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| 1/30/2005 12:00:00 AM

Corrida de rejones con altibajos

Lunes 31, 16:30 horas. Mauricio García, cronista taurino de SEMANA.COM, escribe sobre la tercera jornada de la temporada 2005. Vea otros dos puntos de vista.

Habiendo tenido su mayor auge en el Siglo XVII, el toreo a caballo, que es parte esencial de la fiesta taurina en los orígenes del toreo moderno, fue cediendo terreno a favor del de a pié hasta que el cordobés Antonio Cañero por la década de 1920 concibió la idea de dar a caballo una lidia completa, paralela a la ordinaria.

Resurge así el toreo a la jineta, cultivado posteriormente por figuras de la talla de Alvaro Domecq, Conchita Cintrón, los hermanos Peralta, Andrés Vidrié y tantos otros que no han sido desconocidos para la afición bogotana y que dejaron huella para que ésta pudiera juzgar, con cierto rigor, las ejecutorias de los rejoneadores modernos.

Aunque para el aficionado tradicional el rejoneo, sin quitarle nada de los méritos estéticos, debería ser un complemento de las corridas de toros, una nueva afición demanda y disfruta los festejos exclusivos del toreo a caballo. De ahí, la magnífica entrada que registró la plaza para presenciar la corrida a cargo de los tres caballeros, dentro de la temporada 2005.

Se lidió un encierro perteneciente a la ganadería de Manuel Orbes, que pasta en tierras nariñenses, fuerte y bien presentado pero de comportamiento disparejo que no logró opacar su buen balance.

El lusitano de nacimiento Diego Ventura, que confirmaba alternativa, paró a su primero con un alazán careto y calzado que luchó por encelarlo dada la tarda embestida y falta de fijeza del ejemplar. Tuvo que bregar ante un toro que trataba de esconder su mansedumbre con arreones descompuestos no siempre bien sorteados por el caballero en plaza que lució apático. Lo despachó de pinchazo trasero sin quebrar, rematado con un segundo rejón de igual factura buscando la paleta. Pitos al toro.

El silencio de una plaza que esperaba más, fue comprendido por el rejoneador que en su segundo salió a justificarse. Con su caballo tordo, aplomado y serio, puso Ventura lo más taurino y verdadero de la tarde: Tres quiebros en los medios y en la cara del toro, ofreciendo el pecho de la jaca al colocar sendas banderillas. También ejecutó la suerte a dos manos pero al costado, rematando su labor con tres pinchazos que lo obligaron a echar pié a tierra, mostrándose pesado con el verduguillo. Aplausos al toro y vuelta al rejoneador en medio de ovación.

Andy Cartagena en su primero, que parecía preferir a los de a pié, no estuvo afortunado en la colocación de los rejones de castigo. Anduvo mejor con las banderillas, encontrando buen sitio en las ejecutadas al sesgo y al violín, saliendo en forma limpia, toreando y templando con el anca de su caballo. Sin molestarse en parear a dos manos, algo exigible dada su categoría, terminó su labor con un rejón trasero de efecto rápido y mortal.

El Palco, que tan sobrio y ponderado se había mostrado en festejos anteriores, rompió el equilibrio, haciendo ondear los dos pañuelos blancos, uno de los cuales claramente sobraba.

Con Gavilancito, toro recargado de carnes, suelto y distraído, Cartagena debió porfiar por los adentros en todas las suertes, llegando a la suprema con encomiable decisión para clavar en todo lo alto y hacerse acreedor de una oreja como premio a su limpia ejecución. ¿No recordaría Usía, la magnífica estocada de Ramsés Ruiz en la corrida del domingo pasado que a paridad de rasero hubiera merecido igual reconocimiento?

Nuestro compatriota Juan Rafael Restrepo, sorteó el mejor lote de la corrida sin poder salir airoso de su compromiso. En su primero estuvo mejor toreando que clavando los arpones y al no lograr derribarlo con los rejones de muerte, debió cedérselo al sobresaliente quien oyó dos recados antes de verlo doblar.

A su segundo, un toro que fue de menos a más, persiguiendo con gran codicia, nunca pudo Restrepo pararlo y menos recortarlo hacia los medios Se limitó a galopar al hilo de las tablas buscando la asistencia de la peonada para no verse peligrosamente comprometido. Sus arpones nunca encontraron el buen sitio donde finalmente clavó el segundo rejón de muerte a cuyo contundente efecto, el bravo toro se resistió, muriendo de pié. Con aplausos al ejemplar y pitos al torero terminó el festejo.

Para el próximo domingo se anuncia uno de los carteles más fuertes de la temporada, que a no dudar, contará con el respaldo de la afición.
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