Viernes, 20 de enero de 2017

| 2005/08/14 00:00

Desplazamientos y migraciones

Germán Uribe, lector de SEMANA.COM, critica la incompetencia del Estado al permitir que los colombianos sigan huyendo hacia "tierras extrañas y ajenas" por culpa del conflicto armado.

Desplazamientos y migraciones

Es inocuo hablar de la violencia en Colombia mientras ella persista. Volver a hacerlo y decir esto y aquello y tanto más sobre la sangre derramada, va convirtiéndose en algo así como un pleonasmo morboso.

Y por ello, no pudiendo dejarla de lado como la contundente y cotidiana realidad que es, quisiera esbozar dos específicos fenómenos derivados suyos, ambos profundamente conmovedores. De un lado, los desplazamientos de la población campesina. Y por el otro, las migraciones, también desplazamientos forzados, pero más allá de las fronteras. Son, más directa e insensatamente, responsabilidad de los gobiernos de turno que los desplazamientos de campesinos. Pero, al fin y al cabo, desplazamientos ambos, pues son amparados o permitidos por el Estado y avergüenzan nuestra dignidad nacional.

En primer lugar, en el origen de los desplazamientos campesinos, las autoridades, engañándonos y engañándose ellas mismas con propósitos proclives, han resuelto reducir su causa como la consecuencia de una simple arremetida del terrorismo contra las instituciones. Y por añadidura, le restan el carácter político a la subversión, sin darse cuenta que con ello debilitan los argumentos del Estado en su defensa.

Y aunque probablemente consigan en su lucha contra la subversión un considerable respaldo internacional en esta era de la globalización capitalista, es cierto también, que con tales tácticas nos están conduciendo inevitablemente a una terrible y degradante deshumanización de la guerra, y a los fatales caminos, poco a poco desbordados, de un perverso, permisivo y patente terrorismo de Estado.

Ahora bien, si los miles de muertos, secuestrados y desaparecidos duelen, ¿cuánto no nos deben doler estos ya millones de colombianos entrados en el juego de un flujo migratorio inconcebible, deambulando por la geografía patria con el fardo de la humillación a cuestas, sin futuro ni amparo, estigmatizados, y con el hambre y el desprecio y la suspicacia derrumbándoles sus ya exiguas humanidades?.

A ese esperpento se le suman las víctimas de las migraciones, desahuciadas e impotentes.

Ambos casos hablan de colombianos obligados a relegarse hacia tierras extrañas y ajenas. Pero los migrantes tienen que pagar sus delitos en idiomas insólitos, legislaciones elaboradas para otros, culturas contrarias. Y sin su familia.

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