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| 1/1/2018 12:00:00 AM

Así es José Néstor Pékerman

Fiel amigo, estudioso del fútbol (sin ser obsesivo), un tipo familiar y protector de su intimidad. Así es José Néstor Pékerman, el director técnico argentino que ha llevado a Colombia a dos mundiales.

Hay pocos momentos en los que José Pékerman no piensa en la Selección Colombia. Como un ajedrecista que traza jugadas mentales en sus ratos libres, ensaya formaciones imaginarias –que no siempre son las propias– hasta en sus tiempos de descanso. Sin embargo, no es un obseso; no es un hombre que haga a un lado a su mujer para imaginarla en ese momento cerrando el avance rival, al estilo enfermizo de Carlos Bilardo. Cuando Pékerman comparte las horas con su familia, logra abstraerse de ese universo magnético que es el fútbol.

La figura más popular de Colombia, según una encuesta realizada en los últimos meses por la Gran Alianza Nacional de Medios, también es un hombre impenetrable. Aunque los entrenadores de fútbol no cultivan una vida de estrellas de rock, hay quienes se entregan al show mediático, a la exposición como otra forma del oficio y a la polémica como alimento. Pékerman, al contrario, construyó una muralla en la frontera de su mundo íntimo, al punto de considerarse él mismo un sujeto aburrido.

“Es un perro verde del fútbol”, dice Roberto Di Noia, el mejor amigo del técnico, a quien conoce desde hace más de 50 años. “¿Y sabés por qué? Porque José se aboca tanto a su trabajo, está tan metido en su oficio, que nunca le interesó hacer una nota a nivel personal. No negocia su intimidad”.

Si bien no viaja con demasiada frecuencia a la Argentina –prefiere quedarse en Bogotá, ser entrenador de selección tiempo completo–, cuando lo hace, se refugia en Hurlingham, una localidad residencial de chalets y casas bajas, al oeste de la provincia de Buenos Aires, donde pasa el tiempo con su mujer, Matilde Michelian. Se encuentra con Vanessa, su hija mayor, que nació en Medellín cuando él jugaba en el DIM. O se escapa hasta Mendoza, donde vive su otra hija, Ivana, que también se hace espacio para visitarlo. Donde sea, lo que más disfruta es el tiempo con sus cuatro nietos, todos varones.

Que mantenga una amistad de cinco décadas con Di Noia habla también de su apego a esas relaciones. No es un huraño, puede generar nuevos vínculos, algún colaborador con el que estableció una cercanía, excompañeros, pero todo en la vida de Pékerman tiene que ver con el barrio, con Martín Coronado, cerca de Hurlingham, el lugar al que llegó a los 7 años desde Villa Domínguez, provincia de Entre Ríos, de la mano de su padre Óscar y su madre Raquel. El barrio y también los días arriba del taxi, ese paréntesis con el fútbol, contornearon a un hombre común, que, sin embargo, cuando se sube a un avión abre un libro de coaching, de fútbol o de comunicación –pero sobre todo de fútbol– y piensa cómo será el próximo partido de Colombia.

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