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| 9/5/2004 12:00:00 AM

El rumbo de Lucho

El reto de Lucho Garzón para demostrar la eficacia e impacto de su modelo de Gobierno es grande, escribe Antonio Sanguino, director de la Corporación Nuevo Arco Iris.

Dicen los expertos que gobernar no solo es atender problemas o administrar recursos y burocracias. Gobernar, mas bien, significa señalar un rumbo particular para el Estado y la sociedad, y ser capaz de movilizar a los actores sociales, políticos e institucionales en la dirección deseada. Y quizás, sin la plena conciencia de ello, los bogotanos elegimos un rumbo para la ciudad : el que propuso Lucho Garzón.

Ese nuevo rumbo de la ciudad establece rupturas, y también, hay que decirlo continuidades con las últimas administraciones, en particular la de Peñalosa. Pero la distinción está en los énfasis, los enfoques y las maneras como se afrontan los problemas de la Capital, uno de ellos, el de la pobreza que se ha hecho especialmente visible en un contexto en el que el país le apostaba todo a la seguridad o en el que la ciudad se obnubilaba con el desarrollo urbanístico del último tiempo. Visibilizar el hambre y la pobreza de una parte de la población capitalina fue la primera virtud del alcalde Garzón, coincidiendo con la sentencia del presidente Lula del Brasil cuando dijo que "el hambre es un arma de destrucción masiva".

Pero no es que los pobres no existieran en la agenda de gobierno de Peñalosa, solo que tenían otro lugar en el mapa de prioridades y su atención se hacía desde enfoques o modalidades distintas a las que ensaya la actual administración. En efecto, Peñalosa se empleó a fondo en un proyecto de desarrollo urbano al que se adscribió toda su acción de gobierno: el espacio público, el sistema de transporte, la construcción de parques, bibliotecas y ciclorutas. Ello ahora se argumenta como una estrategia de equidad social junto con el programa de Desmarginalización de Barrios que permitió al Distrito llegar coordinadamente a zonas deprimidas de la ciudad con inversión social y de infraestructura o la ampliación de coberturas en salud y educación. En últimas, la acción de gobierno buscaba incorporar a los pobres al gran proyecto de desarrollo urbano.

Sin embargo, como lo dice el proyecto "Bogotá como vamos", si bien estos esfuerzos han logrado la desmarginalización o el mejoramiento de barrios o han permitido la ampliación de coberturas, ellos no corresponden a una estrategia integral de reducción de la pobreza. Más aún, los enfoques de actuación han confinado la respuesta estatal a la simple provisión de condiciones materiales para la subsistencia de las poblaciones afectadas. Quizás por ello, aunque también por variables del orden nacional, las cifras de pobreza y miseria crecieron al tiempo que se adelantaba este gran esfuerzo de desarrollo de la ciudad. Para decirlo en otras palabras, desarrollo urbano no implica necesariamente desarrollo social.

Lucho esta ensayando un camino distinto. Apelando a "un enfoque integral de derechos", declaró seis localidades en emergencia social y ha diseñado unas estrategias de choque para hacerle frente a la pobreza, poniendo el énfasis en la seguridad alimentaria y la atención del hambre de las poblaciones que la padecen y mas recientemente, implementando un modelo de atención en salud que promete acercar universalmente el sistema de salud a las familias pobres. Todo ello sin detener el ritmo de desarrollo urbano y de infraestructura que la ciudad trae. Este enfoque de derechos insiste en la inclusión social y en la garantía del reestablecimiento pleno de la dignidad de las personas.

Aún es muy temprano para medir el impacto y la eficacia de este modelo. Aún los desafíos son enormes y los esfuerzos del Distrito deben trascender los planes de choque, necesarios para atender de manera inmediata un problema creciente, para colocarse en una perspectiva de desarrollo social que ataque variables estructurales como la generación de empleos e ingresos, el acceso a una vivienda digna, la atención a nuevos fenómenos de violencia o la carencia de poder político de las poblaciones pobres.

Por lo pronto, la administración Garzón debe mejorar y actualizar la información y caracterización de la pobreza en Bogotá, superar la dispersión institucional existente en la atención de las poblaciones pobres, articular la oferta pública en estrategias integrales de corto y mediano plazo, mantener este asunto como un tema prioritario de todas las entidades del Distrito y generar una gran movilización de la sociedad alrededor de su atención.

Pero este quiebre que protagoniza Lucho será posible si logra incorporar a las grandes capas de la población excluida a la política, si deja un legado de poder político en las comunidades de tal suerte que los asuntos de la ciudad, y en particular el del hambre y la pobreza, no sean un asunto exclusivo de técnicos y expertos, sino también de la gente que la padece y de todos los actores políticos y sociales. Se trata de tener ciudadanos mejor alimentados, mas saludables, con mejores ingresos y empleos, mas pacíficos, mas solidarios, mas dignos, mas dispuestos a utilizar la infraestructura y los servicios que la ciudad ofrece, pero sobre todo, mas protagónicos en la definición de la suerte de la ciudad y el país. Solo así la gente se sentirá parte y miembro de un Estado que por ello merece ser defendido. Ese es el rumbo que Lucho le ofreció a Bogotá.

*Director Corporación Nuevo Arco Iris.
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