Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/05/29 00:00

¡Cómo chillan los Bomberos!

"No he cambiado de parecer desde septiembre de 2002, cuando dije que los Bomberos de Cali chillan más que una sirena a la madrugada", escribe Ximena Gutiérrez

¡Cómo chillan los Bomberos!

No he cambiado de parecer desde septiembre de 2002, cuando dije que los Bomberos de Cali chillan más que una sirena a la madrugada. Ni siquiera la carta incendiaria que en su momento me envió Rafael Márquez, el abogado de los "abnegados voluntarios", logró apagar el ánimo de mis conceptos. En cambio el lenguaje de ese "notable jurista" encendió más la llama de mis apreciaciones. Hoy sigo pensando que $14 millones diarios es mucha plata para una organización que, además de $5.000 millones anuales, recibe ingresos por otros conceptos, como la venta de servicios de prevención... ¡bastante costocitos por cierto!

Si uno revisa la historia de Cali, no hay época en la cual los Bomberos dejen de quejarse: Que no les alcanza la plata, decían en 1978; que los equipos están embargados por las deudas, vociferaban en 1980; que no tienen agua para apagar incendios, reclamaban en 1982, cuando compraron la M-8, una novedosa máquina de $16 millones, fabricada por encargo en EE.UU. Pero fue en el 98 cuando estacionaron en Las Américas una máquina modelo 1928 para tramar con el cuento de que ese era el estado de su logística. Como no han tenido quien les corte el chorro de gastos, pareciera que ninguna plata les alcanza.

Entiendo la magnitud del incendio en Almacenar, (y también me impresiona que el siniestro haya dejado $10.000 millones en pérdidas, cuando el seguro vale $50.000 millones), destaco el trabajo de los socorristas, pero esta vez el Benemérito tampoco desaprovechó el papayazo para quejarse. Y el impuesto aprobado por el Concejo de Cali (Acuerdo 032/98), pero tumbado por el Consejo de Estado, ahora será dizque voluntario. Si como dice el Comandante Fernando Alvarez, "la plata nos apaga la llama", creo que el derroche la enciende. Estoy dispuesta a consignar los $500, que sugiere el capitán para el estrato tres, como contribución para operar, pero, por favor ¡que no suene más la sirena de las quejas! Esos ingresos debe ser controlados. ¡Pilas contralor municipal, Jorge Portocarrero!

En Colombia -y lo reconoce la misma Ley 322/96 o Sistema Nacional de Bomberos- no existe una estructura organizacional que los regule, ni una cabeza jurídica responsable de su planeación y desarrollo. Como quien dice, a los Bomberos no hay quién los ronde, ni siquiera porque hoy están manejando dineros públicos.

En otros países, los llamados "firefighter", o bomberos locales, son manejados por el propio estado municipal. Bogotá y Medellín también lo hacen. Y les ha dado resultado. En Cali, es necesario revivir el Fondo de Vigilancia y Seguridad, Visecali, para no tener que estar oyendo la misma sirena cada año. ¡Que se timbren los bomberos!

Punto aparte 1: El Senador de la República Carlos H. Andrade propone dotarlo de Universidad Tecnológica; la Cámara de Comercio inaugura allí una nueva sede y las Cajas de Compensación, como Comfandi y Comfenalco anuncian proyectos de vivienda popular. Pero los intelectuales de la Secretaría de Gobierno proponen que el Distrito de Aguablanca sea tratado como un lugar aislado de la ciudad. ¡No hay derecho!

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