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¿Qué había pasado con Emmanuel? A comienzos de 2005, alias 'Gentil Duarte', cabecilla del frente séptimo, viendo las dificultades de tenerlo con ellos en los campamentos y caminatas, decidió entregarlo al cuidado de un hombre que vivía con su familia a la orilla del río Guaviare, en el municipio de El Retorno, a unos 15 kilómetros al sur de San José del Guaviare. Se le indicó que lo cuidara, que no revelara su origen y que ellos volverían algún día por él.
El niño, según cuenta José Crisanto Gómez, el hombre que lo recibió, (...), presentaba síntomas de leishmaniasis y tenía una fractura en el brazo izquierdo. Pasados unos meses, en junio de 2005, su situación de salud empeoró, y a Gómez no le quedó más remedio que llevarlo al centro de salud, donde le diagnosticaron desnutrición y lo enviaron al hospital de San José del Guaviare. Allí, los médicos, viendo el mal estado de Emmanuel, a quien Gómez registró como Juan David Gómez Tapiero, decidieron remitirlo al Bienestar Familiar, entidad oficial que desde entonces se hizo cargo de él.
Gómez se preocupó al ver que el Estado le quitaba el niño que le había encomendado la guerrilla y pidió, sin éxito, que se lo devolvieran. (...) Cuando los guerrilleros volvieron a su casa, más de dos años después, a recoger al niño, para cumplir con la liberación prometida, se encontraron con la sorpresa de su ausencia y amenazaron a Gómez con matarlo si no recuperaba a Emmanuel y lo devolvía en el transcurso de unos días. (...)
Gómez, por su parte, viajó de El Retorno a Bogotá y comenzó desesperadamente a buscar el hogar sustituto donde podría estar el niño. También la guerrilla emprendió su búsqueda. Incluso una noche -según me comentó el general Montoya- dos carros con placas diplomáticas parquearon frente al hogar sustituto en que estaba Emmanuel, y unas personas de traje y corbata se bajaron.(...). Esta extraña visita prendió nuestras alarmas, por lo que el 28 de diciembre lo retiramos del hogar del Bienestar Familiar y lo pusimos bajo custodia de personal especializado en un lugar secreto.
El 29 por la mañana reuní en mi oficina a los generales Padilla, Montoya y Naranjo, y al viceministro Sergio Jaramillo para analizar la situación. Allí les comenté que, antes de partir para Cartagena, a donde iba a pasar el fin de año, pondría al tanto de la situación a Bárbara Hintermann, jefa del Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia, para que después no se dijera que por culpa del gobierno no se había hecho la entrega. Así fue. Me reuní con Bárbara, con quien había hecho buenas migas en nuestro esfuerzo conjunto por mejorar la situación de los derechos humanos en las Fuerzas Armadas.(...) Le dije que si la guerrilla no liberaba a Emmanuel, como lo había prometido, lo más probable era que el niño que teníamos a nuestro cuidado fuera el hijo de Clara, y se lo entregaríamos a ella. (...)
Mientras tanto llegaron las delegaciones internacionales, procedentes de Venezuela, a la ciudad de Villavicencio, capital de Meta, que se había escogido como sede logística de la operación. También arribó el famoso director de cine Oliver Stone, invitado por el gobierno venezolano para filmar el regreso de los liberados. Sólo faltaba que las Farc hicieran saber a Chávez las coordenadas y la hora de la liberación para que el operativo se pusiera en marcha.
Pero las horas transcurrían y nada pasaba.(...) Esa noche del 30 me convencí de que nos iban a hacer una verdadera "maturranga" para hacernos quedar como los responsables del fracaso.(...) Al mismo tiempo, la guerrilla supuestamente le hizo llegar una carta a Chávez en la que alegaba falta de condiciones de seguridad para entregar a los secuestrados, la cual el mandatario venezolano dio a conocer por televisión (...).
Por supuesto, no era cierto lo de los "intensos operativos militares". Pero el macabro plan les estaba funcionando y esa mañana prácticamente todos los medios internacionales, basados en el falaz comunicado, comenzaron a difundir la noticia de que la liberación se estaba frustrando por culpa del Estado colombiano.
