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| 1/8/2009 12:00:00 AM

“Me ven blandengue, pero al bandido: cero concesiones"

La secretaria de Gobierno de Bogotá, Clara López, habló con Semana.com sobre sus planes para la seguridad de la capital, en momentos en que llueven críticas por la percepción de que esta se ha deteriorado bajo el nuevo gobierno.

El gobierno de Bogotá está a punto de emitir un decreto que busca controlar excesos en los sitios de rumba en la ciudad.

La medida aparece después de la muerte del joven periodista Juan Pablo Arenas en la calle 85 con carrera 15, pleno corazón de la rumba en el norte de Bogotá. A propósito de estos últimos acontecimientos en la seguridad de la capital, Semana.com habló con la secretaria de Gobierno, Clara López.

Semana.com: ¿En qué consisten las nuevas normas para la rumba?
 
Clara López:  La primera es que los bares, tabernas, discotecas y demás que operan amparados en la personería jurídica como club social y que tengan un impacto que se sale del ámbito de lo privado, van a recibir el mismo tratamiento que los bares, tabernas y discotecas. Por ejemplo, en adelante, deben cerrar a las 3 de la mañana.

Semana.com: ¿Por qué hasta ahora se les hace cumplir esas reglas?

C.L: Porque, tradicionalmente, los clubes sociales se han amparado en que son entidades privadas y que están sustraídas de las normas diseñadas para establecimientos públicos. Por ejemplo, Mauricio Moreno, de un club nocturno, dijo que la medida que quiere tomar el alcalde Samuel Moreno es inconstitucional porque la Corte Constitucional y el Consejo de Estado se pronunciaron en los años 2000 y 2005 diciendo que los clubes son tan privados como su propia casa y a usted en su propia casa no le pueden decir que la cierre a las 3 de la mañana.

Semana.com: O sea que si lo demandan, el decreto se cae...
 
C.L: No. Siempre existe un riesgo juridico y el Alcalde quiso asumirlo con base en un profundo estudio jurídico de varias sentencias y haciendo una interpretación que me parece que va a pasar todos los filtros jurídicos: si funciona como un bar, se parece a un bar, trabaja como un bar, es un bar y no un club social. Cuando un establecimiento está abierto al público tiene que someterse a las reglas y no escudarse en una formalidad para sustraerse del cumplimiento de las reglas generales, afectando la convivencia pacífica.

Semana.com: ¿Cuál es la segunda medida?

C.L: Habitualmente, venía ocurriendo que cuando un comandante de Policía ordenaba el cierre de un establecimiento, y el afectado, por derecho, interponía una apelación y se pasaba un tiempo larguísimo mientras se podía surtir la medida. Muchas veces, cuando se daba visto bueno al cierre, el establecimiento ya había cambiado su personería jurídica. Ahora, se establece en el decreto que primero se cierra el establecimiento y proceden luego todos los efectos del debido proceso de la segunda instancia. Ese cierre temporal es de máximo siete días.

Semana.com: La tercera...

C.L: Hay una indisciplina de personas que son clientes de bares y tabernas que optan por consumir licor en el espacio público. Eso está prohibido. También la gente no respeta los horarios de recolección de las basuras. Usted pasa por la zona rosa y puede ver que pasa el camión de la basura, queda limpia la calle y a la media hora ya está llena de bolsitas negras de basura. A todas esas personas les vamos a poner coto con comparendos pedagógicos y con citación a un curso de reglas y normas de convivencia. Si reinciden, entonces les vamos a aplicar hasta medidas de trabajo obligatorio en obras de interés común, ecológico o humanitario.

Semana.com: Y la última...
C.L: Reducir el horario de venta de licor para llevar en cigarrerías, tiendas, licoreras y supermercados.

Semana.com: La gente cree que las nuevas medidas son una reacción para evitar que se vuelva a repetir una muerte sinsentido como ladel periodista Juan Pablo Arenas, pero se encuentra con medidas de convivencia. ¿Y la seguridad qué?

