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| 9/4/2005 12:00:00 AM

Fanatismo made in USA

Al hablar de fanatismo religioso, la primera referencia es el Islam. Pero Enoïn Humanez Blanquicett, lector de SEMANA.COM, demuestra que el tema no es ajeno a los estadounidenses. Da ejemplos.

Una ola de religiosidad malsana y fanática recorre el mundo desde hace mas de una década. Cuando se habla de fanatismo religioso, aquellos que vivimos en el mundo cristiano y occidental, o que somos cristianos y subsidiarios de éste, asimilamos ese concepto con los grupos islámicos que hoy atemorizan al mundo con sus suicidas frenéticos, capaces de inmolarse en cualquier parte en nombre de su fe religiosa.

A nadie se le ocurre pensar que este fenómeno hace parte del modo de vida de los Estados Unidos de hoy, un país donde mas del 70 por ciento de la gente se declara bastante religiosa.

Si bien es cierto que Al Qaeda y sus aliados han puesto en escena un fanatismo religioso espectacular y demente, también lo es que ellos no están solos en este panorama. Aunque Osama Ben Laden con su grupo represente a los fanáticos contemporáneos más connotados, es necesario recalcar que detrás de las lauras -como dice mi madre- hay más pájaros que vuelan. Y entre esos pájaros fanáticos ha estado desde hace más de dos décadas el famoso tele-pastor Pat Robertson.

El fanatismo religioso es un elemento representativo, de vieja data, de la cultura norteamericana y sobre todo de la cultura del sur de los Estados Unidos, donde ha estado siempre ligado a las ideas conservadoras y de segregación racial. Elocuente son las primeras 150 páginas de las memorias de Bill Clinton sobre este fenómeno. Y a la sazón es esa mezcla peligrosa de política y fe la que hoy gobierna a los Estados Unidos.

Tal es el poder político del fanatismo cristiano, que hoy no se sabe por donde pasan las fronteras que separan la política de la religión en Washington, en temas como el aborto, el matrimonio gay, la investigación con células madres y la eutanasia.

No se equivoca Noam Shomsky al decir que Estados Unidos es una "sociedad tremendamente fundamentalista".

Varios analistas norteamericanos coinciden en la idea de que el actuar de George W. Bush, como hombre público, parece más el de un pastor religioso que el de un político. Incluso se rumora también que éste al finalizar su mandato se dedicará, de lleno, al ministerio evangelista, actividad en la que los entendidos le ven gran futuro. Está tan apegado Bush a la religión que, talvez con el propósito de expiar sus culpas por su pasado de drogadicto y alcohólico, más de una vez ha confesado que la Biblia es su libro favorito en asuntos políticos y personales.

¿En este aspecto qué hace la diferencia entre el Bush que guía su vida con los postulados de la Biblia y Osama Ben Laden y que le impide a él actuar como los talibanes que gobernaban Afganistán basados en el Corán? Tal vez sea el sólido andamiaje institucional que soporta la democracia de los Estados Unidos. Pero ganas no le faltan a los fanáticos cristianos que rodean al presidente, para modificar el sistema jurídico a fin de ponerlo acorde con los principios religiosos que profesan.

Es tan influyente el pensamiento religioso en el actual gobierno de los Estados Unidos, que actividades como la prevención de las drogas y el alcoholismo, la rehabilitación de presos, la prevención del divorcio y de las enfermedades de contagio sexual o de los embarazos de las adolescentes han sido confiadas, en gran proporción, a grupos religiosos, con el argumento de que la labor de las organizaciones laicas en este frente ha sido un fiasco.

En uno de los múltiples reportajes que se pasaron en la televisión norteamericana con ocasión de la anterior campaña electoral en Estados Unidos, era revelador ver cómo una de las ejecutivas de una iglesia, a la que se le había entregado fondos federales para la prevención de las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados entre las adolescentes, centraba, sin rubor, su discurso en la importancia que Dios le confiere al principio de que tanto hombres, como mujeres lleguen vírgenes al matrimonio, al tiempo que satanizaba los métodos de anticoncepción.

