Domingo, 22 de enero de 2017

| 2005/05/15 00:00

¿Demos - cratia?

Lunes 16. Orlando Solano, lector de SEMANA.COM, cree que los más afectados por las medidas de los políticos son sus votantes.

¿Demos - cratia?

La inmensa mayoría de los votos que eligen a congresistas, diputados, concejales, Presidente, Gobernadores y Alcaldes no puede provenir sino de quienes conforman la mayoría de la población colombiana: los pobres.

Pero quienes financian las campañas de los elegidos no son, propiamente, los pobres sino quienes tienen como único propósito mantener o acrecentar el poder que ya tienen para asegurar, a través de sus intermediarios, la defensa de sus propios intereses y no los de la sociedad en su conjunto.

La calidad de intermediarios es la que lleva a que los elegidos no se sientan comprometidos con quienes los eligen sino con quienes financiaron sus campañas.

Basado en ese principio, el Ejecutivo, en cabeza del Presidente, solicita al Congreso que se le apruebe, por ejemplo, una reforma tributaria como la que acaba de presentar. Exprimir hasta lo impensable los exiguos ingresos de la población "menos favorecida" (la que con sus esperanzados votos lo eligieron) gravando las rentas de trabajo y los bienes de consumo básico pero rebajando los tributos a quienes más tienen (los que financiaron su campaña) es, apenas, una pequeña demostración de lo bien que se cumple el compromiso contraído.

Utilizando como carta de presentación la apremiante necesidad de asignar algunos recursos a la inversión social, el Presidente ha llegado a afirmar que "no importa el origen de los recursos" que lo que realmente interesa es que el Gobierno cuente con ellos. Por encontrarse ya en campaña por la reelección, utiliza la necesidad de cumplir con responsabilidades fiscales del gobierno (pago de pensiones y giros a la maltratada salud pública) como estrategia para presentarse como el bueno del paseo que lucha contra un Congreso insensible ante las urgencias de una población cada vez más empobrecida y, de paso, mostrarse ante la desinformada población como el adalid de la causa social.

Los congresistas alineados con el gobierno-buscando mantener las ventajas que tal condición les reporta - darán curso libre a la iniciativa gubernamental y, de mantenerse tan disciplinados como lo han estado en los debates de la reelección, lograrán la aprobación de la reforma tributaria propuesta. Habrán respondido así, satisfactoriamente, a sus dos benefactores directos: el Gobierno que los premia con jugosas cuotas burocráticas y los financiadores de sus campañas que retribuirán el servicio obtenido volviendo a financiar sus futuras campañas.

Los ingenuos electores no recibirán nada diferente a nuevas promesas adornadas, como siempre, con grandilocuentes discursos en los que se resaltará la ardua labor desplegada en el Congreso para diseñar, ahora sí, - como en la famosa perrilla - las estrategias que han de liberar a las masas empobrecidas de las tinieblas del hambre y el abandono. Para lo cual se hace necesario reelegir al actual Presidente, bla, bla, bla. Vuelve y juega.

Entretanto, algunos congresistas, percatados de su condición de minorías, aprovecharán la oportunidad para oponerse abiertamente- y de forma por demás vehemente - a la lesiva propuesta. Ganarán puntos ante sus electores porque aparecerán como sus leales y abnegados defensores pero no perderán la confianza de los financiadores de sus campañas por cuanto no llegarán a interferir, de manera significativa, en el curso de la propuesta gubernamental. Ganancia por punta y punta.

La verdadera minoría - la que no cuenta para los grandes financiadores de campaña - se opondrá, por convicción, a la propuesta pero su fuerza no alcanzará a modificarla en lo más mínimo. Seguirán representando la esperanza de quienes por ellos votan sin esperar retribución diferente a la de saber que sus voces, sus esperanzas, sus aspiraciones, serán lealmente interpretadas. Y continuarán ahí.

Razón tiene el senador Camilo Sánchez cuando afirma que "esta administración toma el camino fácil: gravar a los más débiles porque sabe que no tiene dolientes poderosos que los defienda" (Portafolio, octubre 1º del 2004). Los elegidos por el pueblo, como lo es el senador Sánchez y todos los demás congresistas, se supone deberían actuar en defensa de los más débiles. Sí él mismo, como integrante de ese Cuerpo, reconoce que no es así, ¿qué cabe esperar?.

Pero la reforma tributaria propuesta no es el único mecanismo utilizado para afianzar el poder de los grandes financiadores de campañas.

En su columna del 1º de octubre en El Tiempo, en un escrito que sorprende por el acierto en la escogencia de los referentes utilizados, el ex ministro Hommes destaca "el valeroso artículo que publicó en este diario (El Tiempo), Juan Camilo Restrepo alertando, antes que lo hicieran otros, sobre la nueva ley de tierras."

Proyecto de Ley que ya ha superado dos debates en el Congreso y que, entre asuntos variopintos, incluye artículos orientados a facilitar la legalización de la tenencia de tierras arrebatadas a población que hoy padece los rigores del desplazamiento forzado.

Bastaría con recordar cuál es la estructura actual de la tenencia de la tierra en Colombia - un solo dato: el 0.4 por ciento de los tenedores de tierras poseen el 61,2 por ciento de los 47,2 millones de hectáreas registradas catastralmente - para imaginarse al Congreso, si respondiera a intereses diferentes a los que responde, empeñado en transformar tan inequitativa situación. Pero no, el proyecto de ley en curso lo que busca es profundizar, aún más, tamaña inequidad.

No paran ahí los buenos oficios de los intermediarios. En acto de clara rebeldía y como muestra de que el voto por la reelección no puede ser gratuito, reconocidos congresistas gobiernistas hundieron un proyecto de ley que buscaba garantizar un cúmulo de privilegios de carácter fiscal, laboral, territorial, ambiental y de regulación general, durante un período de veinte años, para la inversión extranjera no inferior a 5 millones de dólares que se realizara en el país durante los próximos años. Era un proyecto timoneado por el ejecutivo, el mismo que pide, encarecidamente, a los congresistas que aprueben el IVA a productos básicos de la canasta familiar, Más claro no puede cantar un gallo. Negociarlo es parte del juego.

La política de seguridad "democrática" garantizará que, camuflada bajo el ropaje de la democracia, la plutocracia podrá seguir consolidándose porque - por fin- esta bendecida Patria encontró el líder espiritual y material que ni siquiera se había soñado.

Dudar de la bendición recibida tan solo es propio de quienes están alineados con los enemigos del país. Son sus colaboradores, sus auxiliadores camuflados que deben ser, a más de identificados públicamente, vigilados estrechamente.

Modificar el Censo ya aprobado por un instrumento que incorpore tareas previstas en el caído Estatuto Antiterrorista, podría ser parte de esa estrategia de seguridad.

Mientras se siga contando con un 75 por ciento de aprobación en las encuestas de los mismos 600 encuestados de siempre y se disponga ahora de un DANE claramente identificado con su misión - ningún dato que pueda afectar la buena imagen del Gobierno - se puede continuar cumpliendo a cabalidad con lo mandado por los verdaderos dueños del poder, por los buenos amigos que permiten que esta bendecida Patria cuente ahora, y por mucho más tiempo del inicialmente previsto, por fin, con el guía espiritual y material con el que ni siquiera había soñado.

El poder continuará en manos del pueblo, como hasta ahora, porque que no otra cosa es la democracia y la política de seguridad "democrática" así lo dispone.

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