Jueves, 19 de enero de 2017

| 2005/01/23 00:00

Bravura y pundonor en la primera corrida de abono

Lunes 24. Vuelta al ruedo y petición de indulto para un toro de Mondoñedo. Los diestros nacionales dieron la cara. Gran estocada de Ramsés. Una oreja para Camacho. Lea la crónica de Mauricio García sobre la corrida del domingo.

Bravura y pundonor en la primera corrida de abono

a bravura está por encima de la clase y la bondad.

El encierro enviado a la Santamaría correspondió al tipo propio de su encaste: toros bajos de cruz, enmorrillados, cortos de remos y cuyo trapío, con excepción del quinto, hizo olvidar el promedio de 466 kgs, que dieron en la báscula. Fueron celosos con los caballos, con buen estilo y arrancándose de largo con bello tranco cuando fueron colocados correctamente en jurisdicción del varilarguero; persiguieron con codicia en el tercio de banderillas y en general fueron nobles.

Los diestros nacionales que conformaron el cartel dieron la cara y estuvieron valientes ante un encierro cuya bravura exigía mucho oficio y conocimiento.

César Camacho, el más veterano de la terna, pechó en su primero, con un ejemplar que aunque era pronto y aceptaba los medios, no humillaba lo suficiente para permitir mayor limpieza en la faena. Lo despachó de media atravesada saliéndose vulgarmente de la suerte. En su segundo, "Cigarrón" de nombre con 500 kgs, encontró Camacho uno de esos toros que por su bravura, gran estilo, codicia y mucho fondo, paradójicamente no son fáciles de lidiar. Se le abona haberle bajado la mano para someterlo en la muleta.

La decisión del Palco para no aceptar la petición de indulto, supone un rasero muy alto para juzgar al toro y habría que buscar sus argumentos en el desempeño del ejemplar en varas y en un gesto que tuvo, promediando el tercio de muleta, con el que indicó cierto deseo de buscar abrigo en las tablas. Como descargo al primero, se debe tomar en cuenta la tosca brega del matador y su cuadrilla para colocarlo en suerte, no dándole los terrenos de afuera sino dejándolo debajo del peto al hilo de las tablas y quitándole así, aire para emplearse. Un gran toro que se despidió en medio de la ovación del respetable mientras sus despojos daban la vuelta al ruedo.

Cristóbal Pardo muestra progresos, producto de su campaña en ruedos de países vecinos donde ha dejado magnífico cartel. Su primero, el de más franca y boyante enbestida del encierro, se dolió de su mano derecha al salir de banderillas restándole facultades para un mayor empleo en la muleta. Lo despachó con estocada desprendida entrando en derecho. Con su segundo el de menos hechuras y que desentonaba en presentación con sus hermanos, se tornó probón en el último tercio, estando Pardo valiente plantándole cara. Media desprendida, un aviso, pitos al toro y silencio del respetable cerraron la decorosa actuación de este joven diestro.

Ramsés salió decidido a ratificar el buen cartel que se ha ganado en Bogotá. A sus dos oponentes los toreó bien de capote destacándose un quite a su primero por gaoneras muy ceñidas, al que despachó con una estocada de trofeo entregándose a ley. Para recordar, el trincherazo mandón con que culminó el trasteo inicial a su segundo, al que le logró ligar tandas por ambas manos, si bien algo trompicadas, al excederse en la corta distancia. Aplausos en el primero y aviso y silencio en el que cerró el festejo.

Para destacar, la seriedad de la plaza. El silencio de una afición entendida, que espera antes de romper en ovaciones, es signo de categoría. Se espera que la exigencia y valoración de lo que acontece en el ruedo, se mantenga para cuando " las figuras " lleguen a la Santamaría.

Felicitaciones a Don Fermín y a Don Gonzalo, y que ojalá no vayan a caer en la tentación, tan común hoy en día de endulzar su ganadería.

Vea otros puntos de vista:

a bravura está por encima de la clase y la bondad.

El encierro enviado a la Santamaría correspondió al tipo propio de su encaste: toros bajos de cruz, enmorrillados, cortos de remos y cuyo trapío, con excepción del quinto, hizo olvidar el promedio de 466 kgs, que dieron en la báscula. Fueron celosos con los caballos, con buen estilo y arrancándose de largo con bello tranco cuando fueron colocados correctamente en jurisdicción del varilarguero; persiguieron con codicia en el tercio de banderillas y en general fueron nobles.

Los diestros nacionales que conformaron el cartel dieron la cara y estuvieron valientes ante un encierro cuya bravura exigía mucho oficio y conocimiento.

César Camacho, el más veterano de la terna, pechó en su primero, con un ejemplar que aunque era pronto y aceptaba los medios, no humillaba lo suficiente para permitir mayor limpieza en la faena. Lo despachó de media atravesada saliéndose vulgarmente de la suerte. En su segundo, "Cigarrón" de nombre con 500 kgs, encontró Camacho uno de esos toros que por su bravura, gran estilo, codicia y mucho fondo, paradójicamente no son fáciles de lidiar. Se le abona haberle bajado la mano para someterlo en la muleta.

La decisión del Palco para no aceptar la petición de indulto, supone un rasero muy alto para juzgar al toro y habría que buscar sus argumentos en el desempeño del ejemplar en varas y en un gesto que tuvo, promediando el tercio de muleta, con el que indicó cierto deseo de buscar abrigo en las tablas. Como descargo al primero, se debe tomar en cuenta la tosca brega del matador y su cuadrilla para colocarlo en suerte, no dándole los terrenos de afuera sino dejándolo debajo del peto al hilo de las tablas y quitándole así, aire para emplearse. Un gran toro que se despidió en medio de la ovación del respetable mientras sus despojos daban la vuelta al ruedo.

Cristóbal Pardo muestra progresos, producto de su campaña en ruedos de países vecinos donde ha dejado magnífico cartel. Su primero, el de más franca y boyante enbestida del encierro, se dolió de su mano derecha al salir de banderillas restándole facultades para un mayor empleo en la muleta. Lo despachó con estocada desprendida entrando en derecho. Con su segundo el de menos hechuras y que desentonaba en presentación con sus hermanos, se tornó probón en el último tercio, estando Pardo valiente plantándole cara. Media desprendida, un aviso, pitos al toro y silencio del respetable cerraron la decorosa actuación de este joven diestro.

Ramsés salió decidido a ratificar el buen cartel que se ha ganado en Bogotá. A sus dos oponentes los toreó bien de capote destacándose un quite a su primero por gaoneras muy ceñidas, al que despachó con una estocada de trofeo entregándose a ley. Para recordar, el trincherazo mandón con que culminó el trasteo inicial a su segundo, al que le logró ligar tandas por ambas manos, si bien algo trompicadas, al excederse en la corta distancia. Aplausos en el primero y aviso y silencio en el que cerró el festejo.

Para destacar, la seriedad de la plaza. El silencio de una afición entendida, que espera antes de romper en ovaciones, es signo de categoría. Se espera que la exigencia y valoración de lo que acontece en el ruedo, se mantenga para cuando " las figuras " lleguen a la Santamaría.

Felicitaciones a Don Fermín y a Don Gonzalo, y que ojalá no vayan a caer en la tentación, tan común hoy en día de endulzar su ganadería.

Vea otros puntos de vista:

Crónica de Mauricio Sepúlveda Castro

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