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| 10/10/2004 12:00:00 AM

Aprender de la propia experiencia

En el marco del debate sobre el proceso de paz con el M-19, el académico Alejo Vargas opina que buscar explicaciones en "los demonios del pasado" no es útil para los esfuerzos de paz.

Una afirmación muy común con alto nivel de realismo, es aquella que dice: todo mundo habla de la experiencia pero casi nadie aprende de ella. Esto es válido en distintos campos y especialmente en lo relacionado con los asuntos de gobierno. Si hay un campo importante en el cual se puede aprender de los propios errores para tratar de no repetirlos, o de los éxitos para utilizarlos en otros campos, es en lo atinente a la gestión de gobierno. Sin embargo, los gobiernos tienden a hacer caso omiso, de las experiencias del pasado y asumen que lo apropiado es 'borrón y cuenta nueva', con lo cual desprecian lo aprendido (positivo y negativo) y normalmente vuelven a hacer todo el proceso de aprendizaje.

Esto tiene pertinencia a propósito del debate suscitado por las declaraciones del Presidente Uribe sobre la negociación con el M-19; declaraciones sin duda fuera de sitio y de tono. Si hay un campo en el cual existe un acumulado de experiencias en Colombia (positivas y negativas) es en los procesos de negociación y paz. Llevamos veinte años haciendo esfuerzos por buscar la paz (en relación con este último ciclo de violencia), sin contar la experiencia de los múltiples enfrentamientos armados entre liberales y conservadores en el siglo XIX y XX, que se saldaron también con procesos de negociación y paz.

Es más útil para abordar los actuales proceso de conversaciones entre el Gobierno y actores armados ilegales, una reflexión ponderada, seria y con muchas miradas, de las experiencias del pasado, para ver qué se puede aprender en cuanto a procedimientos de negociación y al contenido de los acuerdos, que plantear una polémica pública que sólo conduce a despertar demonios del pasado que en buena medida los proceso de negociación buscaron superar. Un ejercicio tranquilo, sin alharacas mediáticas, sin armar peleas innecesarias con protagonistas de estos procesos, en algunos casos ya fallecidos, podría servirle mucho a los actuales negociadores para buscar luces en relación con los procesos y desafíos en curso y servirían también a la sociedad para aprender de lo positivo y lo negativo que se dio.

Hoy día estamos en un contexto internacional y nacional distinto. En lo internacional, en un mundo globalizado cada vez menos tolerante con violaciones graves a los derechos humanos y al DIH, es decir, menos propenso a aceptar impunidad a cambio de paz; en el cual las tradicionales soberanías estatales tienden a debilitarse ante la presencia de mecanismos de justicia transnacionales, como la Corte Penal Internacional, inexistentes en el paso reciente. Los Estados hoy día cuentan con menor margen de maniobra que hace dos o tres decenios y tiende a darse una 'condicionalidad' internacional a los Estados en relación con la capacidad de éstos de aplicar justicia. Pero igualmente, la comunidad internacional no puede olvidar que la búsqueda de la paz conlleva niveles de impunidad. Qué tanta y sobre qué tipo de conductas criminales, es lo que debe ser producto de debates en las sociedades que viven estos conflictos, como la nuestra.

En lo nacional, tenemos unas sociedades menos ingenuas en relación con las dificultades para conseguir superar los enfrentamientos armados. En el pasado quizá se pensaba que eso era simplemente un problema de buena voluntad; hoy se sabe que hay intereses en juego de los actores de la confrontación armada, que terminar con los enfrentamientos no es sencillo, que el tema de la justicia, la verdad y la reparación son muy importantes. Es decir, todos hemos aprendido lo cual hace las cosas más difíciles, pero no imposibles.

Dificulta más las cosas estar todo el tiempo buscando armar nuevas controversias o resucitar las del pasado, sin valorar suficientemente las nuevas realidades y los nuevos retos.

*Profesor Universidad Nacional y experto en resolución de conflictos.
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