Una funcionaria administrativa del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) recuerda la orden de trabajo más singular que le han dado a ella junto a dos compañeras más de alta confianza de la dirección de esta entidad. Ellas tenían que hacer turnos de 12 horas en la cárcel de mujeres El Buen Pastor de Bogotá, donde en esa época estaba recluida alias 'Sonia', la guerrillera de gran valor para las Farc, que fue capturada en un operativo quirúrgico en la mitad de la selva, y luego extraditada. Las funcionarias tenían que estar al frente de la celda en el momento de la comida. Allí llevaban tres platos. 'Sonia' escogía uno al azar, y los otros eran para la funcionaria y la guardiana. La guerrillera siempre esperaba a que sus otras dos comensales empezaran y, tras comprobar que no les sucedía nada, ella procedía con su plato. Era tal la sicosis de que pudieran atentar con un veneno contra ella, que para pasar las largas jornadas, las funcionarias preferían el tinto que la guerrillera preparaba dentro de su celda, que el que circulaba por los pasillos.
La situación de alias 'Sonia' en ese momento es la misma que hoy tienen una veintena de internos, de los 70.000 que están en las cárceles del país. Ellos son el top de las condiciones excepcionales de seguridad en el país. En muchos casos es porque, fruto de sus actividades delincuenciales, han cosechado innumerables y poderosos enemigos. Cualquiera de ellos estaría en capacidad de atentar contra ellos, mientras el Estado tiene que salvaguardarlos para permitir que cumplan su condena. Este, por ejemplo, es el caso de alias 'Popeye', el temido jefe de sicarios de Pablo Escobar, que purga su pena en la cárcel de alta seguridad de Cómbita, en Boyacá. Su situación es tan excepcional, que pese al hacinamiento que hay en el país, es el único recluso que tiene un pabellón sólo para él. Por seguridad, las 12 celdas que colindan con la suya permanecen vacías.
En otros casos es por que hay información de que sus organizaciones criminales están dispuestas a rescatar a los internos, así sea a sangre y fuego. Esto sucedió con el capo del narcotráfico Eugenio Montoya, lo que obligó en ese mismo penal a reforzar los anillos de seguridad con Policía y Ejército.
También están aquellos reclusos que quedaron expuestos a una retaliación que puede venir de cualquier lado, por la alta exposición mediática que tuvieron sus casos. Es la situación de Orlando Pelayo, asesino de su hijo Santiago, en Chía. O condenados que despiertan fuerte indignación, como Luis Alfredo Garavito, que violó y asesinó a más de 150 niños.
La mayoría del grupo de los más protegidos del país fueron miembros de las Farc. Son una decena en la que están, por ejemplo, alias 'Martín Sombra', el carcelero de Íngrid Betancourt; 'César' y 'Gafas', los capturados en la operación 'Jaque', y 'Rojas', el guerrillero que cobró la recompensa tras asesinar a su comandante 'Iván Ríos' y entregar una de sus manos como testimonio de la acción.
Le sigue el grupo de algunos de los jefes paramilitares como 'Don Mario', capturado recientemente; 'Monoleche', el asesino de Carlos Castaño, y 'Diego Vecino', el financiero del otrora poderoso Bloque Central Bolívar (BCB). También están David Murcia Guzmán y William Suárez, de DMG, mientras esperan que la justicia les resuelva su situación, y personas clave en procesos de alta sensibilidad, como alias 'Zeus', quien es fundamental en investigaciones que han mostrado la infiltración del narcotráfico en el Ejército.
Estos reclusos tienen una hora de sol al día, que toman solos, en patios aislados y fuertemente custodiados. Su celdas son individuales, tienen regímenes especiales para visitas íntimas y cuidados especiales en su alimentación. Por ejemplo, las gaseosas que toman se compran directamente a los fabricantes.
En La Picota de Bogotá se filma todo el proceso, desde el momento en que se recogen los platos, el lavado de los mismos y la selección de los alimentos. Un guardia indica de qué parte de la olla se saca la porción que va para estos reos especiales, y luego se le pide al cocinero que pruebe de todos los alimentos que sirvió. La filmación continúa registrando todo el recorrido de los platos hasta la celda, y al ingreso los mismos guardias son sometidos a requisas. Para estar tranquilos, algunos internos piden ver el video antes de tomar sus alimentos. .
El otro momento que necesita medidas especiales es cuando se requiere algún traslado por motivos de salud o atendiendo solicitudes de la justicia. Son tan exigentes estos operativos, que para ellos el Inpec tiene dos fuerzas elites, el Comando Operativo de Reclusos de Especial Seguridad (Cores) y el Grupo de Reacción Inmediata (GRI). Son cerca de 200 hombres con formación especial en tomas de instalaciones, manejo de armamento y vigilancia de este tipo de reclusos. Hay reos cuyos movimientos sólo se hacen en tres helicópteros. En uno va el interno, y dos vigilan. Así se hizo con el capo alias 'Don Diego'. Aun así, al aterrizar y despegar, se acordonan varios cientos de metros a la redonda y se restringe el espacio aéreo. Otros, requieren vuelos chárter, como el caso de 'Diego Vecino' cuando tiene que declarar en la Costa, región que fue su área de influencia.
Ya en las ciudades, como fue muy evidente en el caso de David Murcia, estos operativos en ocasiones movilizan más de 100 personas, incluido el acompañamiento de la Policía. Además, tiene medidas excepcionales como chalecos antibalas para los reos, escudos de protección, dos tanquetas, camionetas, motos de escolta y de control de tránsito, y las rutas muchas veces son sorteadas y sólo las conocen pocas personas.
¿Quién será el próximo que tendrá semejantes medidas extremas de protección? Uno de los coroneles que conocen el detalle de estos centros de reclusión comenta con cierta ilusión: "Ya estamos esperando a Yair Klein", el mercenario que entrenó los primeros grupos paramilitares del Magdalena Medio, que está detenido en Rusia y en trámite de extradición hacia Colombia. Y con ironía concluye: "aquí ya le tenemos su 'suite'".
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