Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/05/01 00:00

¿Cuento chino?

El académico y lector de SEMANA.COM, Carlos Cortés Amador, explica el boom chino.

¿Cuento chino?

¡Uribe en China! Uno a uno los gobernantes han caído bajo el canto de las sirenas de la locomotora china. Se leyó y se vio en los tele noticieros de recientes semanas, detalles del periplo del presidente, quien fue a explorar las oportunidades de exportación que ofrece ese país. Sin embargo, debido a la fuerte competencia internacional y a las debilidades de las industrias y empresas colombianas son muy restringidas las posibilidades de beneficiarse de ese enorme mercado, al menos en el corto plazo. Ante el fenómeno chino se ha caído en dos posiciones extremas: desde el lado escéptico, empresas especializadas en pronósticos, como Stratfor, han comenzado a vaticinar que el paso chino disminuirá hasta casi inmovilizarse en dos lustros. Desde la otra orilla, un buen número de analistas han caído en la facilidad de las extrapolaciones: ¡China será la más grande economía del mundo si el PIB sigue creciendo al paso actual! En cualquiera de estos escenarios hay que reconocer que en este momento la contradictoria China es una poderosa locomotora de crecimiento, con una población de mil trescientos millones de habitantes, superávit, inflación negativas y tasas de crecimiento ligeramente por debajo del 10% desde hace más de dos décadas. En este momento es un país importador de materias primas debido al impulso inusitado que el gobierno le ha dado a las construcciones para modernizar su infraestructura. El resultado de este crecimiento ha sido impresionante: en los últimos 25 años China ha recibido más de 450 millones de dólares de inversión extranjera y su PIB aparece de séptimo en el escalafón mundial. El gran pensador y sinólogo Joseph Needham ha rescatado el legado cultural chino, al recordar nuevamente que, entre otros, la pólvora, la imprenta y la brújula fueron inventos chinos; más recientemente los médicos occidentales han comenzado a explorar las posibilidades que ofrece la milenaria medicina china, pero antes de seguir adelante se rememoran algunas generalidades históricas. China, en la edad media europea, era potencia por sus desarrollos tecnológicos, sus elaboraciones en diferentes áreas del conocimiento y su influencia económica. Sin embargo era país ignoto, mientras la cultura árabe fue asimilada a la civilización occidental en los campos de las matemáticas, la química, la medicina o la arquitectura. Ya en el siglo pasado, China pasó de ser potencia a gigante avasallado al que se podía explotar, obligar a consumir opio o cambiar de dueño según los intereses y los gananciosos de las contiendas entre los países europeos. Lo anterior sirve para recordar que China tiene una larga historia de invenciones e innovaciones, a lo cual se aúnan razones de índole política, social y económica para entender por qué China a partir de su revolución, se ha sentido con la fuerza suficiente para entrar al club de los países desarrollados. Por la vía de la investigación, el desarrollo y la innovación, el enorme dragón está poniendo énfasis en la educación, la ciencia y la tecnología, como parte de sus avances en todos los órdenes. Es así como su Asociación de Ciencia y Tecnología, año tras año presenta un resumen de sus desarrollos esquematizándolos según cuatro propósitos sobre ciencia, tecnología e innovación, en la siguiente forma: - Lograr la mayor superioridad posible en las ciencias, tecnologías e industrias que son cruciales para el desarrollo y la competitividad en los campos prioritarios para la nación. - Mejorar las condiciones de aquellas investigaciones básicas y desarrollos tecnológicos que se consideran claves para la innovación científica. - Fortalecer su capacidad de asumir, integrar e innovar las nuevas tecnologías importadas, de modo que le puedan sacar el máximo provecho a los recursos globales destinados a la innovación. - Fijar como prioritarios campos claves como ciencias de la información, medicina y ciencias interdisciplinarias e intentar conseguir nuevos avances y liderazgo en aquellas tecnologías en las que China ya tiene cierta ventaja. Adicionalmente el gobierno chino dice que promociona la relación entre ciencia, tecnología y desarrollo económico y social por una parte y seguridad nacional por otra; fortalece y reforma el sistema de innovación nacional e impulsa la participación en eventos colaborativos y concursos multilaterales y globales; cultiva la capacidad central con derechos de propiedad intelectual independientes. Realiza esfuerzos para superar algunos problemas que afectan al desarrollo de ciencia y tecnología. Introduce reformas en el mercado. Hace que su población en lugar de ser una carga se convierta en abundante recurso humano, mediante el desarrollo de su sistema educativo y la promoción del espíritu científico. ¿Qué pasa con Latinoamérica, en particular Colombia, frente a China? Para comenzar, uno de los argumentos del gobierno chino es el de las ventajas competitivas expresadas en infraestructura y costos por fuerza de trabajo; "dumping" social y sobreexplotación de los seres humanos y la naturaleza dirían los