Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/17/2005 12:00:00 AM

De la sensatez de Saramago a la insensatez de algunos demócratas

Carolina Botero, lectora de SEMANA.COM, explica por qué hay que votar y cuál es la importancia de la voluntad del pueblo.

Educada dentro de la conciencia democrática, convencida de sus bondades y de la obligación de votar por x o por y, pero votar, mi primera batalla por apoyar el sistema democrático la di muy joven en casa cuando intentaba vencer el abstencionismo de mi madre quien se resistía a participar en la política guiada por el desencanto. Mi discurso desde entonces era el de la obligación ciudadana, la responsabilidad política y sobretodo la idea del poder de cambio que tiene una manifestación de voluntad dentro del sistema democrático. En este sentido le insistía que aun cuando no viera su pensamiento reflejado en ninguna de las opciones democráticas que se ofrecían en cada oportunidad, siempre existía la posibilidad del voto en blanco. Yo pensaba que finalmente el voto en blanco indicaba ese vacío o desacuerdo del ciudadano con las opciones democráticas.

Estas reflexiones que en voz alta le hacía a mi madre siempre me llevaban a preguntarme ¿qué ocurriría si un día el voto en blanco obtenía una cifra importante en una determinada votación?. Cuando salió la obra de Saramago 'Ensayo sobre la Sensatez' la devoré inmediatamente. Saramago dimensionaba mi inquietud y daba en su versión literaria una solución posible a mi pregunta. Lo que nunca podía haber imaginado es que más pronto que tarde la realidad me daría una nueva versión en el marco democrático de la Europa del siglo XXI.

En este momento Europa vive la ratificación de un tratado dentro de su proceso de integración. No había necesidad de hacer el proceso de ratificación a través de referendum, pero la decisión institucional se dio con el fin de obtener el apoyo popular y sobre todo, con la seguridad de obtenerlo. Pero como nada hay seguro en esta vida, Francia dijo NO.

El referendum en Francia fue precedido de situaciones particulares que inclinaron la balanza, y que hicieron que el debate fuera muy candente, que se presentaran argumentos fatalistas por unos y por otros, con el fin de convencer a los votantes, que se aprovecharan varios elementos de política interna y se manejaran argumentos de política externa, todo esto ocurrió y tiene su razón de ser en la propia política. Precisamente es el voto el que manifiesta la voz del pueblo en relación con lo que le sucede, los candidatos (sean personas o argumentos) solamente deberían contar con la capacidad de análisis y decisión del electorado, eso es la democracia.

Si bien en este caso no estamos hablando del triunfo del voto en blanco, si se presentó una manifestación expresa de voluntad que no tiene claras consecuencias políticas. Realmente la ratificación esta presentada y prevista para que sea SI, no se espera que gane el NO y en consecuencia, como en el voto en blanco, no se sabe exactamente que pasa cuando gana esta opción.

Aunque la situación descrita no es exclusiva de este referendum, durante el presente gobierno en Colombia me parece recordar una historia similar. Este caso logra llamarme poderosamente la atención pues nuevamente hay una escandalosa reacción frente al resultado definitivo y ésta se presenta en el marco de las sociedades democráticas por excelencia.

El NO francés tiene por supuesto dimensiones importantes como precendente dentro del proceso europeo de integración, y debería tenerlas porque de otra manera no se entiende la consulta que se hace si no es para escuchar la decisión del pueblo. Sin embargo, lo que me sorprendió fue la reacción posterior. Se dijo que el pueblo francés estaba poco enterado o era estúpido por haber decidido como lo hizo, el proceso de integración no tiene reversa y no existe opción, más le valía haber apoyado el proceso. De otro lado, se pasó del fatalismo al menosprecio, se dijo que al final no importa la decisión pues no es un requisito necesario para la adopción del tratado.

La integración, dicen, no tiene reversa. Eso seguramente es cierto dentro de la realidad europea y mundial actual, pero hay muchas formas de hacer integración y si bien todo indica que económicamente el camino muestra resultados positivos, también lo es que socialmente todavía hay cuentas pendientes y en muchos casos se están incrementando, no parece que haya una sensación general de satisfacción hacía la aproximación social de la Europa de hoy.

El tratado sólo prevé consecuencias al NO si son más de 5 los paises que se manifiestan en este sentido, y aun en ese caso son los órganos administrativos de la UE los que deben reunirse para decidir que hacer, es decir, de la seguridad sobre la consecuencia del SI: RATIFICACION, pasamos a una incierta consecuencia del NO.

Que se requieran 5 paises para que el NO tenga consecuencias es lógico, de todas maneras siguiendo las reglas de la democracia debe ser la mayoría quien decide. Pero de otro lado, la democracia se funda en el respeto a los derechos de las minorías y el NO manifestado por los franceses, seguidos por los holandeses, indica una insatisfacción de una minoría que debe ser escuchada para hacer los ajustes que corresponda. La voz no sólo debe quedar en Francia en donde empiezan a verse consecuencias sino que debe alzarse a la UE y se deben asumir las consecuencias que se requieran tanto si llegan a 5 los países que rechazan el tratado como si no. Pero no se puede asumir como opción ignorar, menospreciar o descalificar las decisiones de un pueblo soberano, ¿es acaso justo que frente a esta situación se niegue ahora a los Británicos la posibilidad de decir ellos SI o NO?

Finalmente, mi preocupación por el tema no es en términos específicos Europa, sino que veo en este proceso y en la reacción que ha habido al mismo, no sólo del estamento sino también, y sobre todo, de los medios, un gran desencanto, un camino errado de las democracias más viejas del mundo, considero la reacción una falta de congruencia con el modelo democrático que debería imperar, el modelo que combate 'el terrorismo' por imponer en el mundo el sistema democrático. Me preocupa que los que como yo apostamos por la democracia como el mecanismo para la convivencia tengamos que imaginar estos escenarios en decisiones más complicadas para nuestras realidades cotidianas.

¿Qué sucedería si conflictos como el del País Vasco, Irlanda o Colombia se llevaran a las urnas? ¿Qué sucedería si a pesar de los esfuerzos no gana la posición del estamento y el pueblo se manifiesta en una forma inesperada? ¿Ese es el temor del estamento a aceptar en ocasiones que la democracia se manifieste? De la literatura a la realidad... tal vez por eso fue tan criticada por los políticos la novela de Saramago.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.