Martes, 17 de enero de 2017

| 2004/10/10 00:00

En memoria de Jacques Derrida

Martes 12. Fernando Estrada le rinde un homenaje al recién fallecido pensador francés.

En memoria de Jacques Derrida

El filósofo norteamericano que mayor admiración le ha profesado a Jacques Derrida es Richard Rorty. Quizás no hallemos, entre tantos elogios que se rendirán a la memoria del pensador francés tras su fallecimiento, uno parecido:

Considero a Jacques Derrida como el representante más fascinante, más rico en ideas de la filosofía contemporánea y a Jürgen Habermas como el filósofo de mayor utilidad social, es decir el que más contribuye a una democracia social

Cierto lo afirmado por Rorty. El penetrante y provocador estilo de Jacques Derrida logro impactar de tal manera el ambiente escolar de la filosofía contemporánea que muy pocos pueden desconocer en el lenguaje actual de la misma, términos como "gramatología", "metáfora" "logocentrismo" o "deconstrucción", para referirse a debates que han dinamizado la vida universitaria después de los 80. Autor de célebres ensayos como: Fuerza y significación (1963) La escritura y la diferencia, Mémoires pour Paul de Man (1988) "La mitología blanca" (1971) "Torres de babel" (1980) "La retirada de la metáfora" (1987).

Jacques Derrida ha sido más influyente que Michael Foucault en los Estados Unidos y América Latina. Ante todo por la fuerza subversiva contra las creencias tradicionales. El ánimo de refutar, cuestionar, criticar y contrariar dogmas anclados como el respeto a los mayores, la autoridad, la ley. Todo formalismo que atente contra el espíritu rebelde, fue presa de la crítica de Derrida. La noción y la expresión de la "deconstrucción" condujo a una expresividad del pensamiento filosófico por fuera del encierro monacal de los académicos profesionales. Y el pensamiento de Derrida logró debates en el corazón de la universidad colombiana: contra el racismo, contra la discriminación de los trabajadores, contra el machismo y en favor de los homosexuales.

Pero el espíritu deconstructivo de Jacques Derrida llevó la crítica a niveles en extremo exasperantes. Y su principal logro se volvió contra él. Al sugerir una sospecha absoluta contra toda forma de argumentación, teoría o concepto, el principio deconstructivista se vuelve circular. El sentido común hace necesaria la argumentación. Los discípulos del proyecto deconstruccionista practican un derribamiento continuo de todo lo que comprenda: "pensamiento" "razón" "verdad" "intersubjetividad" "marco conceptual".

Derrida no es responsable de este harakiri ideológico. De hecho en sus excelentes ensayos durante los últimos años de vida, se ocupa del severo deterioro humano provocado por la violencia en las guerras civiles. Y en favor de una labor altamente positiva del quehacer filosófico: Dar (el) Tiempo. El lenguaje y las instituciones filosóficas. Y contra quienes le acusaron de nihilista, replicaba: "Es fácil ver por donde acechan el oscurantismo y el nihilismo cuando de vez en cuando los grandes profesores o representantes de instituciones prestigiosas pierden todo sentido de la proporción y el control; en tales ocasiones, olvidan los principios que decían defender en su obra y comienzan a proferir insultos, a decir todo lo que se les ocurre sobre el tema de textos que, evidentemente jamás han abierto o con los que se han tropezado a través de un periodismo mediocre".

Pese a ello, en líneas generales la influencia de Derrida en una mayoría de sus seguidores no ha dejado productividad ni en el campo de las ideas. Menos en el terreno de la vida política. Los discípulos de Derrida, aparte de repetir giros intermitentes deconstructivistas, no proponen nada. Y proyectan un desamparo teórico espantoso cuyos efectos vitales traen con frecuencia los mismos giros hacia la nada del vocablo heideggeriano.

El problema radica en la absoluta sospecha de que todos o casi todos los valores y principios de la racionalidad normativa: "justificación" "razón" "representación" "justicia" "verdad", provienen de una estructura deliberadamente represiva. En la mentalidad de un deconstructivista existe un trotskista radical.

Sin embargo, un estado de continuas revoluciones en el pensamiento como en la sociedad, no trae más que borracheras. La vida ordinaria entre los seres humanos corre con los mínimos presupuestos de experiencias y relaciones razonables.

En honor a la memoria de Jacques Derrida conviene subrayar que su pensamiento audaz y sus ideas políticas admirables llevaron a muchos de sus intérpretes a desbordamientos cantinflescos. A un genio provocador como Derrida sólo puede recordársele en propiedad empleando su propio instrumento: la crítica. O como él mismo escribió: "nunca tendremos que el instrumento significante deje vírgenes e intactas".

*Analista

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