Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/04/10 00:00

El día que Colombia quedo campeón del mundo

Crónica de Jack Rubinstein, lector de SEMANA.COM, sobre el brasilero que le hizo ganar a Colombia un mundial de fútbol.

El día que Colombia quedo campeón del mundo

Recuerdo con nostalgia, el primer viaje que realice de vacaciones desde mi natal Medellín a la fría Bogotá a la edad de 7 años.

Mis padres me enviaron a casa de mis abuelos paternos por un mes; Hasta ese entonces el Fútbol para mí era un juego de niños, los cuales corríamos como locos detrás de un balón, y en medio del tierrero que se levantaba en nuestra lucha desenfrenada por ver quien lograba patear mas veces la pobre esférica, se sudaba hasta que una linda maestra de primer grado nos llamaba para que fuéramos a limpiarnos e ingresáramos a clase.

En este viaje un tío de mi padre me convido por primera vez a asistir a un juego en el estadio el Campín un miércoles, Millonarios enfrentaría al Junior de Barranquilla en una fría noche de verano de fines de enero comienzos de febrero. Creo que podría aun hoy dibujar la imagen que quedo gravada en mi mente hasta el presente. Nunca había visto algo así, el estadio, ese verde que se abrió ante mis ojos, iluminado por el blanco fluorescente de las torres, las líneas demarcando el terreno, los gritos, una suave neblina que se escarchaba sobre el suelo y el publico vestido de azul.

Millonarios gano... Y gano un nuevo hincha, hasta hoy, con todo y lo que el equipo me hace sufrir.

Lejos de aquel febrero de 1972, hoy la vida me ha dado por destino la oportunidad de vivir en Brasil, cuna de la "religión", del culto, de la enfermedad llamada fútbol, donde sus 180 millones de habitantes, hombres, mujeres, niños, que reverencian este deporte y viven en muchos casos por él y para él. Este país que no deja pasar un solo instante para convertir cualquier cosa en otra cosa que represente fútbol, patrimonio nacional y lucha intercontinental de buscar la figuración, el encantamiento y la necesidad de mostrar alegría, frescura y ritmo, mucho ritmo con calidad y clase.

Me encontraba la semana pasada de trabajo en San Pablo, y entre a almorzar de casualidad en uno de los centros comerciales de la metrópoli. Me dirigí hacia la plaza de alimentación, de la cual provenía una serie de gritos típicos y ya conocidos por mí de grupos de "torcedores" sentados enfrente a un televisor asistiendo a un juego de algún equipo, sin importar el tamaño del mismo, la importancia del juego, el momento del día, o la ubicación del mencionado aparato de televisión. Aclaro que esta escena podría suceder en una terminal de buses o en un hospital. Sin embargo, en esta ocasión me pareció raro pues eran las 12:00 del día, no se esta jugando ningún amistoso de la selección, es martes y no hay ningún campeonato estatal en juego Y menos a esta hora.

Mi sorpresa aumento cuando de repente al unísono todos estos gritos ensordecedores se transformaron en uno solo... Colombia, Colombia, Colombia... Infarto, ¿qué pasó?, ¿qué es esto?. Sin vacilar corrí hacia el lugar, mi equipo, mi tierra... ¿qué sucede, contra quién?

Llegue finalmente al local en cuestión y por encima de los hombros de un grupo de muchachos logro ver a un joven vestido con el uniforme de nuestra gloriosa selección de 1990, enfrentando a una maquina de videojuego en la que se apreciaba nuestro equipo enfrentando ni mas ni menos que a Argentina.

Pregunté a mi vecino de observación, como quien no quiere la cosa, que si el sabia que sucedía. Él respondió: - Es la final del campeonato mundial de Fútbol, ese muchacho venció a mas de 150 adversarios y ahora se enfrenta a la maquina.

Y por qué Colombia, vacile en preguntar. No sé, respondió mi interlocutor, Joao siempre juega con ese uniforme y además siempre escoge Colombia cuando viene a jugar aquí.

Pensé, y decidí obviamente quedarme hasta el final del juego. Mi vecino me mantenía informado de los pormenores, me contó que era un torneo de videojuego organizado por el negocio, y que el vencedor ganaría un año gratis de juegos ilimitados y además recibiría un trofeo replica de la copa de la FIFA.

Mi sorpresa aumento cuando entendiendo que Joao no era precisamente un nombre común en los centros de bautismo de Colombia y si muy genérico por estas tierras. Descubrí que el personaje era tan Brasilero como el piso que lo sostenía en ese momento, acercándome un poco mas distinguí en su camisa los autógrafos del Pibe, de Rincón, de Leonel, de Higuita entre otros. Pocos minutos después Joao anoto el tercero de sus bellos goles y la fiesta ensordeció a todos los comensales de la plaza.

El juego termino. Colombia era campeona del mundo. Vitoreada por los Brasileros, enfrentando a Argentina y con celebración monumental. Ya se imaginarán el cuadro. Podría existir algo más perfecto que eso.

Paso la algarabía, la muchedumbre se fue retirando, Joao recibió su vale y la copa, respiro hondo y sé sentó a beber una merecida lata de gaseosa.

Me acerque tímidamente y le dije: "lo felicito, soy Colombiano, ganamos, gracias a usted" Sonó bobo ¿no? Pues no imaginan la alegría del joven al saber que yo era Colombiano y que había logrado ver, así fuera parcialmente su hazaña. Me hizo sentar y me relato que su padre era diplomático en Italia en la época del mundial de 1990, que con 7 años ( la misma edad en que yo pise un estadio por primera vez) su padre consiguió ingresos para asistir al juego de Colombia contra Alemania en Milán. Le contaron, recuerda, que Colombia era un equipo interesante, débil, pero interesante y que no tendría mucho que hacer frente a Alemania, pero que sin embargo era Suramericano y había que hacer fuerza pues se trata de una lucha de ellos, los Europeos, contra nosotros, el resto de la historia ustedes la saben también como yo.

Joao consiguió una camisa oficial de la selección y se convirtió en un hincha silencioso del juego lindo de Colombia, regreso un tiempo después a San Paulo, viajo a copas América y poco a poco fue consiguiendo los autógrafos que hoy lucía con orgullo en su camisa, su máximo tesoro que tenia impregnada en su fibra la imagen del pase mágico de Carlos el Pibe Valderrama, que seguido por el veloz Rincón quiebra, entra dispara y...Colombia se sintió Campeona del mundo. No fuimos pero nos sentimos, hoy virtualmente Joao en representación nuestra lo fue.

Lo vi pararse y alejarse, después de decirme, que siempre lo encontraría por aquí, salí del centro comercial flotando, maravillado. Que lindo que se siente, fuimos Campeones del mundo.

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