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| 8/7/2005 12:00:00 AM

Cuestión de Actitud

A Luisa Fernanda Velásquez, lectora de SEMANA.COM, le sorprende que haya colombianos a los que les duele ver la cara positiva de Colombia.

Todos queremos la paz en Colombia; o al menos la gran mayoría. Y creería que todos de alguna manera contribuimos para alcanzarla ; o al menos la gran mayoría. Todos leemos en los periódicos y vemos en los noticieros los hechos atroces y la violación de Derechos Humanos que diariamente se hace presente en Colombia. Todos quedamos horrorizados y quisiéramos pensar que la guerra en nuestro país terminará algún día. Todos; o al menos la gran mayoría.

Por eso sorprende que a algunos les duela ver la cara positiva de Colombia. Las noticias de secuestros y homicidios pasan casi desapercibidas. Las cifras de muertos y desaparecidos, las imágenes de tomas guerrilleras y los testimonios de aquellos desplazados por la violencia le han ido robando espacio a una realidad también presente y válida. Esa realidad que cuando se nombra pareciera ajena a nosotros. Esa realidad paralela para unos, inexistente para otros. Pero que todos reconocemos; o al menos la gran mayoría.

¿Que somos el cuarto país en el mundo con mayor cantidad de minas antipersonales? Nadie lo niega. ¿Que cientos de familias han tenido que dejarlo todo y salir de sus tierras ante las amenazas de las Farc? Todos lo sabemos. ¿Que hasta los sacerdotes son víctimas de amenazas, intimidación y asesinato? Está clarísimo.

Y es que es en Colombia, donde han nacido términos como "burro-bomba", "pesca milagrosa", "pago de vacuna" y "paseo millonario", eso y mucho más se reconoce, se vive y se sufre. Pero ¿por qué se enaltece? ¿Por qué hace tanta falta cuando se nombra? ¿Es que acaso no tenemos suficiente con lo que nos presentan los medios diariamente?

Me da la sensación de que vivimos rodeados de algunos mártires, quienes muestran su sed de sangre y su necesidad de sufrimiento. Esa realidad dura, esa parte negativa y tristemente cotidiana esta ahí, presente. Como están presentes las 12 mujeres colombianas nominadas al premio Nobel de la Paz, o el aumento en un 12 por ciento de viajeros extranjeros a nuestro país. Tan reales como la disminución de un 74 por ciento de los secuestros, de un 62 por ciento de los actos terroristas y un 32 por ciento de los homicidios en los últimos 4 años; tan ciertos como el crecimiento del 4 por ciento anual en los últimos dos años. Son resultados reales logrados en gran parte por la actitud positiva de todos; o al menos de la gran mayoría.

En Afganistán hay secuestros como en Colombia. En España, como en Colombia, mueren cientos de personas a causa de atentados terroristas. En África, como en Colombia, se violan los derechos de los niños.

Pero es en Colombia, donde la palabra "democracia" tiene un sentido real y es allí donde 10 millones de personas se manifestaron a favor de la paz.

Es cierto que en el exterior nos señalan por exportar cocaína a los Estados Unidos y a Europa; por organizar bandas de delincuentes y atracadores en Miami, Barcelona y Madrid; y por enviar prostitutas a Japón. Pero no creo que nos hayamos ganado esa fama sólo por la droga, los ladrones y las putas. Estoy convencida de que buena parte de ese mal nombre se lo debemos aquellos que se rasgan las vestiduras cuando se habla bien de Colombia y reclaman con patriotismo de perdedores que se muestre lo malo, lo feo, lo nuestro.

En Washington acaban de darnos el dudoso honor de incluirnos en la lista de los 20 estados más fracasados del mundo al lado del Congo, Haití e Irak. Y no veo a la gente defendiendo lo suyo. No veo que haya una voz de protesta.

A algunos les encanta ser los malos de la película. Es como si se sintieran importantes siendo los narcotraficantes, los ladrones y las putas del mundo. Es como si sólo tuvieran ojos para ver la realidad negra; esa dura y triste realidad que tan golpeados nos tiene.

Nada se construye con visiones apocalípticas. El desarrollo de las naciones y sus ciudadanos depende en gran parte de la actitud frente a la vida; de buscar lo bueno donde pareciera haber desaparecido; de encontrar salidas y soluciones a los conflictos; de mirar hacia adelante con visión de vencedores y no de vencidos.

¿Por qué no mostrar el lado positivo del país y darle a Colombia el reconocimiento que se merece? No es cuestión de chovinismo y mucho menos de nostalgias baratas. Es una cuestión de actitud. Aún es posible hacer parte de otras listas y de ser señalados por lo bueno, por lo único e incomparable que tiene nuestro país. Al menos eso es lo que todos quisiéramos o al menos la gran mayoría.

*Comunicadora Social y Periodista.
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