Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/01/30 00:00

Crónica marciana

Lunes 31. Dixon Moya, lector de SEMANA.COM le rinde homenaje a Marte, a Ray Bradbury y a su musa.

Crónica marciana

Si existe un planeta diferente a este que ha generado tanta literatura como atracción científica y periodística, ha sido Marte. Aquella tenue luz roja del espacio ha derramado tinta y flujos corporales como saliva y lágrimas. Hace dos años, nuestro vecino planetario nos deparó una publicitada visita, lo cual quizás motivó que tiempo después algunos humanos le devolvieran la cortesía.

A finales del 2003, la sonda europea "Beagle 2" desaparecía lánguidamente en suelo marciano, pero meses más tarde otros ingeniosos artefactos enviaron noticias alentadoras desde allí. La prensa mostró las imágenes de ese desierto pedregoso y palpitamos con los primeros pasos de un robot pionero. Si algún día aquellos mecanismos autómatas dominan el mundo, como lo prevén algunos creadores de la literatura y el cine, "Spirit" (nombre paradójico para una máquina), será visto como el primero de su especie en la conquista del cosmos.

Incluso por el suceso se preocuparon los lingüistas: ¿se dice aterrizar o amartizar, en este caso? Alguien afirma que aterrizar está bien, porque no se trata de posarse sobre la Tierra (planeta), sino sobre la tierra (suelo) y a fe, la superficie de Marte tiene bastante tierra. Aclarando que otra sonda europea ("Mars Express") aportó pruebas sobre la existencia de agua congelada en el Polo Sur, algo que hace muchos años afirmaban Giovanni Schaparelli y Percival Lowell, apasionados de Marte, aunque otros los consideraran lunáticos.

Todo este preámbulo sirve para volver al título de la presente nota, que pretende ser el pequeño plagio-homenaje de una obra no suficientemente valorada de un autor no ampliamente elogiado por la crítica del mundo, el maestro Ray Bradbury ("Crónicas Marcianas" "El hombre Ilustrado", "Fahrenheit 451" y un largo etcétera). Bradbury, prolífico escritor, conocido por sus relatos de ciencia-ficción quien ha incursionado en todos los géneros, recibió en el 2004 la triste noticia de la muerte de su esposa Marguerite (Maggie), quien a la leve edad de ochenta años dejó de vivir. Los amantes de la literatura estamos en deuda con Maggie Bradbury, desde la fecha en que se enamoró de un joven que frecuentaba la librería en la cual trabajaba en 1946 hasta el última día, nunca dejó de apoyarlo. En la época en que no había suficiente dinero, ella sostuvo económicamente el hogar con su trabajo, mientras su esposo luchaba por ser reconocido en el mundo literario.

Bradbury, hace algún tiempo manifestó un deseo final, que sus cenizas fueran esparcidas por el suelo marciano. De concretarse esta gran idea, quizás en cientos o miles de años, un descendiente del "Spirit", encuentre un fragmento de aquellas cenizas dentro de un cráter bermellón y pueda deducir que en ese planeta de manto rojo, alguna vez existió vida inteligente... inteligente y poética.

* Diplomático colombiano

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