Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

En nombre de los otros

La visa que España pide a Colombia para ingresar a su país vuelve a ser objeto de protesta. Esta vez, el turno es para una controversial y ácida columna escrita por el novelista Efraim Medina.

En nombre de los otros

Hace unos años un grupo de intelectuales colombianos, encabezados por García Márquez, firmó una carta donde prometían no regresar a España mientras se nos exigiera visa; la mayoría de ellos olvidó su promesa al primer guiño de la "madre patria" y aquella iniciativa no pasó de ser un pataleo mediático.

Hoy el pataleo está de vuelta porque se han presentado líos con las visas de algunos de los invitados al Moctezuma-Zaragoza Latina cuya versión 2005 está precisamente dedicada a Colombia.

Cuando les pregunté, en mi calidad de invitado, a los organizadores del evento sobre el asunto, me dijeron que ya lo estaban solucionando y sólo les tocaría cambiar las fechas de algunas presentaciones. No dudo que sea así y tampoco me importan mucho los intelectuales colombianos y sus pantominas con ir o no ir a España. Lo que me produce escalofríos es imaginar a los Otros, los miles y miles de colombianos anónimos y sin derecho al pataleo que deben exponerse a todo tipo de humillaciones y abusos por esa maldita visa. Esos colombianos que los españoles necesitan cada año para recoger sus cosechas, construir y reparar sus avenidas y limpiar y recoger su mierda a bajo precio.

Sería una obviedad discutir, en estas apretadas líneas, las razones de mínimo pudor por las cuales resulta inadmisible que España nos pida visa. Sería una obviedad recordar los sangrientos episodios históricos y los elementos culturales que nos ligan, queramos o no, para siempre. Sería una obviedad describir los enormes intereses económicos que siguen haciendo interesante a Colombia para tantos españoles. Incluso, en los discursos oficiales siempre se nos menciona como parientes cercanos, pero ¡ay de que esos parientes intenten ir de visita! La relación idílica consiste para ellos en que recojamos su mierda y regresemos por donde vinimos.

Me cabrea todo esto, sentirme aquí pataleando, sin ganas ya de escribir, hablar o ir Zaragoza. Pero, ¿significa algo no ir? No, no significa un pito. Qué carajo va a significar. Lo que me pregunto es que harían sin los Otros, ¿recogerían los españoles su propia mierda o se dejarían ahogar en ella? Si de verdad le prohibieran la entrada a los miles de sudacas y africanos ¿qué iban a hacer?

Entonces, gilipollas hipócritas, por qué no implimentan unos métodos más dignos de dar o negar la visa. Las supuestas medidas que deben garantizarles seguridad sólo aumentan el comercio ilegal de carne humana, los pagos forzados por visas fantasmas, la corrupción y la muerte.

Imaginen un instante lo que significa querer escapar al hambre y a la miseria, y terminar muriendo como una rata en un barco que se hunde frente a la costa soñada. Imaginen un instante lo que significa tener quince años, escapar de una masacre y ser traída a España con la promesa de un buen trabajo para luego ser obligada a prostituirte. Entiendo que es ridículo ser el invitado de honor a una fiesta y que al tocar en la puerta te den una patada en el trasero, pero quería recordar a los Otros, los que jamás serán invitados a ninguna fiesta.

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