Los de abajo
Pre-Textos, 2009
334 páginas
Esta novela ocurre durante nuestras guerras de independencia y su protagonista es el coronel Juan José Rondón, el 'negro', hijo de un esclavo manumiso, quien con su grupo de lanceros llaneros tuvo una actuación decisiva en las triunfales batallas del Pantano de Vargas y Boyacá. Dicho lo anterior, hay que advertirle al lector suspicaz que no se trata de ninguna obra edificante sobre nuestros próceres ni, tampoco, de un proyecto oportunista: el autor la tenía en mente desde mucho antes de que se empezara a hablar de las celebraciones del Bicentenario. Y hay razones para creerle: Vuelvan caras, ¡Carajo!, evidentemente, continúa la indagación histórica sobre la violencia colombiana iniciada en su anterior novela, Tanta sangre vista.
Entonces, antes de que la neutralicen con la peligrosa etiqueta de “novela histórica colombiana”, hay que decir en su defensa que más parece una novela de aventuras, de amor a los caballos y a la vida dura y emocionante de sus jinetes. Muy bien escrita y bastante creíble porque la función del narrador fue escogida con acierto: Angus Malone, un escocés veterano de las guerras napoleónicas, tiene la distancia exacta para no caer en la glorificación, pero tampoco en la indolencia frente al valor y la amistad de aquellos soldados improvisados en una geografía inclemente.
Juan José Rondón existe tanto como la llanura, el páramo y el sudor de los caballos: “Ya en el campamento nocturno que habíamos establecido para reponer fuerzas después de una jornada infame, asamos carne de ternera, conversamos y escuchamos joropos improvisados de los llaneros, cuyas noches de guerra son iguales a las de los tiempos de paz: mucha música de cuerda y coplas, bromas pesadas y un absoluto menosprecio por la autoridad”. Establecida una realidad concreta, lo básico en el arte, podemos entrar en el terreno de las generalidades. Vuelvan caras, ¡Carajo!, es también la gesta de independencia contada desde el nada despreciable punto de vista de la soldadesca. Vistos desde abajo, qué distintos son Bolívar, Páez y Santander.
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