C.L: En el plan de desarrollo tenemos un programa de intervención integral en las 31 zonas más críticas en violencia y seguridad. Esas zonas abarcan el 10 por ciento del territorio del Distrito y en ellas se cometen más o menos el 38 por ciento de delitos de alto impacto social, como homicidio, hurto o lesiones personales. (Ver mapa de zonas críticas).

Semana.com: ¿El sitio donde murió Juan Pablo es una de esas zonas?
C.L: Sí.

Semana.com: ¿Qué han hecho allá?
C.L: La zona rosa cuenta con un CAI móvil con 8 policías por turno desde hace por lo menos seis meses. Eso lo establecimos frente a la situación de incivilidad que se estaba presentando en el espacio público. A ese CAI móvil le vamos a meter la comisaría de familia. Tuvimos un refuerzo del pie de fuerza para la localidad de Chapinero. Antes había 250 policías y ya llegaron 120 más. Se han visitado 265 establecimientos de rumba en la localidad para inspeccionar el cumplimiento de las normas. Hemos hecho un esfuerzo muy grande.

Semana.com: ¿Y qué resultados hay?
C.L: En un sitio de esos no se capturan de la noche a la mañana a las personas. Es un proceso largo y estamos trabajando en eso.

Semana.com: ¿Cuál fue el criterio para seleccionar las 31 zonas de intervención?
C.L: No las escogimos a dedo. Esto viene de una investigación amplia, georreferenciación de delitos y estudio de la Universidad Nacional. Todo ese proceso se hizo a finales de 2007 y comienzos de 2008. Con base en esa información, diseñamos las intervenciones en el segundo semestre del año pasado.

Semana.com: ¿En qué consiste esa intervención integral que se está haciendo en las 31 zonas críticas?
C.L: Es una intervención integral de aplicación gradual y progresiva que comprende mayor control policial, mayor concentración de trabajo en inteligencia, un esfuerzo muy grande de integración de corresponsabilidad público-privada y participación ciudadana. Es un trabajo que compromete a todas las dependencias de la Administración. Ya lo habíamos iniciado en algunos sitios de Suba, Usaquén, Kennedy, Chapinero y Los Mártires.

Semana.com: ¿Y en la zona rosa?
C.L: Veníamos trabajando en la parte policial, pero teníamos planeado iniciar nuevas intervenciones en el segundo semestre de este año. En reacción a la conmoción social que se ha generado por la muerte de Juan Pablo, la anticipamos y vamos a emitir el decreto.

Semana.com: Si la adelantaron para la zona rosa, quiere decir que se puede acelerar en los demás sectores también...
C.L: No puedo extenderme a las 31 zonas. Es muy complejo. El plan es muy ambicioso porque es un territorio de todas maneras amplio.

Semana.com: ¿Hay lentitud en la implementación de medidas que mejoren la seguridad?

C.L: No. Es que todo esto lleva investigación, concreción de documentos, proceso de planeación e implementación. De este programa no venían procesos andando. Este es un programa nuevo. Venían otros programas. Los procesos de licitación, de contratación llevan tiempo. A la gente hay que capacitarla, hay que socializar mucho y trabajar en la articulación. Por ejemplo, nosotros ya sabemos cuáles huecos se van a tapar en todas las zonas críticas que estamos interviniendo. Ya sabemos cuáles son los bombillos que hay que cambiar. En todas las zonas están arrancando los procesos con unas matrices bien estructuradas.

Semana.com: Pero mientras tanto hay sitios por donde no se puede ni siquiera pasar porque uno corre un riesgo grandísimo
C.L: Dígame cuáles y si no están entre las 31 zonas críticas, vemos a ver qué hacemos.

Semana.com: Es que desde hace mucho rato se sabe cuáles son los sitios inseguros de Bogotá...
C.L: Esas 31 zonas críticas fueron priorizadas el primer semestre del año pasado.

