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| 2/20/2005 12:00:00 AM

"Confesiones de un sicario económico"

Viernes 18. Mario Lamo Jiménez reseña el libro 'Confessions of an Economic Hit Man' de John Perkins, cuyo "contenido refuerza ciento por ciento las críticas al mal llamado TLC y los esfuerzos imperialistas estadounidenses".

No se trata de las confesiones de un sicario cualquiera, como estamos a acostumbrados a leer en los diarios. Se trata de las confesiones de un sicario que nunca apretó el gatillo de un arma pero que fue responsable por la miseria o muerte de millones de seres humanos, apretando un gatillo aún más tenebroso: el económico.

El libro se titula "Confessions of and Economic Hit Man", cuyo título podríamos traducir al español como "Confesiones de un sicario económico", y su contenido refuerza ciento por ciento lo que los críticos del mal llamado "TLC" (Tratado de Libre Comercio) han venido afirmando: Que no es un tratado, ya que éstos suelen ser entre partes iguales. Tampoco estimula el libre comercio, sino la libertad de saqueo. Por medio del mismo Estados Unidos asume el derecho de saquear impunemente nuestras economías.

John Perkins, autor del libro, fue un agente encubierto de los servicios de inteligencia norteamericanos que operaba clandestinamente con compañías privadas encargadas de hacer predicciones económicas falsas para que los organismos económicos internacionales dieran préstamos gigantescos a países del Tercer Mundo, a sabiendas de que nunca los podrían pagar para apoderarse así de sus economías.

Él narra su conversión de "sicario económico" a impugnador de un sistema de injusticias que ha robado miles de miles de millones a los países víctimas, entre los cuales, claro está, se encuentra Colombia. Y las víctimas no sólo han sido las economías, sino los millones de personas que en el proceso han visto sus vidas reducidas a la miseria o a la muerte para satisfacer los intereses mezquinos de las grandes corporaciones norteamericanas, o la "corporatocracia".

Y lo más interesante de este libro es que, por primera vez, uno de los arquitectos de la política imperialista norteamericana llama al imperialismo por su nombre. No se trata de un comunista que pueda ser desacreditado como "propagandista" ni de un académico al que se pueda tildar de "sesgado". El autor fue reclutado y entrenado por los servicios de inteligencia estadounidenses (léase "National Security Agency" o Agencia Nacional de Seguridad, NSA por sus siglas en inglés) para trabajar en una compañía "legítima", sin que nadie supiera para quién trabajaba en verdad. La compañía le pagaba su sueldo y él nada tenía qué ver formalmente con los servicios de inteligencia.

Su misión era muy clara: expandir el imperio norteamericano por medio de los organismos financieros internacionales, tales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y su modus operandi siempre era el mismo: llegar a países ricos en recursos naturales, tales como Arabia Saudita, Irán, Colombia o Ecuador o Panamá para hacer proyecciones económicas absolutamente falsas manipulando estadísticas, pasarles las mismas a las entidades prestamistas y dejar al país con deudas imposibles de pagar.

Ahí hacían su aparición triunfal las multinacionales gringas, quienes llegaban a ejercer la presión del gatillo financiero: el país quedaba endeudado hasta el tope, o los Estados Unidos se apoderaban de la economía del país a cambio de mantener en el poder a los opresores, como en el caso de Arabia Saudita.

La beneficiadas eran siempre compañías norteamericanas, ya que una las condiciones de los préstamos era que compañías como Betchel o Halliburton recibieran los contratos de construcción de infraestructura o de centrales hidráulicas, etc. De tal manera, el famoso "préstamo" jamás salía de los EE. UU. y los países prestatarios, quedaban pagando unas deudas tan enormes, que hasta el 50% de su presupuesto nacional, como en el caso de Ecuador, tenía que dedicarse a repagar las cuotas de dicha deuda. Pero la cosa no paraba allí al sometimiento económico sobrevenía el sometimiento político y militar.

El relato de Perkins es apasionante, a la vez que es una denuncia brillante, equiparable tan sólo a la que hiciera Phil Agee acerca de la CIA en los años 70, al narrar con audacia las injusticias y acciones macabras que él y sus compañeros adelantaban, por las que se merecieron el nombre de "sicarios económicos".

Finalmente, Perkins decide renunciar a su vida de privilegios y escribir un libro denunciando a sus antiguos amos. En el proceso es amenazado y sobornado y el libro se queda veinte años en el tintero, hasta que finalmente, el año pasado, Perkins se arma de valor y termina y publica su libro.

Las "Confesiones de un sicario económico" serán de lectura obligatoria para quien quiera ver una radiografía detallada de cómo el imperio norteamericanos se ha apoderado de las economías del tercer Mundo y que las protestas, ya sea contra la privatización del agua en Bolivia o contra el TLC en Colombia, son de vital importancia. Nuestros gobernantes le están vendiendo su alma al diablo y nuestros recursos naturales a la "corporatocracia" norteamericana y un vez que a nuestros recursos naturales y a nuestras existencias se evaporen, ya no habrá quién nos los devuelva y los que queden, seguramente terminarán en un desierto.
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