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| 2/12/2006 12:00:00 AM

¿Cuál identidad?

Lunes 24. Algunos colombianos se oponen a la negociación del TLC en el tema de la televisión porque supuestamente hiere de muerte la trasmisión de una identidad cultural colombiana. Leonor Fernández, lectora de SEMANA.COM, desvirtúa esa posición.

Se ha suscitado entre la gente que hace televisión en nuestro país y los negociadores nacionales del TLC, una encendida polémica ante la posibilidad de que el Gobierno ceda un representativo espacio televisivo, ocupado actualmente por la producción nacional, a programas producidos en los Estados Unidos. Parece que quienes se están ocupando de este tratado han preferido transigir en este aspecto para evitar perjudicar a grupos mucho más numerosos, vulnerables e importantes para la vida nacional, como son la agricultura, la industria y la pequeña empresa. Como era de esperarse, han saltado a la palestra todos los que se sienten involucrados. Pregonan ardorosamente que si se llegara a permitir que nuestros canales de televisión transmitieran una considerable cantidad de programación extranjera se perdería la identidad nacional. Y pregunto yo, ¿cuál identidad? ¿Que ha hecho la televisión del país para levantar nuestro sentido cívico, para educar a la juventud, para despertar el amor por los signos de nuestra nacionalidad, para dar a conocer nuestros valores, nuestra geografía y nuestra historia? ¿Acaso en alguna de las fiestas nacionales se presenta algún programa relacionado con la fecha que se está conmemorando? ¿Acaso se le puede preguntar a alguna persona de la calle, o hasta a un estudiante de bachillerato, qué se celebra el 20 de julio, o el 7 de agosto, o el 12 de octubre y recibir una respuesta correcta? Y ni hablar de la fecha de fundación de las diferentes ciudades del país. Y nuestra música, ¿adónde fueron a parar los bambucos, las guabinas, los joropos, los pasillos, la música llanera, la cumbia, los sanjuaneros, los torbellinos, los pasillos, las guascas, los sones sureños, las contradanzas, los rajaleña, los shirú, los atravesaos, las cañas, los guanenta? No hay un solo programa regular que reivindique nuestra música autóctona. Los grupos artísticos que se dedican al folclor, con toda seguridad, están ya en proceso de extinción. Y si no me cree, dígale usted a alguien que le nombre el título de algunos bambucos. En el mejor de los casos no llegarán a siete u ocho, y eso nombrando probablemente los que ya son cosa del pasado. Nuestro folclor, lamentablemente, se ha quedado estancado. Ya solo se oye hablar de reggaeton, de bachata, de reggae, de salsa, de merengue y de vallenatos de mal gusto -que nada tienen que ver con aquellos llenos de gracia, romanticismo y creatividad que produjo hace años el gran maestro Escalona-. Las televisoras de otros países sí se preocupan por despertar el orgullo e identidad nacional. En Perú, por ejemplo, presentan estupendos programas folclóricos que levantan el sentido de nacionalidad de su pueblo. Todos los días transmiten muy temprano programas folclóricos con bellísima y sentida música andina. A la una de la tarde, "Medio día criollo", un programa muy variado y agradable que enaltece y resalta la música, la gastronomía y las costumbres del país. Y los domingos, muy temprano, se pueden disfrutar programas tan variados y agradables como 'Miski Takiy' ('Dulce Cantar'), con una gran variedad de música andina peruana interpretada muchas veces en idioma quechua. Un folclor sumamente rico que impresiona tanto por el lujo y buen gusto de sus atuendos como por la variedad de su música y sus bailes. ¿Cómo han podido lograr en el Perú este posicionamiento de su música nacional? Sencillamente, porque allá los compositores y artistas nacionales sí son apreciados y cotizados. Además se mantienen vigentes gracias a que la televisión dedica programas en las horas de mayor sintonía a difundir el folclor y las costumbres peruanas. Qué diferencia con nuestros artistas folclóricos, que prácticamente han sido relegados al rincón nostálgico, entelarañado y menesteroso del pasado. Hace unos días, disfrutando uno de estos programas con mi madre, que es de origen peruano, oí que la empleada que la cuida le preguntaba con cierto tonillo burlón: "Doña Antonieta, ¿en el Perú sólo cantan y bailan ese tipo de música?". Mi madre, por su edad (91 años), ya no tiene la energía para responder con firmeza a este tipo de ignorancias. Por eso fui yo la que me encargue de explicarle a la satírica empleada que en el Perú se baila y se oye todo tipo de música, incluyendo desde luego, la salsa, el reggaeton, la bachata, el reggae, el merengue, la cumbia, el vallenato, además de toda la música norteamericana y sudamericana en general. Pero, también le dije que el gran mérito que tienen en ese país hermano es que allá cultivan por sobre todas las cosas su música nacional, su baile y sus costumbres: las bellísimas marineras, los valses criollos y la variada música andina y negroide de sus diferentes regiones, y que precisamente por la riqueza del folclor que presentan con orgullo en estos programas, el Perú puede ser identificado y reconocido en cualquier lugar del mundo. El colofón de esta anécdota es que la chica en cuestión terminó diciendo con un tonillo satírico que: " aquí en Colombia también le gusta a la gente la música folclórica, pero solo a los de la tercera edad".¿Qué tal? Y vuelvo a preguntarme ¿Cuál identidad es la que defienden nuestros canales de televisión? Los deplorables realities, que nada dejan de positivo, prácticamente son copia fiel de los que se realizan en el extranjero ¿Si muchos programas, aparentemente "originales", son copias pésimamente adaptadas de similares norteamericanos? Creo que puedo afirmar sin temor a equivocarme que solo Señal Colombia presenta una programación instructiva y educativa. Pero de nuestros otros canales, lo único que vale la pena rescatar es uno que otro documental, algunos programas de entrevistas y claro, los noticieros, porque los muertos, los secuestrados, la droga y los crímenes, sí son nuestros y bien nuestros. Esa violencia, esa falta de conciencia nacional de una sociedad cada día más light, frívola y materialista, es la identidad que estamos forjando para las nuevas generaciones. Sería oportuno que ahora que se ha presentado esta polémica, los canales de televisión presentaran a la opinión pública la programación que a juicio de ellos está sirviendo para rescatar y afirmar la identidad nacional, educar a la juventud, promover el civismo, la rectitud, los valores y buenas costumbres y para castigar también moralmente a la corrupción. Creo que este es el momento preciso para que la televisión nacional realice a fondo un examen de conciencia sincero y asuma la parte de culpa que tiene en la fragilidad de los valores de nuestra juventud, en la violencia generalizada, en la frivolidad, materialismo y falta de principios que han inundado todos los estamentos de la sociedad y se preocupe por presentar de ahora en adelante una programación que, además de ser interesante y grata, cumpla con el objetivo de educar distrayendo y se convierta así en la principal conductora y guía de la juventud colombiana en momentos tan críticos y decisivos como afronta actualmente nuestra patria.
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