Semana.com: ¿O sea que usted está arrancando desde cero con la política de seguridad y convivencia?
C.L: No. La política de seguridad y convivencia es una construcción colectiva. Jaime Castro dio base financiera al Fondo de Seguridad yVigilancia. Antanas Mockus: cultura ciudadana. Enrique Peñalosa: la vida sagrada, el desarme. Luis Eduardo Garzón: el englobe de una inversión social para enmarcar la sostenibilidad de una política de convivencia y seguridad. Y nosotros, que lo hemos asumido todo para incorporarlo todo en un proceso que pasó de considerar la seguridad ciudadana como un bien público a un "derecho síntesis", que comprende todos estos elementos que le acabo de enumerar, que tiene una proyección individual y otra colectiva. Nosotros no nos inventamos esto. El 99 por ciento, viene de atrás.

Semana.com: Y no es hora ya de que la gente empiece a percibir más seguridad si lleva tanto tiempo…
C.L: UN Hábitat hizo una reunión en Monterrey en el año 2007. En un informe dice que “el crimen y la violencia no son al azar. Como tales, pueden ser estudiados para poderse dirigir uno a los factores causales subyacentes a través de medidas directas para confrontarlos. Por ejemplo, algunas ciudades ya son conocidas como seguras, mientras otras han cultivado las culturas del miedo, frecuentemente, con un rol preponderante desarrollado por los medios de comunicación”.

Semana.com: ¿Entonces la culpa de la percepción de inseguridad es de los medios?
C.L: No estoy acusando a los medios, pero sí son una caja de resonancia. En el fondo lo que tenemos es una generación de una cultura del miedo que perjudica la democracia. No hay nada que incentive más a la gente a renunciar a sus derechos y sus libertades que el miedo.

Semana.com: Pero hay realidades...
C.L: La realidad es que un homicidio como el de Juan Pablo usted no puede evitarlo. Militarizar la ciudad no es suficiente para evitar un homicidio. No hay riesgo cero para una ciudad de siete millones de habitantes con la complejidad de cualquier centro urbano del mundo. Y le puedo decir, mañana puede pasar otro. Es que evitar el ciento por ciento de los homicidios de la gente de bien es imposible.

Semana.com: Le han llovido críticas últimamente.
C.L: La crítica hay que escucharla, pero también hay que escuchar la razonable. Decir que la administración no ha hecho nada o que la inseguridad se disparó en Bogotá, sencillamente no es cierto. Bogotá sigue siendo la ciudad más segura de las grandes ciudades de Colombia, la segunda o tercera más segura del continente y mire los comparativos de estadísticas. Bogotá no está tocando fondo en seguridad, como tratan de decir, que hay un caos.

Semana.com: ¿Cómo pueden ayudar las medidas recién tomadas a la seguridad de Bogotá?
C.L: Yo no sé por qué separan la seguridad de la convivencia. A mí me parece que es muy sana la definición que hace la constitución política de las fuerzas de policía, que son fuerzas de prevención para la convivencia y para la garantía de las libertades públicas. Ante un decaimiento generalizado de la convivencia, como el que se vive en las zonas críticas, la sociedad no marcha.

Semana.com: ¿Y las medidas para qué sirven?
C.L: Si nosotros logramos disciplinar a los jóvenes de la 85 que no beban en el espacio público, vamos a solucionar muchísimo el tema del expendio, porque entre toda esa gente deambulando, tomando trago, se mimetizan los que andan repartiendo droga. Si logramos que se autodisciplinen los de los restaurantes y los comercios a sacar la basura en los horarios y no a cualquier hora, los expendedores ya no van a tener dónde esconder la droga, porque generalmente la camuflan entre la basura y el reciclador no va a tener argumento para estar justificando su presencia en el sector.

Semana.com: Pero también hay que meterle un poquito de fuerza a la seguridad...
C.L: Lo que pasa es que a mí me ven blandengue. Yo el otro día me vi obligada a decir que nosotros no tenemos una política de seguridad bobalicona. La gente confunde que uno se oponga a una represión de la protesta política y social a que uno se oponga a la represión del delito. Yo de lo que no soy amiga es de la represión de la protesta social pacífica, pero, al bandido, cero concesiones.


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