Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/12/2006 12:00:00 AM

El triste final de los que viven del miedo de los colombianos

Darío Espinosa se tomó tres horas para escribir una columna sobre los "terrores" de algunos colombianos.

Hace pocos días, cuando leía sobre la masacre de Tacueyó, donde los dos comandantes guerrilleros del grupo Ricardo Franco ordenaron la muerte de 164 de sus militantes por la paranoia que les generaba el tanto fumar marihuana (la cual les hacía ver a sus compañeros de andanzas como infiltrados o espías del gobierno), me interesé por el final que tuvieron estos jefes venidos a menos cuando se fueron quedando solos y comenzaron a ser perseguidos por otros guerrilleros que querían acabar con tan deshonroso ejemplo dado por dos exfarianos que ya tenían en sus espaldas la triste historia de haber cometido la mayor masacre de que se tenga noticia en Colombia.

Me interesé porque este mismo final han tenido muchos personajes en nuestro país, que mientras pertenecen o están apoyados por grupos delincuenciales o sicariales que son conocidos en la población por su falta de respeto por la vida de los demás, hacen y deshacen soportados en el miedo que generan sus compinches o protectores, pero inmediatamente pierden ese apoyo comienzan a ser mansas palomas indefensas, presa fácil de los que buscan venganza o de los que ya perdieron el miedo.

El primero de estos comandantes bárbaros del Ricardo Franco fue Fedor Rey, más conocido con los alias de "Javier Delgado" o "El Monstruo de los Andes". Fue muerto en la cárcel de Palmira el 2002 por las Farc, sólo 17 años después de su condena a muerte dada por la Coordinadora Nacional Guerrillera en 1985. Esta guerrilla sólo pudo cumplir con la orden cuando el Cartel de Cali, que fue su protector desde que se voló del monte, e incluso cuando estaba preso desde 1995, perdió gran parte de su poder intimidador en la región y entre los mismos presos de la cárcel de Palmira. El segundo comandante fue Hernando Pizarro Leongómez, hermano de Carlos Pizarro, líder del M-19, quien murió baleado en Bogotá en 1994 gritando que no lo mataran porque era hermano de Carlos, desafortunadamente para él ya la sombra y protección de su hermano no la tenía y quienes lo asesinaron no tenían temor a retaliaciones.

Algo muy parecido le esta pasando al reo y expresidenciable Alberto Santofimio Botero, quien a pesar de estar dos veces en la cárcel fue figura de primer orden en la política nacional hasta que sus amigotes de los carteles de la droga en Colombia cayeron en desgracia. Ahora que ya no cuenta con socios poderosos y peligrosos, como por arte de magia, muchas "personalidades" de la vida nacional recuperaron su memoria. Entre ellas expresidentes, exparlamentarios, exsicarios y enemigos ganados en el tiempo de su labor política,  fueron llamados por la Fiscalía para declarar y, contrario a lo que algunos de ellos afirmaron en otros tiempos, recordaron episodios violentos ocurridos años atrás y en ellos vinculan al ahora preso como instigador o copartícipe.

Todo lo anterior me lleva a recordar la historia del primer narcotraficante del que tuve noticia cuando estudiaba bachillerato en Cartago - Valle, por allá entre 1970 y 1975. Su nombre era Gerardo Martínez, más conocido por la población como "Don Gerardo" o "Drácula", y quien fue el patrón de algunos de los más conocidos jefes actuales del Cartel del Norte del Valle. "Drácula", expulsado a los 11 años del Águila (Valle), su pueblo natal, por robar gallinas, se especializó en enviar buques llenos de marihuana a Estados Unidos y, con la plata de este negocio, compró las fincas más grandes y bonitas que pudo en su área de influencia.

Con su cuadrilla de delincuentes mató (o mandó matar) a más de un parroquiano de los municipios del Águila, Ansermanuevo y Cartago, unas veces por robarlos, otras por que no se dejaron robar, o quitar su novia, o su mujer, y muchas veces por sevicia y placer después de estar borracho o drogado.

Su desgracia comenzó cuando no pudo coronar uno de sus envíos, fue detenido por el Ejército en una playa cerca de Turbo cuando llenaba un buque con marihuana. Pudo recuperar su libertad un mes después en Medellín, cuando uno de sus socios repartió 90 millones de pesos de la época entre más de un oficial del Ejército, para vengarse de ellos mismos y recuperar la doble pérdida, el cargamento y la "fianza".

Comenzó a boletear a comerciantes y finqueros reconocidos en la región pidiéndoles entre 500 mil y tres millones de pesos, y ordenó a sus hombres hostigar con fuego de ametralladoras en las noches el Batallón Vencedores de Cartago. Como la gente se dio cuenta de que la pelea también era contra el Ejército, algunos de los 'boleteados' que aún no habían pagado la extorsión se reunieron con el Comandante del Batallón y le ofrecieron apoyarlo económicamente, con tal de que les ayudara a enfrentar a Drácula.

Este capo en ciernes, que no pasó por una escuela y apenas sabía garabatear las cartas extorsivas, calculó mal su pelea y logró reunir en su contra a la fuerza pública, a los extorsionados y a sus mismos socios y compañeros de fechorías que vieron que se estaba pasando de raya. Fue baleado en Santa Marta en 1978, donde se escondió luego de que las autoridades allanaran sus propiedades en el Norte del Valle y los primeros narcomarimberos del Valle y Antioquia lo declararan persona no grata por la mala imagen generada y por dañar las pocas relaciones que ya tenían con la fuerza pública.

La desgracia de Drácula también fue la desgracia de su familia y protegidos porque cuando la gente se dio cuenta de la muerte de este señor, perdieron el respeto por sus más allegados, tal como le pasó a su hermano Gilberto Martínez, quien acostumbraba tomar trago en Cartago, y el Águila nunca pagaba porque cuando le cobraban decía que era el hermano de Drácula. Un año después de muerto, su hermano quiso hacer lo mismo en una cantina. Pero como respuesta recibió varios disparos que, finalmente, acabaron con su vida.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.