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Aunque vaya en contra de la corriente, en el país sí hay una encuesta que muestra al presidente Uribe como perdedor ante una eventual elección presidencial. Y como si fuera poco, esa misma encuesta revela que quien lo supera en la intención de votos es nada más que Gustavo Petro, el candidato presidencial del Polo Democrático Alternativo (PDA).
Este resultado sólo se podía dar en el suroccidente colombiano. El mismo que hace un año puso al gobierno contra las cuerdas tras el colapso de las pirámides de DMG y Drfe. El sondeo que midió la intención de voto de 990 personas fue realizado por la Universidad de Nariño en cuatro ciudades de ese departamento: Pasto, Ipiales, Túquerres y Tumaco. Los resultados obedecen más a una tendencia ideológica que creció y parece sintonizarse con los habitantes de los cuatro departamentos de la zona. Esta región se convirtió en terreno fértil para los postulados ideológicos de la izquierda agrupada en al menos ocho partidos políticos, entre ellos el PDA y los movimientos indígenas.
Ese resurgir se debe, en primer lugar, a una causa histórica. En esa región, la movilización campesina e indígena en busca de reivindicaciones étnicas y sociales ha sido muy fuerte, desde el grupo encabezado por el líder indígena Quintín Lame, en los años 20, hasta el surgimiento del grupo guerrillero M-19, en los años 70, en las universidades públicas del Valle.
Por otro lado, los buenos gobernantes que han pasado por esos territorios juegan a favor de los candidatos socialdemócratas. En los últimos tres períodos Nariño ha tenido gobernadores de izquierda: Parmenio Cuéllar, Eduardo Zúñiga y Antonio Navarro. Éste ha tenido que enfrentar graves problemas de orden público y de catástrofes naturales que padece la región. En Cauca es creciente la influencia política de las comunidades indígenas, cuyo caudal electoral les permite sumar 80 concejales, dos diputados y una decena de alcaldes. De hecho, el partido Alianza Social Indígena (ASI), del senador Jesús Piñacué, fue célebre en las pasadas elecciones por la feria de avales. En 2001 la fuerza social de los indígenas llevó a la gobernación al guambiano Floro Tunubalá.
En Valle, el ejemplo más reciente sobre las preferencias de centro izquierda es el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, hijo del célebre líder guerrillero Iván Marino Ospina, uno de los fundadores del M-19. Antes de Ospina, el Valle ya había experimentado un gobernante de izquierda, el gobernador Angelino Garzón, quien fue un reconocido líder sindical y dedicó buena parte de su gestión a defender las finanzas públicas del departamento.
Una manera sencilla de medir el protagonismo del pensamiento socialista que fluye en la región recae en la histórica lucha por la tierra que aún en pleno siglo XXI lideran los 240.000 indígenas asentados en Cauca. O qué decir del discurso social e incluyente que aplicó el alcalde Ospina en una ciudad que había perdido la fe en sus gobernantes luego de tres mandatos locales con desaciertos. Ese esquema le permitió ejecutar medidas tan impopulares como el cobro por valorización de las mega obras que necesita la ciudad. Y ni hablar del timonazo ideológico que sufrió Nariño en la última década, tras la hegemonía conservadora. Hoy, de las 61 alcaldías, sólo 11 son del partido Conservador.
Pese a la luz propia con la que brillan algunos de los gobernantes de izquierda, el tema de la nueva ola socialista parece ser mucho más complejo. De ahí que políticos, historiadores y sociólogos coincidan en afirmar que parte de ese resurgir obedece a que la región fue escenario de diversos brotes revolucionarios como el mismo M-19, el Quintín Lame, la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), todos ellos asentados en Cauca. "Hay una historia de rebeldía", explicó Navarro, quien militó en el M-19 y ayudó a fundar el Quintín Lame.
Pero también hay quienes piensan que el tema es cultural. El sociólogo Alfredo Molano cree que la tendencia socialista incrustada en la región es una herencia incaica, "esa estructura hizo comunes las fuerzas asociativas y de solidaridad como el cooperativismo". No obstante, Daniel Piñacué, gobernador indígena que aspira a reemplazar en el Senado a su hermano Jesús, cree que el caldo de cultivo de esa tendencia social creciente en la zona es producto de la discriminación con la que los gobernantes sometieron a las etnias rurales. "Eso hizo que nuestras necesidades se convirtieran en un problema común".
Se podría afirmar que la suma de todo lo anterior es la causa de esta nueva tendencia política que se ha extendido en la región. O, como lo afirma Jorge Hernández, profesor de sociología de la Universidad del Valle, "es una coincidencia de fenómenos sociales en los que confluyen los movimientos subversivos, indígenas y la penetración del narcotráfico en la clase dirigente tradicional", explicó a SEMANA.
Sin importar los motivos, lo cierto es que por ahora la izquierda democrática goza de su cuarto de hora en el suroccidente colombiano. Las cifras hablan por sí solas. Por ejemplo, Nariño es el único departamento del país donde el candidato del Polo Democrático, Carlos Gaviria, le ganó a Uribe durante las elecciones presidenciales de 2006. A ese hecho se suma que en esa misma región está el único gobernador que sacó el Polo, Antonio Navarro, en Nariño. Es más, el 40 por ciento de los 22 diputados que tiene el Polo en todo el país fueron elegidos en Putumayo, Nariño, Cauca y Valle, al igual que el 60 por ciento de los alcaldes y el 45 por ciento de sus concejales. El bloque parlamentario del partido está integrado por 17 congresistas y cinco son de la zona, sumados a los cuatro congresistas de circunscripción especial por indígenas y negritudes.
Recogiendo lo escrito por Carlos Marx en su manifiesto de 1848, se podría decir que un fantasma recorre el sur de Colombia, el fantasma de una nueva izquierda que no sólo ha interpretado una difícil realidad social, sino que ha demostrado que puede gobernar.
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