, con 15 millones de habitantes, la tercera parte de la población colombiana, se abre paso como un aliado menos conflictivo para Washington.
 
Y en la lista también hacen cola otros.

Sobre la presidente de Chile, Michelle Bachelet, el mismo presidente Obama decía hace escasamente una semana que “es una de las líderes más convincentes no sólo en el hemisferio, sino en el mundo”; que se congratulaba por el manejo de la economía chilena, de lo cual Estados Unidos debe aprender y que le pide consejo para construir una fuerte relación con toda América Latina.

(*) John Mario González ha sido porfesor y columnista de varios medios y residen en Washington.

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