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sábado, 21 de noviembre de 2009
Cartas
"La guerra fría entre Colombia y Venezuela no le sirve a nadie. Somos pueblos hermanos, y punto". Julián Roldán, Ibagué.
Sábado 7 Noviembre 2009
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Paute fácil

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Una situación similar
Parece jocoso e inverosímil, pero cada vez que veo la portada de Chávez con un cohete entre sus mandíbulas (SEMANA #1429) me inclino a pensar que Colombia está experimentando una situación similar a la de Polonia en 1939 cuando Hitler le dio rienda suelta a su inmenso poderío militar, masacrando a los polacos en busca de su famoso ‘Lebensraum’ (espacio vital) para el Tercer Reich. Hoy ocurre algo parecido: tenemos a Chávez armándose hasta los dientes, buscando pretextos y camorra para justificar una invasión a Colombia con el ánimo de tapar cualquier cantidad de problemas domésticos que tienen agobiado al pueblo venezolano y a desarrollar sus descabellados planes de expansionismo bolivariano. El teniente coronel Chávez está a punto de armar un conflicto bélico y Estados Unidos se hallará desempeñando el papel de Inglaterra y Francia en aquella época en la que le declararon la guerra a la Alemania nazi en defensa de la atropellada Polonia: la de proteger a Colombia. A Hitler le salió muy caro el chiste, y a Chávez, el Hitler del siglo XXI, le ocurrirá otro tanto, que de eso a nadie le quepa la menor duda.

Carlos Reger Tlusty
Bogotá

Llenos de espanto
Después de estudiar los relevantes ‘Puntos en las íes’ del artículo ‘Yanquis welcome’ (SEMANA, edición #1435), mediante los cuales el Consejo de Estado rescata el verdadero espíritu de la norma constitucional, y al cual el gobierno del presidente Uribe ya había previsto conjurar –como en efecto conjuró–, es francamente inevitable no terminar lleno de espanto. Pues, ¿qué otro sentimiento puede transmitir “un acuerdo desbalanceado” (palabras del alto tribunal), en donde “Estados Unidos manda y Colombia figura como cooperante” (¿conclusión de SEMANA?) Y lo qué es aún peor: que el alto precio a pagar por el sometimiento a los dictados imperiales no sólo esté justificado so pretexto de la guerra contra el narcotráfico y el terrorismo, sino en la vieja tesis de la guerra con Venezuela, manejada por los militares colombianos al parecer sin la fórmula de cómo armarse, sin tener en cuenta la enorme paradoja representada en el hecho de que el gobierno del presidente Uribe, tan solo hasta finales del año pasado, se ufanaba de tener al criminal Bush entre sus grandes aliados. Claro está, gracias a su incondicional apoyo a la perversa invasión de Irak. ¡Que Dios nos ampare!

Ramón Francisco García
Bogotá

La frontera no existe
Una cosa es vivir el problema de la ruptura de relaciones con nuestros hermanos ecuatorianos desde un mullido sillón en Bogotá o Quito, y otra bien distinta, es como se vive en la frontera. Como muy bien lo describe el artículo ‘El puente no está quebrado’, publicado en la edición #1435, colombianos y ecuatorianos somos como hermanos siameses, no podemos vivir el uno sin el otro.

Por décadas, para nosotros los nacidos en tierras nariñenses, la frontera física no existe, somos un solo pueblo que compartimos costumbres, tradiciones y cultura. Gran parte de la riqueza de los fértiles campos ecuatorianos ha sido forjada por las manos laboriosas de nuestros compatriotas; grandes empresas han sido fruto del espíritu emprendedor colombiano, generando riqueza y trabajo para tan noble pueblo.

No debemos permitir que intereses foráneos rompan esa hermandad que por siglos nos ha unido; somos naciones maduras capaces de tomar nuestras propias decisiones.

Luis Enrique Pantoja Coral
Bogotá

Faltó Caldas
Con sorpresa hemos visto que en su edición #1434, cuando se pretende hacer un homenaje a los próceres de nuestra independencia con motivo del bicentenario, se destacan varios de ellos en forma relevante, sin duda con justicia, pero se omite el más grande científico granadino, don Francisco José de Caldas. Este insigne ciudadano, matemático y físico genial, naturalista no superado, de vida noble y pura, consagrado a la meditación y al estudio cósmico en sus planes e ideales, titánico en su esfuerzo y consagración, científico sin par por temperamento, original en sus grandes inventos, reconocidos por el universo, que con justicia reclama haber sido una de las glorias más excelsas de Colombia y del mundo americano. Pocas vidas ofrecen un esfuerzo más grande, una inteligencia más lúcida y una inclinación más constante hacia las ciencias naturales en un medio y en una época en que pugnaba por germinar la actividad científica y el deseo de saber, reprimido en tres siglos de servidumbre colonial.

Por lo anterior, nos extraña que no se tenga al sabio Caldas como uno de los valores más altos de la Nación, pues en su tiempo, fue gloria de la hispanidad y creemos que uno de los más grandes errores cometidos por España durante la época colonial, fue no haber adoptado y exaltado una personalidad reconocida en el mundo por sus excelsas condiciones científicas y personales.

Miguel Santamaría Dávila
Bogotá