Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/08/29 00:00

¿Colombia bizantina o Colombia real?

Jueves 2. A propósito de nuestro artículo de portada, el consultor Darío Álvarez cree que el país no debe desgastarse en la discusión sobre el parlamentarismo.

¿Colombia bizantina o Colombia real?

Los historiadores datan el nacimiento del imperio de Bizancio al año 330 cuando se fundó la famosa ciudad de Constantinopla. Sin duda alguna la fama de este imperio, que duró hasta la caída de su capital en manos de los ejércitos turcos en 1453, recae en sus largas e infructuosas discusiones que ni llegaban a su fin, ni de las cuales se podían extraer mayores conclusiones a nivel didáctico.

Traigo a colación la historia de este imperio por su similitud al debate nacional durante las últimas tres semanas en torno a la implementación de un sistema parlamentario en nuestro país. En este tiempo los colombianos hemos sido bombardeados por los medios de comunicación y por un torrente imparable de lagartos políticos en búsqueda de cámaras y micrófonos para exponer sus pensamientos a tan "delicado e importante tema".

Tal vez esté completamente equivocado, pero en mi opinión para el 99.9 por ciento de los colombianos el debate sobre si Colombia debería ser un régimen Presidencial o un régimen de carácter Parlamentario equivale a la pelea que puedan tener dos mudos por el control de un megáfono. Obviamente no voy a profundizar en detalle mis ideas sobre el tema, porque lo último que quiero hacer es alimentar aun mas tan infructífera discusión.

Congresistas, ex presidentes: ¿ustedes de verdad creen que para aquellos compatriotas que están tratando de subsistir por carencia de empleo, para aquellos colombianos que están haciendo esfuerzos inhumanos para pagarle la educación a sus hijos, para aquellos ciudadanos que están buscando la forma de cómo incorporar a sus padres a un sistema de salud, les importa un nuevo cambio de régimen político?

Simplemente me parece tan inapropiado el debate, que la mas adecuada conclusión que se pueda observar de este suceso es la demostración por parte de la clase política colombiana de su ineptitud e inconformidad hacia la búsqueda de soluciones viables a los verdaderos problemas que agobian a nuestro país.

Pero mas allá de la pérdida de tiempo, lo doloroso del debate es la profundización del desprestigio de nuestras instituciones gubernamentales como el Congreso nacional. A través de su preocupación por temas tan superfluos como este, el mensaje que se le envía a la gente pujante y trabajadora de todo el país es que el Congreso no representa los intereses de la población en general sino los intereses de unos partidos políticos obsoletos, no democráticos, moribundos y en vía de extinción.

En vez de preocuparnos por Colombia Bizantina, concentrémonos en Colombia real. ¡Esa si tiene futuro!

* Consultor

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