Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/01/09 00:00

El sonido de la música

Martes 11. 'Campanitas' es un grupo musical santandereano que demuestra que en el país hay mucho más talento después de Shakira, Juanes y Carlos Vives, escribe Dixon Moya, lector de SEMANA.COM.

El sonido de la música

En 1965, una película hizo cantar al mundo, versaba sobre una familia musical compuesta por el viudo Capitán von Trapp, sus hijos y una aspirante a religiosa que terminó por ser su esposa. La película en España se conoció como "Sonrisas y Lágrimas", en Colombia como en otros países latinoamericanos recibió el nombre de "La novicia rebelde", aunque su título real era "El sonido de la música". Más allá de la identificación, la imagen de Julie Andrews cantando sobre una colina alpina, sigue apareciendo como una de las imágenes más recordadas del cine mundial. La referencia fílmica sirve de excusa para referirme sobre una familia colombiana, debo decir que colombiana hasta la médula, quienes conforman una agrupación musical de excelsa categoría. "Campanitas" es el nombre de este grupo, dos padres (Hugo Alberto Hernández y Carmen Janeth Alvarez) y seis hijos (Fabián, Diana, Laura, Silvia, Daniela y Paula), quienes con sus jóvenes y educadas voces bajo el manto de un tiple paterno y una guitarra maternal, remozan la galería de nuestras melodías entrañables, bambucos, torbellinos, pasillos, guabinas, cuando yo creía que los muchachos ahora sólo cantaban rap y reggaeton. "Campanitas" ha recorrido los caminos de la Patria, consagrándose en festivales como el mayor de todos, el Mono Núñez, pero también comienza a escucharse allende las fronteras. Acaban de presentarse en Nicaragua y Costa Rica, cosechando aplausos y cautivando corazones, arte en el cual son tan especialistas como en la música y el canto. Es indescriptible la emoción al ver un auditorio compuesto por compatriotas y ciudadanos extranjeros sorprendido y extasiado, escuchando un coro celestial acunado por un tiple colombiano, escuchando las melodías memorables o canciones nuevas, tan intensas como "Amo esta tierra". La piel se pone de gallina, los vellos se erizan y una que otra lágrima no tarda en salir. Los colombianos palpitamos con la nostalgia dibujada en un pentagrama. La gente de otros países se maravilla, porque pensaban que la música colombiana comenzaba con la cumbia y terminaba en el vallenato. Sin darse cuenta, los espectadores salen tarareando dulces ritmos y repitiendo palabras que unos minutos antes eran tan desconocidas y que los colombianos hemos ido olvidando, como bambuco. Resulta reconfortante saber que no sólo Shakira, Juanes o Carlos Vives, a punta de canciones enarbolan la bandera colombiana. Ocho campanitas, cultivadas en Santander, comprueban que a diferencia de lo que suele creerse, los ritmos del interior colombiano, de la "tierrita", también pueden triunfar en el exterior. Gracias a "Campanitas", a la familia Hernández Alvarez, por seguir reviviendo el sonido de la música, que sus tañidos se sigan escuchando por muchos años más. * Diplomático colombiano.

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