Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/05/22 00:00

Carta abierta al director de Aerocivil

Lunes 23. "En un país donde volar se ha vuelto todo un lujo y una permanente odisea, uno siempre se pregunta cuándo llegará un director de la Aeronáutica Civil que ponga la casa en orden", escribe Malcolm Peñaranda, lector de SEMANA.COM.

Carta abierta al director de Aerocivil

En un país donde volar se ha vuelto todo un lujo y una permanente odisea, uno siempre se pregunta cuándo llegará un director de la Aeronáutica Civil que ponga la casa en orden.

Directores van, directores vienen. Todos con discursos y ambiciones parecidas. Utilizando el cargo como trampolín para volar hasta puestos más importantes. Lo triste es que nuestras ilusiones como usuarios se desvanecen tan rápido como la mal llamada política de cielos abiertos.

¿Podremos hablar de cielos abiertos cuando en lugar de llegar nuevas aerolíneas extranjeras se van algunas cansadas del eterno proteccionismo a Avianca, Aires y Aerorepública?, ¿podremos hablar de cielos abiertos cuando más del ochenta por ciento de los vuelos internacionales tienen como origen y destino la ciudad de Bogotá y se impide por todos los medios que ciudades como Medellín o Cali tengan vuelos directos a países vecinos como Ecuador o Venezuela?

Tal vez a ningún director de Aerocivil le parece insólito tener que volar Cali-Bogotá-Quito o Medellín-Bogotá-Panamá y demorarse todo el día en conexiones, cuando teniendo vuelos directos en la aerolínea "bandera" serían trayectos de tan solo 45 minutos. Y le argumentan a uno que es por la demanda, por el ahorro de combustible, por disposiciones de Aerocivil. Pues los vuelos Bogotá-Panamá y Bogotá-Quito jamás salen con cupo completo del avión y sería mucho más rentable para la compañía hacer la escala en Medellín o Cali y por supuesto, también ahorraría combustible y recursos.

Esto sin mencionar que su competidora, Aerorepública ó "Aerorecocha", como cariñosamente le dicen en la costa, opera todos sus vuelos a través de Bogotá y tiene la desfachatez de dejar a sus pasajeros en el aeropuerto El Dorado sin ofrecerles siquiera un tinto para mitigar la espera.

Claro está, que lo más inadmisible es la propuesta de su antecesor en un diario nacional de cobrarle a los pasajeros el dos por ciento del valor de cada tiquete a las agencias de viaje, porcentaje mismo que las aerolíneas les quieren rebajar por su rampante mediocridad e ineficiencia.

Para pocos son un secreto los casos de viajeros perdidos por mala información, los que llegan a países para los que requerían visas y nunca les informaron, o aquellos a quienes siempre les venden lo más caro y lo más malo. Por eso algunos preferimos comprar directamente en la aerolínea o por internet. ¡Y se quejan de la falta de clientes!

Para terminar, quisiera hacerle tres preguntas concretas señor director: ¿Vamos a tener que pagar por el resto de nuestros días el impuesto de seguridad cuando ya otros países de la región lo quitaron?; ¿los aeropuertos Olaya Herrera y José María Córdoba de Medellín finalmente se integrarán y podremos volar nuevamente desde el Olaya Herrera a Bogotá y Cali en aerolíneas distintas a Satena?; ¿no le parece que la política de cielos abiertos se debe extender a las demás ciudades colombianas?

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