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| 2/12/2006 12:00:00 AM

¡Evo Presidente!

El Presidente electo de Bolivia, el líder cocalero Evo Morales, inspiró a Rodrigo López para escribir una columna en SEMANA.COM

Así lo llaman los bolivianos: Evo. Aunque se llama Juan Evo Morales Ayma, su pueblo lo llama Evo a secas.  Y a Evo, el pasado domingo, los bolivianos lo pusieron al frente del gobierno de su país, uno de los más altamente complejos en América Latina, no sólo por la pobreza extrema de la gran mayoría de sus habitantes y la elevada concentración de la riqueza, sino también por un inocultable morbo de discriminación política, que ha tenido a la gran mayoría de los pobladores, conformada por una amplia congregación de aymaras, quechuas y guaraníes, al margen de toda participación en la conducción de los destinos supremos de la nación.

La primera tarea que Evo Morales tendrá que enfrentar como mandatario será la de aclarar el sinnúmero de infundios que han venido tejiéndose desde el momento mismo en que las encuestas que se consumen en los reductos oligárquicos, no las que se dan a conocer por los medios, comenzaron a insinuar lo que ya hoy es una confirmación: ¡Evo, Presidente!

Y es que precisamente lo que comenzaremos a observar es la mejor orquestada campaña de desinformación, a través de la cual se nos hará ver la terrible equivocación del pueblo boliviano al elegir a Evo. Se nos presentará como monstruosa, por ejemplo, su intención de nacionalizar la riqueza gasífera. Lo que callarán será que los bolivianos sólo reciben de las transnacionales 50 millones de dólares al año por la explotación de una riqueza que estando en sus manos podría producirles hasta 1300 millones.

Se hablará de su peligrosa alianza con Chávez. Lula. Kirchner. pero no se dirá que su propósito es el de aprovechar las sinergias que logren crearse a través de gobiernos que, al igual que el suyo, ven en las políticas neoliberales un obstáculo al desarrollo de sus pueblos, y en la sumisión al Imperio una causa del desarrollo desigual de las naciones.

Se comenzará a hablar de fementidos obstáculos a la inversión extranjera, pero nada se dirá de todas las animadversiones que recibirá de parte del FMI y del Banco Mundial y de las agresiones de que será víctima de parte de las transnacionales para evitar que lleve a cabo las necesarias transformaciones de fondo que requieren los bolivianos, especialmente los que están en la pobreza absoluta, que son la inmensa mayoría.

Se dirá de las depuraciones que se harán a muchos organismos del Estado, pero no de la pérdida de credibilidad de esos organismos, como la demostrada por la Corte Nacional Electoral y sus organismos de apoyo en los pasados comicios, especialmente en las zonas que son bastiones electorales de Evo Morales, y donde buena parte de la población se vio impedida para depositar su voto.

Se buscarán las peores connotaciones del término cocalero para asignárselas al líder, pero se hará mutis ante las inmensas manifestaciones de corrupción de sus antecesores, comenzando por Jaime Paz Zamora, jefe del oficialista MIR, que perdió su visado por narcotráfico.

En fin, se pretenderá incluir a Bolivia en el Eje del Mal y separarla de los pueblos hermanos, pero lo único que podrán lograr será hacer más evidente que la democracia burguesa no es más que una farsa, y que lo único que puede redimirnos es la instauración de una democracia auténticamente popular. Hacia ésta se encamina Evo. Eso espero.

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