Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

Con Papa o sin Papa

Más allá de que el nuevo Papa sea moderno o anticuado, del Opus Dei, conservador o progresista, Carlos Mendoza Latorre considera que los católicos serán leales al Dios que los ata a sus convicciones.

Con Papa o sin Papa

El mundo católico estrenó nuevo Papa y muchos se asustan de que Joseph Ratzinger el nuevo Benedicto XVI sea tan conservador como Juan Pablo II. Pero el que el nuevo Papa sea conservador no implica que sus declaraciones lo sean y que el mundo vaya a serlo. Con Papa o sin Papa las decisiones finalmente las toma uno aunque las deseen otros. Así que tal poder existe solo si uno está dispuesto a acatar las homilías.

El nuevo papado y sus posturas previas son una apuesta que se enfrenta a una sociedad religiosa y ceremonial, que es discrecional frente a lo que les insinúan los sacerdotes a los fieles en las iglesias, sobre cómo deben llevar sus vidas. Podrá criticarse que tenemos una sociedad religiosa y poco cristiana pero es preferible que exista la voluntad de interpretación a la obediencia ciega.

Es bien sabido que la religión es una forma de hacer política pero con la ventaja de contar con fuero divino e inmunidad terrenal. Altera y guía las conductas recurriendo a Dios a quien no se le piden cuentas. Por eso el mundo parece ser conservador. Siempre ha sido más fácil recurrir a Dios como intermediario de los acuerdos civiles, que llamar a los hombres, sujetos al examen, la duda y el error.

Aún así se los llama. Juan Pablo II logró que en Polonia la libertad religiosa fuera un símbolo hacia la libertad económica y también fue este país uno de los primeros en despenalizar el aborto. Por eso siempre hay logros civiles en medio de los imperativos religiosos porque la discrecionalidad nace de la voluntad de comprender y afectar las cuestiones de este mundo.

Es necesaria la independencia entre los asuntos civiles y las liturgias religiosas. Lo que llaman secularización debe entenderse más como un valor de autonomía y responsabilidad civil que como una pérdida de poder de la Iglesia sobre la conducción de las vidas de los hombres. "A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".

Que el disenso no parezca una concesión ni un derecho por algo que se perdió sino una condición fundamental para la convivencia que tiene asiento en la sociedad y encuentra dolientes en los políticos.

Por ejemplo la sobrepoblación es un asunto civil que debe discutirse sobre la base del equilibrio social y no sobre la premisa religiosa de una época y una iglesia que dice interpretar el pensar de Dios y rotula el uso de anticonceptivos como contrario a Dios.

De seguro que agradar a Dios es tomar decisiones coherentes con un mundo enfermo de sida al que se traen niños destinados a ser mendigos en semáforos, porque alguna institución tuvo la irresponsabilidad de decirles a sus padres que usar condón o abortar es pecado. Pobres cristianos.

Con Papa o sin Papa, moderno o anticuado, del Opus Dei o de la Cía Jesús Ltda., conservador o progresista, seremos leales al Dios que nos ata a nuestras convicciones y deseos como dignos herederos de la civilización judeo-cristiana-occidental que tiene fe y cree en lo imposible, como en la "resurrección de los muertos", mito fundacional del cristianismo.

Con la discrecionalidad como opinión, el disenso como actitud y la libertad como norte, seguiremos atentos a lo que pretendemos ser para hacer o deshacer lo que la vida nos dicte y los sueños nos encomienden.

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