Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/07/07 00:00

Beca en memoria de Luisa Solarte

Luisa Fernanda Solarte estaba convencida de que trabajar por Colombia valía la pena. Así lo hizo. Pero como en este país parece que ni siquiera el destino tuviera claro su naturaleza, esa convicción y ese esfuerzo se truncaron.

Beca en memoria de Luisa Solarte

El 7 de febrero, un viernes de esos en los que los colombianos olvidan que cualquier cosa puede pasar, una bomba en el club El Nogal le reactivó a todos la memoria. Ese día, Luisa comenzó a hacer parte de ese destino ‘tan corriente’ cargado de violencia y, paradójicamente, de un realismo mágico en el que todos deberían tener una segunda oportunidad sobre esta tierra, aún condenados a cien años de soledad.

Sin embargo, el pasado 2 de mayo ese destino se truncó a sí mismo. Luisa tendrá un lugar en la historia y aunque podría estar inmersa entre muchas más, ganó ese espacio con derecho.

Doug Daft, presidente mundial de Coca Cola Company, la empresa donde esta colombiana trabajaba como gerente de Canales y Categorías, decidió destacar las convicciones de Luisa, el amor a lo que hacía y a su país.

Durante la ceremonia anual de graduación de la Universidad de Thunderbird, en Phoenix (Arizona), de donde se graduó en gerencia de negocios internacionales en 1998, Daft anunció la creación de una beca vitalicia, con su nombre y para honrar su memoria.

“Ella fue una persona excepcional de gran profesionalismo y compromiso con su país (...) Creía apasionadamente en que la gestión empresarial y el servicio al cliente podían lograrse en una economía y sociedad sitiadas como la colombiana”, dijo Daft en su discurso.

Describió a Luisa con certeza, a la ingeniera industrial de la Universidad de Los Andes, de 30 años, que antes trabajó en el Citybank y en IBM, pero sobre todo a una colombiana que tenía al país dentro de su proyecto de vida.

La beca tendrá esta filosofía y como explica su esposo, Julio Otálora, será de US$50.000 que se depositarán en un fondo para que con el tiempo aumente su monto y así pueda adjudicarse a más personas.

“Estará destinada a estudiantes de países con problemas de violencia, de todo el mundo. Aunque se pensó que fuera para mujeres, la muerte de Luisa no fue por razones de género sino por la violencia”, dice Julio. Agrega que él está definiendo, junto con la universidad, los criterios de la beca que comenzará en enero del 2004.

La otra Luisa

La beca destacará a la ejecutiva brillante, pero detrás de esa carrera llena de logros está la otra Luisa, la que conocieron pocos. Fue beneficiaria de COLFUTURO en 1997 y así llegó a Thunderbird a estudiar su maestría.

Julio la recuerda como una persona muy alegre, amiguera, que estando en Phoenix se metía en cuanto comité, grupo o entidad extracurricular la invitara a trabajar por la cultura latina.

Fue en la universidad donde Julio y Luisa se conocieron. Primero fueron amigos y juntos enseñaron a bailar salsa y merengue a estudiantes de diferentes nacionalidades gracias a que ella presidió el Club Latinoamericano. “Llegamos a tener a más de 200 personas en una clase”, cuenta su esposo.

Después de unas vacaciones, ambos terminaron con sus novios y desde allí fueron, como dice Julio, inseparables. “Creo que lo mejor fue haberla conocido y entenderla primero como amiga y después como novia. Lo mismo debió sucederle a ella”, comenta.

En el 2000 se casaron, estaban felices cada uno en su trabajo y aún en la etapa de tener logros profesionales antes de los hijos. Ese carácter inseparable los llevó a hacer todo juntos y por eso el deporte y los fines de semana fuera de la casa eran plan obligado.

Esto se complementaba muy bien con su vida profesional en Coca-Cola donde estaba haciendo lo que le gustaba, “era como el sueño realizado”, agrega Julio. Todo bajo ese denominador común de ambos: creer en Colombia.

“Pensábamos que si las personas que estudiaban en el exterior se quedaban afuera, no ayudaban a solucionar los problemas del país”, afirma Julio, muy reflexivo después de ese viernes de febrero.

Pero quedan en la mente las palabras que citó Doug Daft en su discurso: “La diferencia entre engrandecerse y acobardarse es una actitud interior”. A lo que puntualizó: “la fragilidad, la inestabilidad y lo impredecible del mundo moderno es tal, que podríamos ser perdonados por nuestro temor a afrontar sus retos. Por supuesto, no tienen que perdonárnoslo”.

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