Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/11/22 00:00

De Islamabad a Bogotá

Martes 11. Sara Guevara, periodista colombiana radicada en Japón, asegura, con base en estudios japoneses, que un eventual terremoto en Bogotá podría tener los mismos resultados trágicos que el de Pakistán.

De Islamabad a Bogotá

Las imágenes se repiten una y otra vez en las televisiones japonesas. Las predicciones de los más de 30 de mil muertos ensombrecen la esperanza del gobierno ante toda una generación perdida. Miles de víctimas esperan ayuda gubernamental que sin duda tiende a demorar no solo por la magnitud de la tragedia sino por el difícil acceso a muchas de las viviendas construidas en las montañas. Las pérdidas económicas son incalculables y han dejado a la ciudades en la ruina. Algunos hospitales importantes colapsaron ante el sismo y miles de habitantes se quedaron sin hogar. Son las imágenes que nos llegan desde Islamabad. Pero son dolorosamente las mismas que podríamos ver de Bogotá en caso de un sismo que tenga como origen el Piedemonte Llanero o la falla de Romeral. Son las predicciones hechas para Bogotá por un estudio realizado entre la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), la Oficina de Prevención y Atención de Emergencias de Cundinamarca y el Fondo de Prevención y Atención de Desastres de Bogotá, entregado a las autoridades en Mayo del 2002. Según el estudio, de ocurrir un gran sismo, en esta zona de "riesgo intermedio", nos enfrentaríamos a la tragedia de 3,500 muertos si el terremoto fuera en el día, y de 4,500 si fuera en la noche. El sistema de salud tendría que hacerle frente a unos 26,000 heridos. Tendríamos 3,380 hectáreas destruidas y por lo menos 74,000 habitantes sin hogar. Posiblemente, se verían afectadas las localidades de La Calera, Chía, Cota, Funza, Madrid, Facatativa, Soacha y Mosquera. Un informe más actualizado establece que en el peor de los casos las víctimas ascenderían a 38,000 y el número de heridos a 270,000. Del 45 al 48 por ciento de las viviendas sufrirían daños de consideración y un 50 por ciento de daños en la infraestructura en puentes afectaría gravemente el transporte. Mirando las imágenes actuales de Paquistán, es inevitable pensar en Bogotá. El desplome de aquella torre en un lugar exclusivo de Islamabad se debió al mal diseño de la construcción, a pesar de que en la capital paquistaní la Autoridad de Desarrollo de la Capital (CDA) tenía la obligación de verificar si la construcción cumplía con las mínimas condiciones de seguridad antisísmica. Eso, asumiendo que la constructora no haya ahorrado en la calidad ni en la cantidad de materiales. Entonces es imposible no cuestionarse y preguntarle a las autoridades bogotanas relacionadas, si realmente se cumple la obligatoriedad de las normas sísmicas impuestas en 1998, si esas medidas han provocado la revisión de todas las construcciones de anterior fecha, y si todas las constructoras, sin importar el estrato, cumplen con las normas técnicas impuestas. Es común continuar viendo en los cerros, especialmente en los surorientales, construcciones piratas y otras, que sin serlo, son precarias y que no solo estarían condenadas a sufrir daños totales durante un sismo, sino serían susceptibles de ser arrastradas por lo que se desprenda de los cerros como consecuencia de las ondas sísmicas y por el desgaste y el maltrato al terreno. Estudios recientes nos hablan de más de un millón de habitantes de pobreza extrema, muchos de los cuales habitan los cerros de Bogotá. Es también de especial preocupación pensar en los daños de las redes de acueducto y alcantarillado, de la alteración en la conducción de agua potable, en la distribución de energía, en la incomunicación por daños en las redes de telefonía o en la saturación de los mismos circuitos, y en los posibles brotes de violencia que puedan ocurrir en medio de una situación desesperada. Aunque los efectos del terremoto son inevitables, es importante que cada familia sea conciente de sus propios riesgos y tome la seguridad de los suyos en sus propias manos y es indispensable que los gobiernos locales informen a todos los ciudadanos de los riesgos inherentes al área en la que habitan. Claves japonesas En Japón es bien conocido que ante un sismo de gran magnitud es imposible esperar a que las autoridades reaccionen inmediatamente. De antemano es obligación de cada miembro adulto de la familia determinar la zona de evacuación más cercana a su residencia. También es obligación de cada alcaldía o gobierno local establecer y dejar a disposición del público los mapas con la ubicación exacta del albergue, que es desde donde los gobiernos canalizan la ayuda. Es una información básica que debe tener cada habitante. Gran parte de las heridas son causadas por objetos que caen y no necesariamente por el colapso de la vivienda. Es importante prevenir la caída de objetos pesados, asegurándolos de antemano o evitando colocarlos en lugares altos. Inspeccionar y reforzar, de ser necesario, las paredes. Mientras las autoridades proveen agua y alimentos se recomienda que cada persona pueda mantenerse con algunas provisiones de emergencia. Es importante guardar, de poderse, cierta cantidad de agua por persona; alimentos no perecederos (galletas, comida instantánea, enlatados, etc); artículos de primeros auxilios; medicamentos especiales necesarios; un radio portátil; una linterna; una copia de sus documentos personales importantes. Todo puede ser incluido en un pequeño equipaje de emergencia. Durante el terremoto, si se está dentro de un lugar cerrado, lo recomendable es meterse debajo de una mesa pesada y no tomar por ningún motivo el ascensor o las escaleras hasta que no termine el sismo. Alejarse de las ventanas para evitar heridas provocadas por la fractura de los vidrios. Inmediatamente después, salir de casa y evitar las paredes, los cables, los letreros luminosos y todo aquello que pueda desprenderse en una réplica. Luego del terremoto es importante llevar zapatos, así como identificar si existe algún olor a gas en su casa, en caso necesario se deben abrir las ventanas y alejarse del lugar para informarle a otros y a la autoridad más cercana. Es importante que los menores sepan cómo reaccionar en caso de que no estén cerca de la familia. ¿Estarán preparados en Bogotá para enfrentar una tragedia de semejantes proporciones? ¿Estarán las autoridades listas para auxiliar inmediatamente a aquellos de estratos bajos que son quienes habitan las áreas más vulnerables? ¿Son concientes los ciudadanos de dichas zonas del riesgo que enfrentan? ¿Existen para ellos zonas identificadas de evacuación? Son algunas de las reflexiones que nos deja Paquistán. Por lo pronto, desde Tokio veo con preocupación, que aunque el ex alcalde Antanas Mockus había declarado el 9 de octubre como el día de la Prevención de Desastres y Emergencias en el Distrito Capital, no hay nada publicado en los diarios, ni siquiera en su versión "on line". ¿Sería que actual alcalde cambió la fecha, o que ya se olvidaron de los resultados de la investigación japonesa?

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