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| 9/18/2005 12:00:00 AM

Katrina desnuda a Bush

Lunes 19. Clara Nieto enumera los problemas de la administración Bush que quedaron al descubierto tras la tragedia en Nueva Orleáns.

El huracán Katrina arrasó con Nueva Orleáns; devastaó al sur de Estados Unidos; dejó en la absoluta miseria a millones de personas -la inmensa mayoría negros y pobres- y al país conmovido y horrorizado ante el peor desastre natural de su historia.

Katrina fue una tragedia anunciada, cuya dimensión pudo evitarse si el gobierno -en vez de reducir fondos a proyectos contra huracanes- hubiera atendido los pedidos de fondos de Nueva Orleáns -hechos años atrás- para fortalecer sus defensas contra inundaciones. Y muchas vidas se hubieran salvado si Bush-Cheney hubieran atendido la catástrofe inmediata y adecuadamente.

La prioridad de este gobierno ha sido la "guerra global antiterrorista". Para llevarla a cabo, por ejemplo, fue desmantelada Fema, la institución federal encargada de los desastres naturales. En su dirección fueron nombrados "clientes políticos", con una experiencia en materia de desastres naturales casi nula.

Además, el gobierno trasladó a Irak una tercera parte de la Guardia Nacional y de los equipos militares de Luisiana y Mississippi -los estados devastados por el huracán-. Esa ausencia de autoridad militar contribuyó al caos y la anarquía que se siguen viviendo en Nueva Orleáns.

Antes del Katrina, Bush ya estaba en problemas. Había malestar y alarma por la guerra en Irak, por el alto precio de la gasolina, por la orientación de su economía a favor de los más ricos y el descenso de su índice de aprobación en las encuestas. La protesta pacífica de Cindy Sheehan, madre de un soldado muerto en Irak frente a su rancho en Texas, despertó el espíritu contra la guerra.

Además, Irak -sumido en la violencia- sigue ad portas de un conflicto mayor. El texto de la nueva Constitución para el país árabe (Bush quiere que se apruebe en noviembre para que los republicanos puedan capitalizar dicho "avance democrático" en las elecciones parlamentarias del 2006) es motivo de discordia entre Shiítas y Kurdos, que la apoyan, y los sunitas, totalmente opuestos. Tal enfrentamiento -virulento según analistas- puede llevar al país a una guerra civil.

Por todas esas razones, la aparición de Katrina a finales de agosto perturbó los planes de la Casa Blanca para conmemorar el cuarto aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre y refrescar ante la opinión pública la imagen del "Presidente de guerra". Katrina y el fracaso de Bush cambiaron el clima emocional del país. Una muestra de ello fueron los manifestantes que agitaban al frente de la Casa Blanca pancartas con el mensaje: "Vergüenza, vergüenza!"

Katrina desnudó a Bush. Hizo que salieran a la luz su incompetencia, su falta de liderazgo, su desastrosa, negligente y tardía respuesta y su insensibilidad o ¿falta de sentido común?

¿Cómo explicar su viaje a California para participar en un acto de beneficencia en medio de esta tragedia y aparecer sólo a los cuatro días en el escenario del desastre? Newsweek, en su edición del 12 de septiembre, dijo que esa tardía respuesta pudo obedecer a dos razones: a que "quizás" estaba "distraído" con la guerra en Irak o a sus "a veces" lentas reacciones.

El 17 del mismo mes, bajo el título "Cómo la embarró (blew it) Bush", la revista mostró la burbuja irreal que lo envuelve, cuidada con celo por leales y temerosos funcionarios de su más cercano entorno. Ellos se preguntan: ¿Cuál de todos le va a dar la "mala noticia" de que debe cortar unos días sus cinco semanas de vacaciones? ¿Quién asumirá la "delicada tarea" de contarle lo que en realidad está pasando? No se sabe -dice la revista- que es lo que Bush lee o mira. Pero se ufana de no leer diarios ni "ocuparse del parloteo y el maullido de las elites de los medios de comunicación" y "parece" que nadie le cuenta la "plena verdad".

Bush y sus estrategas quieren impedir que continúen las críticas con el estribillo: "No debemos responder al desastre con un 'juego de culpas'. Es la carta moral que siempre juegan para intimidar y tapar la boca a sus críticos frente a grandes desastres. Paul Krugman, en el New York Times, escribió que estaría bien que cortaran las críticas si se tratara del primer gran desastre bajo su mandato, pero Katrina es el segundo de su política después de Irak, por lo que el columnista agregó que el paralelo de la cadena de errores cometidos por la administración en ambos casos impresionante.

Hasta ahora las mayorías republicanas en el Congreso han impedido juicios de responsabilidad contra Bush en asuntos tan graves como ignorar el informe de inteligencia (6.8.01) sobre las intenciones de bin Laden de atacar dentro de Estados Unidos con aviones comerciales; lanzar al país a una guerra ilegal basado en mentiras; llevar al país al peor endeudamiento externo de su historia -con cifras astronómicas- y a déficit fiscal y comercial a niveles nunca antes vistos.

Pero, hasta ahora, los escándalos del gobierno se diluyen en "investigaciones" falsas, siempre lideradas por republicanos. Nunca sindican a Bush. La comisión bipartidista sobre los ataques del 11 de septiembre sólo acusa a instituciones. Sin embargo, no culpan de nada al Pentágono de las torturas en la prisión de Abu Ghraib, a pesar de haberlas autorizado. Tampoco a Rumsfeld, quien las ordena. No sindican a los generales que las autorizan. Ni al autor de esa política sobre torturas, Alberto Gonzáles, a quién además, premian nombrándolo Fiscal General. Sólo los militares de baja graduación son juzgados y van a la cárcel, pues su mano de obra queda registrada en fotos -casi pornográficas- que escandalizan al mundo. En tal sentido editorializa el New York Times bajo el título: "No es un juego de culpas"(6.9.05).

Los estrategas de Bush están frenéticos en busca de salidas que planean con extremo cuidado y divulgan ampliamente: "Bush acepta la culpa". Todos los medios de comunicación le dedican primeros planos y alaban su "coraje"; su discurso a la nación desde Luisiana zona de desastre; el servicio religioso y discurso en la Catedral Nacional en Washington D.C.; el presidente de Irak lo visita en la Casa Blanca; en las Naciones Unidas (los medios califican el discurso de "conciliatorio").

Pero nadie cae en cuenta de que lo que ha pasado y la repetición de los errores de los que habla Krugman serían materia de un juicio de destitución (impeachment). Pero todos los estamentos de poder están en control de la ultraderecha republicana.

La pregunta sería ¿hasta cuándo el país va a aceptar que siga el dominio republicano?, ¿hasta cuándo va a tolerar su abuso de poder?, ¿Bush va a salir esta vez -otra vez- impune de este desastre nacional que ha ocasionado pérdidas de vida y ruina a millones de gente la mayoría negros y pobres?, ¿si el gobierno no pudo responder en forma adecuada al desastre natural, podrá hacerlo frente a un ataque terrorista?, ¿hasta cuando seguirán las tropas en Irak, pozo sin fondo sumido en la violencia donde se pierden miles de jóvenes soldados, muertos y mutilados y se gastan miles de millones de dólares?

Todas esas preguntas se dan mientras el país presencia el acto teatral que han preparado con extrema diligencia y cuidado Karl Rove -cerebro de Bush- y demás estrategas para tratar de borrar esa imagen de niño malcriado, tonto e irresponsable que nos mostró Katrina en medio de ese gran desastre.
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