Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/07/24 00:00

Se busca estrategia para la política exterior colombiana

Cada vez que se calientan las relaciones de Colombia con sus vecinos, se revelan más las debilidades de la forma como el país conduce sus relaciones internacionales.

Montaje: Semana

Las relaciones de Colombia con los países vecinos volvieron a complicarse en los últimos días después de tres nuevos hechos: el alto gobierno se reunió secretamente con enviados del gobierno del golpista Micheletti de Honduras y después tuvo que salir a explicar; autoridades filtraron un video en el que el jefe guerrillero ‘Mono Jojoy’ aparece leyendo una declaración que  puso bajo sospecha de complicidad con las Farc al gobierno de Rafael Correa; y se firmó un acuerdo con Estados Unidos para que el Ejército de ese país pueda utilizar cinco bases colombianas en su lucha contra el narcotráfico y la guerrilla.

Estas son apenas las últimas malas noticias de una larga historia de desencuentros entre el gobierno colombiano con sus vecinos, en  parte originadas en la gran distancia ideológica entre Uribe y los demás gobiernos de izquierda de la región, pero sobre todo han nacido de unas relaciones internacionales personalistas, emotivas, y a donde las armas legales,  y el discurso agresivo han sustituido la buena negociación y la claridad política que da tener objetivos de largo alcance.

Los impasses

Quito rompió relaciones con Bogotá desde marzo del 2008 tras la incursión armada del ejército colombiano en la que resultó muerto el jefe guerrillero Raúl Reyes. Desde entonces, la tensión entre las dos naciones ha ido en aumento al punto de que la justicia ecuatoriana ha pedido la detención del ex Ministro de la Defensa Juan Manuel Santos a quien responsabiliza por la operación en la que además murieron más de veinte personas, entre ellas un ecuatoriano y cuatro mexicanos.

Con Caracas, el gobierno colombiano logró restablecer las relaciones luego de que el presidente venezolano, Hugo Chávez, incluso llegara a amenazar con enviar tropas a la frontera tras el mismo incidente de Sucumbíos. Chávez , molesto porque el gobierno colombiano lo había sacado de la mediación de una eventual liberación de secuestrados en poder de las Farc meses atrás de la muerte de Reyes, dijo que si Colombia violaba la soberanía territorial de Ecuador, el siguiente paso sería atacar a Venezuela.
 
Ahora Chávez, el maestro de política exterior de bandazos en caliente, amenazó con “revisar las relaciones con Colombia”, debido a la posibilidad de que militares estadounidenses puedan usar las bases colombianas para entrometerse en los asuntos de las naciones de la región.

Las respuestas

En el caso de la relación con Ecuador, la respuesta de Colombia ha sido en los mismos términos que ha fijado el país vecino: dejar a un lado la diplomacia, apelar a las amenazas judiciales, y agravar el clima de tensión con la filtración errática de información y declaraciones por parte de diferentes estamentos estatales.
 
En Colombia, con o sin pruebas, todos opinan sobre lo que sucede o no en Ecuador. Este jueves, por ejemplo, el Fiscal colombiano, Mario Iguarán, aseguró que Gustavo Larrea, ex Ministro de Seguridad ecuatoriano y José Ignacio Chauvín, ex asesor presidencial, habían sido emisarios de las Farc.  

En el caso de Caracas, la salida del Ministro de Relaciones Exteriores, Jaime Bermúdez, fue decir que Colombia no había protestado por los acuerdos de Venezuela con Rusia, refiriéndose al permiso que el país vecino le dio a fragatas rusas para navegar en sus aguas, hace unos meses y a la compra de armas que hizo Venezuela .
 
Estas respuestas develan que no hay una estrategia de Estado, sino que cada cual va diciendo lo que le parece, como si las relaciones con nuestro vecinos, de las que dependen cientos de miles de personas, fueran como un partido de fútbol y de lo que se tratara es de ver quién mete más goles. Cada "tanto" añade una grieta más a la maltrecha relación, y nos aleja un paso a los ciudadanos de un lado y del otro de la frontera de una mayor prosperidad y seguridad.
 
La pauperización mutua
 
En la frontera con Ecuador ya se sienten los efectos de las restricciones a la economía, aunque estas han sido impuestas por el gobierno ecuatoriano no está exenta de responsabilidad la gestión del gobierno colombiano.

Según informó José León Ibarra, presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Ipiales, en lo corrido de este año se han cerrado cerca 900 establecimientos comerciales en la frontera y se ha reducido en un 60 por ciento la actividad comercial.

El año pasado la balanza comercial entre Colombia y Ecuador, según el DANE, registró un saldo favorable para Colombia de más de 712 millones de dólares. Esta es la tercera balanza más importante para Colombia después de Estados Unidos y Venezuela.

Sin embargo, no sólo las relaciones comerciales son importantes entre Colombia y Ecuador. También hay una crisis humanitaria en la frontera con Ecuador, derivada del conflicto armado. Según un informe de Acnur, cerca de 130 mil colombianos han huido para refugiarse en Ecuador. Hay fuentes que dicen que los refugiados podrían llegar a ser casi medio millón de personas.

El Ministro de Comercio venezolano, Eduardo Samán, advirtió este miércoles que esperaba reunirse con el canciller de ese país, Nicolás Maduro, para analizar cuál es el siguiente paso tras las declaraciones del presidente Chavéz de revisar las relaciones con Colombia. En sus declaraciones estaba bastante molesto porque su homólogo colombiano, Luis Guillermo Plata, expresó preocupación porque la exportación de 10 mil autos a Venezuela no avanzaba. “Van para el cielo y van llorando”, dijo Samán, quien advirtió que no se dejará presionar para comprarle a Colombia.

