Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/10/03 00:00

Acerca de la reforma tributaria

Martes 5. Mario Pérez, un lector de SEMANA.COM, opina que el IVA, cuyo aumento está contemplado en la última reforma tributaria propuesta por el gobierno, se ha convertido en el principal factor de carestía y pobreza.

Acerca de la reforma tributaria

El IVA, como impuesto, carece de filosofía retributiva, no diferencia lo suntuario de lo necesario y , gracias a sus dos dígitos, es constante tentación para los evasores.

El IVA se ha convertido en nuestro principal factor de carestía y pobreza: Su efecto es superior al 16% de los precios básicos en los productos que cubre y su impacto, en el costo de vida, ya es más fuerte que la devaluación y la inflación juntas.

Y, a pesar de todo, ningún proyecto de reforma tributaria sugiere abolirlo. Por el contrario, ahora, parodiando la estrategia del "peajito", se anuncia que a la canasta familiar le llegará pronto el IVA, pero en forma de "impuestico"

Para exhibir un producto gravado, el productor o importador suma al costo de adquisición el IVA vigente, luego la rentabilidad deseada y fija así el precio de venta; eso mismo hace, sobre el mismo producto, cada revendedor siguiente, que, con tiendas de barrios, son más de tres los intermediarios necesarios, para que el bien llegue al consumidor final. Así, el IVA genera sobre costos incontrolados, imaginando en esa cadena, un valor agregado, al cual se le aplica de nuevo el IVA, por el solo hecho de cambiar de estantería o de tienda.

Al final, el único que paga todos esos IVAs y nunca se los devuelven, es el consumidor final de bienes y servicios. Los demás (industriales y comerciantes), sólo son recaudadores de lo que paga el consumidor y, por el contrario el IVA los favorece, pues en muchos casos es la medicina para su iliquidez, ya que, pasados muchos días de recolectado, se limitan a declararlo y a entregarle bimensualmente al Estado lo que quede, después de restarle, a la suma recolectada, el IVA que ellos pagaron a sus proveedores. Son, una especie de juez y parte, con estos dineros estatales.

Así, de ese 16% que sobre las ventas pagan los consumidores, lo que finalmente llega al fisco oscila entre el 4%, para el más honesto de los casos y, 0%, si el declarante es evasor. Ahora, si se trata de "evasores más decentes", el IVA declarado lo van llevando a cuentas por pagar a largo plazo que nunca se pagan y ese IVA, se vuelve a ver, cuando el negocio está en venta o en proceso de liquidación o quiebra, en cuyo caso, el Estado encabeza la lista de acreedores (IVA recolectado que nunca se pagó, deducciones efectuadas a los trabajadores, que nunca se consignaron al ISS, etc.).

Resumiendo: El IVA, en lugar de aumentar, debería desaparecer. Toda venta tiene que pagar un impuesto. Sí. Pero un impuesto con filosofía retributiva. Si se trata de bienes o servicios suntuosos, que importa que el impuesto sea alto, pero que lo pague el afortunado comprador y, si es de consumo masivo y necesario, que sea un porcentaje bajo, pero que lo pague el vendedor que es, entre las partes del negocio, el único que queda con dinero.

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