Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/06/02 00:00

El terrorismo azota a Cali

Por quinta ocasión y en menos de 33 meses, las explosiones aterran a los habitantes de Cali. ¿Qué está pasando?

Seis heridos dejó el atentado de la noche del lunes en Cali. (Foto: Cortesía diario El País- Ernesto Guzmán)

Cinco bombas, quince muertos y un centenar de heridos es el consolidado criminal que ya suma la capital del Valle, frente a una ola de atentados surgidos desde 2006 y que han tenido como objetivo la policía, el aparato judicial y hasta la comunidad en general.

El último estallido ocurrió ayer lunes 1 de junio a las 10:40 p.m. en el sur de la capital del Valle, junto a un polideportivo del barrio Nápoles de esa ciudad. Y aunque por fortuna el petardo que estalló no dejó víctimas fatales, sí causó heridas a ocho personas, pérdidas materiales y confusión total sobre el origen o el propósito del acto terrorista.

Aunque esa misma noche el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina dijo en medio de los escombros “Estamos en guerra”, hoy en la mañana fue más preciso y endilgó el acto criminal a las Farc, “Por el modus operandi”.

En cuanto al propósito de ese petardo que estalló cerca a un ancianato y viviendas del sector, Eliana Salamanca, secretaria de Gobierno local, argumentó que “Entre las hipótesis se estudia que éste estuviera dirigido hacia un patrulla policíal que había en el sector”, dijo a Semana.com.

Si bien la Policía no se ha pronunciado oficialmente en torno al hecho y sus responsables, es muy probable que el Alcalde tenga la razón, en especial porque históricamente Cali ha sido azotada por células urbanas de las Farc y que en los recientes atentados aplican el mismo procedimiento.

Para no ir muy lejos, el último bombazo de gran impacto ocurrió el domingo 1 de febrero de este año, cuando al parecer un joven universitario estrelló contra el archivo de la Policía, un carro cargado con 25 kilos de explosivos. El artefacto estalló causando dos muertos y 32 heridos.
 
Entre los fallecidos se encuentra el estudiante quien recibió tres disparos en su cuerpo, tras la reacción de la policía. Esa misma noche, las autoridades daban por hecho que tras el atentado se hallaban las Farc, en especial el frente 30 a través del grupo semiurbano Manuel Cepeda Vargas, una estructura subversiva que se alimenta de milicianos entrenados en las selvas de Buenaventura, Valle.

El señalamiento no era gratuito, ya que investigadores de los atentados como la bomba a la estación policial en El Vallado, la sede principal de la Policía y el Palacio de Justicia, encontraron sorprendentes similitudes en la forma de ejecución y logística. Es decir, fueron atentados calcados y aseguran que “En ellos está implícita la huella criminal de la guerrilla”, explicó la fuente.

Desde entonces, cada vez que estalla un petardo de mediano o largo poder en Cali, (el año anterior fueron por lo menos una docena), tanto el presidente Álvaro Uribe, como el ministro Juan Manuel Santos y el director de la policía, Óscar Naranjo, no vacilan en señalar a las Farc.
 
Incluso han sugerido modalidades delictivas propias de musulmanes, tal como lo hizo el general Naranjo al tratar de explicar la muerte del estudiante de la bomba del archivo policial, “terrorista suicida”. No obstante, ese perfil de Kamikaze no encaja en un joven que cursaba ingeniería mecánica en una universidad privada y que había hecho cursos de criminalística en el CTI.

Guerrilla vs Narcos

Lo curioso de los bombazos que acorralan a los caleños y minan la percepción de seguridad en la ciudad, es que aunque las autoridades no ahorran esfuerzos para endilgárselos a la guerrilla, a la hora de enjuiciarlos los epítetos son bien distintos. 

Por ejemplo, Semana.com tuvo acceso al escrito de acusación de la Fiscalía en el caso de los seis presuntos autores del atentado del Palacio de Justicia ocurrido el 31 de agosto de 2008 y aunque sus capturas se exhibió como un duro golpe a las Farc, en la imputación de cargos no aparece el delito de rebelión y la Fiscalía reconoce que no existen pruebas para ello.
 
“Nuestra obligación es demostrar que son los autores del atentado y no su vinculación a las Farc”, explicó a Semana.com el fiscal Iván Aguirre, tras precisar que hay llamadas interceptadas a la guerrilla y se deduce que lo hicieron a través de bandas delincuenciales. “Muchas de esas bandas son las mismas que ofrecen sus servicios a otras organizaciones criminales de la región”, explicó un funcionario de Cali, quien pidió reserva de su nombre.

Nadie niega que las Farc tiene toda la vocación criminal y logística para ejecutar atentados en cualquier ciudad del país, pero no es descabellado pensar que en el caso de Cali podría estar también involucrado el narcotráfico asociado o como financiador.

De hecho, otras autoridades de la región piensan diferente a las autoridades nacionales. Por ejemplo, fuentes del DAS Valle creen que basta con analizar los objetivos: “Las sedes donde reposan archivos sobre toda clase de investigaciones, incluídas las de narcotráfico”. A esa tesis se suma la versión en el sentido de una alianza entre guerrilla y el capo Luis Enrique Calle Serna, alias ´Comba´, para llevar la guerra a los centros urbanos y liberar al litoral pacífico de la presión militar, que es la zona donde producen la coca.

Por todo lo anterior y pese a la contundencia de algunas pruebas que indican la mano perversa de las Farc en los bombazos de Cali, muchos aún insisten en que no se pueden perder de vista que también otros actores, entre ellos el narcotráfico, hayan metido su siniestra mano.

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