Confiar campañas de esa naturaleza a organismos religiosos ha abierto un grueso debate en el seno de la sociedad estadounidense, porque para muchos ésta es una forma sutil de financiar indirectamente la actividad religiosa de los grupos cristianos, que pone en peligro la no intervención del Estado en asuntos religiosos, principio caro a la luz del concepto de igualdad que esta nación defiende.

Es innegable que en el entorno próximo de Bush abundan los religiosos como el anterior secretario de justicia John Ashcroft. Pero la predilección de Bush por los cuadros de origen religioso para ocupar cargos estratégicos, alcanza su grado más significativo en la nominación de jueces a las cortes federales. Los analistas de la política estadounidense dicen que la gran herencia de la era Bush se dará en este frente, ya que el número de jueces de la derecha católica y cristiana que accederán a las cortes federales, en replazo de la pléyade de jueces igual de conservadores nombrados Reagan, será alto.

La influencia del fanatismo religioso sobre las instituciones estadounidenses es indiscutible en estos momentos. Hace ya varios períodos que el control de las dos cámaras del parlamento no estaba, de manera absoluta, en manos de los republicanos y los parlamentarios republicanos de mayor influencia en el Congreso, entre ellos John Cornyn, Rick Santorum, católico del Opus Dei, William Frist coordinador de la mayoría republicana en el senado y Tom Delay, conductor de las mayorías en la cámara baja, son políticos que han hecho del activismo religioso una estrategia electoral.

En diferentes medios sociales se considera que la base ideológica del Partido Republicano, hoy, la constituye un conjunto de ideas de naturaleza puramente religiosas y dentro de él abundan no poco lideres de importancia, que están empeñados en convertir al pueblo a las doctrinas evangélicas y lograr que las leyes del país sean inspiradas en la Biblia, que es para un grueso número de estadounidenses un libro, cuyo mandato está por encima del mandato de la constitución. El auge de esta tendencia tiene alarmado a varios sectores sociales, que ven en el fenómeno una campaña que "intenta destruir la separación entre la religión y el estado y llevar al país hacia la teocracia."

En las elecciones presidenciales pasadas, las iglesias de los estados del centro del país, conocidos como "El cinturón bíblico", tomaron una posición abierta a favor de la candidatura de Bush. Aunque éstas no se involucraron de manera directa en la campaña política del presidente, sí buscaron la manera de influenciar a sus fieles para que votaran por él, invitándolos a apoyar a aquellos candidatos que se oponían al aborto.

Las iglesias cristianas constituyen hoy, en el centro y sur de los Estados Unidos, una basta red de activistas que trabajan, de manera infatigable, a favor de los candidatos republicanos.

El asenso al poder del fanatismo religioso en Estados Unidos no sería preocupante si este país no ocupara el puesto que ocupa en el concierto mundial. En tal sentido, la incitación a asesinar a Hugo Chávez, que hizo la semana pasada el influyente pastor republicano Pat Robertson, en su programa de televisión, no sería relevante si este personaje no fuera un icono representativo del estilo de vida de los Estados Unidos de hoy. Analizando el lenguaje y las acciones de las sectas cristianas y sus dirigentes, uno se puede dar cuenta que la nación más poderosa del planeta se sitúa sobre la deriva peligrosa del fanatismo religioso.

Aunque recurran a la Biblia y hablen en nombre de Dios, los cristianos fanáticos de ese país tienen tras de sí un pasado oscuro que los delata. "Los militantes del Klu Klux Klan también marcharon bajo la cruz" para defender el modo de vida del sur. Y por oponerse a ese modo de vida y luchar a favor de los derechos civiles de los negros fueron asesinados Martin Luther King y los hermanos Kennedy en los 60.

Auque la Casa Blanca haya rechazado el desliz del "hermano Pat", sus declaraciones son un indicador que nos señala la peligrosidad que puede llegar a representar para la humanidad el asenso al poder del fanatismo cristiano en Estados Unidos. Por lo pronto hay que orar para que ningún fiel, motivado por el empeño de derrotar la supuesta amenaza contra el "patrimonio cristiano" estadounidense, tome en serio la sugerencia del pastor Robertson y mate a Hugo Chávez.

* Licenciado en ciencias sociales
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