El año pasado Chávez restringió la importación de autos a 20 mil, la mitad de la que le compraba a Colombia. Otra restricción podría terminar de agravar la crisis para ese sector. Pero con Venezuela, además de los 4.951 millones de dólares de balanza comercial favorable a Colombia, están en juego otros temas como la cooperación para combatir el narcotráfico y el desarrollo de la frontera más viva que tiene el país. 


Se busca política exterior

Desde el lado colombiano, el telón de fondo de lo que sucede es el mismo desde hace tiempo y se podría resumir con el titular de una columna de la profesora de relaciones internacionales de la Universidad de Los Andes, Arlene Tickner, escrita hace un año:   “Se busca una política exterior para Colombia”.

Las relaciones exteriores del país pasan por tres escenarios distintos que exigen una respuesta política estratégica de largo alcance y no la simple reacción a la coyuntura: la globalización, la polarización de la política regional y los problemas internos que desbordan las fronteras.

Por la globalización los problemas colombianos preocupan al mundo desde la violación a los derechos humanos, pasando por la tragedia humanitaria y hasta el tráfico de armas o de narcóticos y el Estado colombiano requiere de un manejo coherente y estratégico y no solo defensivo o impulsivo.

Sin embargo, la respuesta del Estado colombiano a esos retos suele ser descoordinada, personalista y débil. Así lo señala el director de la Maestría de Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte, Horacio Godoy.  "La relación de Colombia con los demás países ha sido guiada por los problemas internos del país. De esta manera, cuando Bogotá se comunica con Quito o con Caracas es por algún tema de seguridad, pero no porque esta movida haga parte de una estrategia pensada para relacionarse con los vecinos".

En ese mismo sentido, la profesora de ciencia política y relaciones internacionales de la Universidad de los Andes, Sandra Borda, dijo que la “política exterior colombiana no cuenta con un mapa, una guía, o una estrategia de largo alcance para responder a las crisis que generan los problemas nacionales”.

Para ella, cada vez que aflora una crisis con los países de la región se pone en evidencia la improvisación de la política exterior del actual gobierno.

Tímidas salidas vs profundas reflexiones

Buscando salidas para responder al difícil reto de mejorar la relación con los vecinos, el Canciller colombiano creó una Misión de Política Exterior. Hasta ahora no se conocen sus avances.

La Cancillería además cuenta con la Comisión Asesora, un órgano consultivo de la Presidencia integrado por los ex presidentes, congresistas y ex cancilleres. En reiteradas ocasiones, los analistas internacionales han puesto en duda su capacidad debido a que se convoca muy poco y a la falta de claridad de sus objetivos. Esta Comisión se reunirá el próximo 12 de agosto para evaluar la situación con Venezuela y Ecuador

Otro factor que debilita la actuación de la Cancillería, no sólo de este gobierno sino que tradicionalmente ha sido así, es la falta de una carrera diplomática estructurada. Los gobiernos han echado mano de consulados y embajadas para pagar favores políticos. La lista de diplomáticos, en buena parte, está integrada por familiares de congresistas y ex funcionarios del gobierno, y los funcionarios de carrera diplomática terminan relegados.
 
No es este el caso de otros países, donde si bien es cierto que se nombran algunos embajadores clave por razones políticas, el grueso del cuerpo diplomático tiene una sólida formación en las relaciones internacionales. El caso más sobresaliente en el continente es la Cancillería de Itamaratí, en Brasil, símbolo de una política exterior coherente, de largo plazo y manejada por profesionales.
 
Fortalecer la masa crítica

Pero la falta de una buena política exterior, sobre todo cuando Colombia enfrenta tantos desafíos internacionales, no es un asunto solamente del gobierno, o del Estado. La sociedad civil colombiana hasta ahora empieza a formar centros de pensamiento y e investigación sobre el tema.
 
En otros países, Estados Unidos por ejemplo, hay varios institutos, en la academia y fuera de ella, que le ayudan a los gobiernos a pensar cómo debe conducirse la política exterior, que debate sus decisiones con el conocimiento debido y forma una masa crítica que por lo menos reacciona ante las equivocaciones y ayuda a construir una opinión más crítica e informada sobre le tema.
 
Las escuelas de relaciones internacionales a nivel de pregrado y posgrado que han ido creciendo en los últimos años en Colombia son un paso en la dirección correcta. En varias ciudades principales existe más de una universidad dedicada a la formación en los distintos aspectos de la política exterior: teoría, comercio, negocios, política, diplomacia, etc.

Así mismo han ido formándose centros especializados. Por ejemplo, la Universidad del Rosario (Bogotá) cuenta con un Observatorio de Venezuela, o la Nacional con un Instituto de Investigaciones de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales.
 
Otro avance es la reciente formación de una Red Colombiana de Relaciones Internacionales, que reune a los académicos investigadores del área de todo el país y que tendrá su primer congreso en septiembre 3 y 4 en la Universidad del Norte en  Barranquilla.  

Sin embargo, la brecha entre gobierno y academia aún es grande.  Según la profesora Borda, esta brecha siempre ha existido en la mayoría de países. La política exterior es una de las más alejadas de la opinión pública, “los gobiernos argumentan razones de seguridad para cerrar sus puertas a la participación de sectores diferentes”.

No obstante, según la analista, los países con democracias sólidas han comenzado a fortalecer sus políticas exteriores con la participación de sectores de la sociedad civil y la academia.
 
Esta ha sido una tendencia que irá consolidandose también en Colombia en la medida en que el tejido institucional del sector se vaya haciendo más tupido, dándole así piso a una política exterior más de largo plazo, menos pegada a la figura presidencial, y qué esté más a la altura de los enormes retos colombianos.







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