Alarmado por la situación, llamé al presidente Uribe, con quien habíamos planeado ir ese último día del año a visitar los soldados en un batallón del Caribe colombiano (...) Lo puse al tanto de lo que había sucedido en las últimas horas y le sugerí que fuéramos a Villavicencio, donde aguardaban los delegados internacionales en un ambiente de impaciencia (...)
El Presidente no vaciló y me dijo que estuviera listo, que me recogía en Cartagena, para volar hacia Villavicencio. (...) Cuando me estaba subiendo al avión del Presidente, me llamó Elvira Forero, la directora del Instituto de Bienestar Familiar, con quien habíamos coordinado todo lo referente al niño, a informarme que alguien muy angustiado había ido a reclamarlo, y que el personaje, con voz temblorosa, había dicho que si no le devolvían el niño, lo matarían a él y a su familia. Esa llamada me dio una gran tranquilidad porque confirmaba nuestra hipótesis (...).
Llegamos a eso de la 1 de la tarde a la base de Apiay y de inmediato nos reunimos con el grupo de delegados internacionales que coordinaba el propio presidente Kirchner. Allí estaba también el canciller Maduro, de Venezuela. Todos casi al unísono comenzaron a responsabilizar al Ejército por el fracaso de la entrega. El presidente Uribe los escuchó pacientemente y puso al general Montoya a que explicara que el Ejército no había hecho ningún tipo de operación en esa zona.
Cuando el general se encontraba en plena exposición con mapa en mano, uno de los edecanes de Palacio me pasó un papelito en el que me informaba que el presidente Chávez, en vivo y en directo por televisión, estaba difundiendo la versión de los supuestos operativos militares. Le sugerí al presidente Uribe que era hora de actuar y tomó la palabra para exponerles la hipótesis de que las Farc no tenían a Emmanuel y que esa era la verdadera razón por la cual no habían procedido a las liberaciones. Recuerdo muy bien el comentario del ex presidente Kirchner al enterarse del engaño de la guerrilla: "Si eso es así, entonces ¡quedamos como unos boludos!"
El presidente Uribe salió en seguida a dar una extensa rueda de prensa en la que explicó, con detalle, las razones que nos llevaban a pensar que Emmanuel estaba en poder nuestro y no de la guerrilla.
"Estamos llenos de motivos para desconfiar de las Farc y esto nos obligaba a transmitirlo a los delegados humanitarios internacionales", dijo el Presidente (...).
"Es un asunto meramente hipotético. Indica que las Farc no se han atrevido a cumplir el compromiso de liberar a los secuestrados, porque no tienen en su poder al niño Emmanuel".
La perplejidad de los periodistas y del público en general fue total. El presidente Uribe estaba develando ante el mundo una de las mentiras más grotescas de la guerrilla, que demostraba, además, sus graves problemas de comunicación.
A los pocos días, las pruebas de ADN practicadas por el Instituto de Medicina Legal de Colombia, que serían luego reconfirmadas por el Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, dejaron claro, sin lugar a duda, que el pequeño Juan David Gómez era en realidad
Emmanuel, el primer niño nacido en cautiverio en la historia del secuestro en Colombia (...).
Las Farc, viéndose acorraladas, no tuvieron más remedio que reconocer que no tenían a Emmanuel, y lo hicieron con uno de los comunicados más cínicos y absurdos que se pueda imaginar:
"Experto en cortinas de humo, el gobierno narco-paramilitar de Uribe Vélez, previa consulta a su amo en Washington, ha resuelto secuestrar en Bogotá al niño Emmanuel con el infeliz propósito de sabotear su entrega, la de su madre Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez".
¡Faltaba más! ¡Ahora los secuestradores acusaban al gobierno de haber raptado al hijo de Clara Rojas! Por supuesto, nadie tomó en serio sus palabras, surgidas de la frustración de haber sido atrapados otra vez en la mentira.
Finalmente, el 10 de enero de 2008 fueron liberadas, con todas las garantías dadas por el gobierno colombiano y sus Fuerzas Armadas, Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, en una zona selvática del Guaviare. Fueron recogidas por una delegación venezolana, acompañada por miembros de la Cruz Roja Internacional, y llevadas al vecino país, donde Chávez las esperaba. Esta vez no hubo espectáculos, ni delegados de siete países, ni director de Hollywood. El show se intentó hacer en el palacio de Miraflores en Caracas, pero ya no era lo mismo.
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