gobernantes latinoamericanos. En principio las críticas de los gobiernos de esta región pueden ser ciertas, pero pierden fuerza si se recuerda que en estos países se han endurecido las políticas y las acciones contra los representantes de asalariados autónomos y se prohíben "de facto", las organizaciones sindicales independientes. Esta falencia explica el vacío del "eslabón social" en la cadena de regulaciones institucionales de los países latinoamericanos, que se empujan unas a otros, para entrar en una economía cada día más globalizada (ver los análisis de la Organización Internacional del Trabajo sobre el trabajo digno). Un segundo punto señala las diferencias en el carácter de la inversión. Mientras en China irriga al sector manufacturero para levantar nueva capacidad productiva, en América Latina la estrategia es comprar entidades estatales, con una disminución de las tasas de empleo y competitividad. Esta situación tiende a complicarse para un país como Colombia, si se piensa que debe competir no sólo con China sino con Corea o con la aún empobrecida India; para colmo de males, se observa una creciente competencia intrarregional en muchos sectores de la producción. Tercero los puntos débiles de países como Colombia, que se hacen preponderantes en un mundo globalizado y cada vez más competitivo, según lo documentan diferentes analistas (http://www.google.com.co/search?q=Eduardo+Ibarra+Colado&hl=es&lr=&start=30&sa=N). El Director del Instituto de Economía Mundial Kiel de la República Federal de Alemania Peter Nunnenkamp presenta algunas de esas debilidades en la región: La menor cantidad y calidad de la formación escolar, con grandes diferencias en las áreas de las matemáticas y las ciencias naturales. - El gasto, muy bajo, en ciencias y tecnología y la insuficiente orientación y capacidad de innovación de parte de las empresas. - El menor desarrollo del mercado y menor calidad de la infraestructura física. - La menor calidad de proveedores industriales locales y la menor productividad del trabajo. - Los problemas inherentes al acceso al capital de inversión. Más aún, mientras las naciones asiáticas son sociedades que buscan la igualdad, las latinoamericanas están entre las más inequitativas del mundo, lo cual tiene secuelas sociales de violencias e inconformismo social. El fenómeno de la desigualdad se observa en la dramática situación de los servicios sociales, por ejemplo la salud o la educación en todos sus niveles. Así por ejemplo, de los sistemas de educación latinoamericanos egresan profesionales débilmente calificados, y las diferencias sociales tienen un dramático impacto sobre la calidad de la educación - situación que tiende a empeorar pues existe una tendencia a desmontar las universidades públicas o al menos disminuir su calidad por razones presupuestales -. El problema se agrava cuando se comparan los sistemas nacionales de ciencia, tecnología e innovación: según la Onudi mientras en China o en Corea el sector privado provee el 70-80% del gasto en investigación y desarrollo (I&D) en América Latina la relación es al contrario. En Chile o en México, para mencionar sólo dos países líderes de la región, el Estado tiene que aportar un 80% de ese gasto. La consecuencia es obvia, la gran mayoría de los países latinoamericanos no han ganado, muy seguramente han perdido, competitividad tecnológica frente a los países asiáticos. Las noticias no dejan de ser preocupantes para las distintas partes del espectro político de América Latina y para los ideólogos del Banco Mundial y el FMI, si se considera acertado el cuadro anterior. Este cuadro fue presentado por los expertos latinoamericanos y asiáticos convocados por la Fundación Friedrich Ebert hace dos años, cuya conclusión más importante ha sido adaptada al caso colombiano por el autor de este artículo: De un lado, la terapia basada en la estrategia de la privatización con la consecuente destrucción de empleos ha devastado la base estructural de los países de la región y ha llevado a la desindustrialización de enormes zonas y a la polarización social, lo que es un síntoma grave en el diagnóstico de las políticas de choque. Por el otro lado, se observa que el problema no está solamente en la integración de un país como Colombia a la economía mundial desde un punto de vista formal, sino que cualquier mejoramiento en el concierto internacional requiere de ingentes esfuerzos internos, incluida una estrategia realista y democrática, para superar el conflicto y los problemas internos. Es necesario que la integración de este país esté acompañada de adecuados procesos de modernización, mejoramiento del desempeño de las instituciones del Estado y cambio de la mentalidad y cultura organizacional de las débiles empresas y empresarios nacionales. El llamado es a buscar un pacto social y a que los gobernantes, los políticos y los empresarios hagan un profundo examen y una revisión de las políticas de choque que se están empleando. Finalmente es urgente una revisión y una reorientación estructural que tenga efectos en la conducción política, social y económica del país. * Profesor Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá

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