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| 1/30/2005 12:00:00 AM

¿Democracia sin partidos?

Sin partidos políticos no hay democracia. En Colombia no hay partidos. Entonces, en Colombia no hay democracia. Es la conclusión de Mauricio Tobón, concejal de Medellín, después de analizar la situación política colombiana.

En pleno siglo XXI un número cada vez mayor de ciudadanos ya no se reconoce en los partidos y buscan canalizar sus demandas a través de otras instancias como son: movimientos sociales, corporaciones gremiales, o simplemente permanecen al margen. Esto porque los partidos políticos, por ser instituciones históricas, sufren el impacto del tiempo y del desarrollo de las sociedades en las que están inmersos. Colombia no puede ser la excepción, viviendo una pérdida de valores, con un Estado deslegitimado, los partidos sufren una profunda crisis y un regeneramiento progresivo en la forma de entender el país.

La ausencia de una real competencia política entre partidos ocasiona, pero también logran ocultar, su desmovilización ideológica, su indiferenciación programática, su desarticulación y atomización en reducidos grupos clientelares, su progresivo distanciamiento del país nacional, su pérdida absoluta de liderazgo en los movimientos sociales, su cada vez menor representatividad, su carencia de democracia interna, en fin, su devaluación como instrumentos efectivos de acción política y de canalización dentro del sistema de las demandas sociales.

Los partidos políticos ya no son aquellos grandes instrumentos de expresión de nuestros anhelos populares, ya no son esas fuerzas ideológicas, idealistas, con inspiración superior, trascendente. Los partidos se convirtieron en simples maquinarias electorales que todo lo reducen a conquistar pedazos de la administración pública, para lograr a través de ellos la interferencia y el condicionamiento de la opinión de los electores.

Haciendo gala de una gran miopía política, los partidos han terminado por identificar la democracia con las elecciones, en la medida en que estas son el mecanismo democrático por excelencia para acceder al poder. Esta circunstancia ha llevado a los partidos políticos ha estructurarse con miras a la participación electoral. Como el interés es la obtención del poder por el poder, los partidos interesados en atraer la mayor cantidad de votación, minimizan elementos programáticos que puedan generar antagonismos. Si la posibilidad de obtener el poder es remota, hacen coalición con otros partidos o movimientos políticos reduciendo el alcance de sus propuestas.

Se puede decir que vivimos una gran crisis moral, y la crisis moral afecta a un pueblo cuando, sobre todo, los intereses privados, los intereses particulares, tienden a prevalecer sobre los intereses públicos, los intereses colectivos.

En este muy complejo panorama de dificultades los partidos políticos se muestran incapaces para resolver esa crisis, aparecen inferiores a sus obligaciones y a sus responsabilidades. Esta crisis nacional amenaza la democracia y amenaza la libertad de los colombianos, si esta emergencia en que se halla el país no la sabemos sortear corremos el peligro de perder en poco tiempo lo que se ha construido en materia de instituciones democráticas y de garantías individuales y civiles. Lo más grave es la incapacidad de los partidos para reconocer esa crisis, para comprenderla y por lo mismo para afrontarla.

Los partidos políticos, que son un reflejo del Estado, deben propender para que al interior de su organización se fomente una democracia participativa, esto aparte de un imperativo moral es una cuestión estratégica, ya que un partido político moderno no sólo debe ser el lugar donde se expresa la voluntad popular, sino que también debe constituirse en el escenario donde comienza la construcción de proyecto democrático de esa voluntad. Las posibilidades que ofrezcan los partidos a sus adherentes para intervenir en sus determinaciones, en la adopción de sus orientaciones políticas, en la elaboración de sus programas, en la escogencia de sus directivas, constituye un componente imprescindible para el funcionamiento de un sistema democrático.

Podría decirse que entre más democracia y participación popular exista en los partidos políticos, más democrático y representativo puede ser el sistema político.

Es la hora de renacer sobre nuevas identidades democráticas, de descubrir la potencia de la paz, es la hora de la reconciliación y tender las manos. Es la hora de buscar caminos que le devuelvan la legitimidad a los partidos, para que estos vuelvan a ser espacio de discusiones ideológicas, para que los partidos capten los puntos de vista de la ciudadanía, los homogenicen y produzcan verdaderas propuestas que conquisten el favor de los votantes y logren cautivar esa inmensa franja abstencionista, que hace más daño con su apatía que los que si están participando, así sea con relaciones de clientela.

* Concejal de Medellín
mtobon@concejodemedellin.gov.co
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